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Editorial  |  10 febrero de 2019  |  09:25 AM

Agua, sinónimo de vida

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El Paisaje Cultura Cafetero, declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad en el año 2011 y del cual hacen parte 47 municipios y 411 veredas de los departamentos de Caldas, Risaralda, Quindío y Norte del Valle del Cauca, contempla no solo el cultivo del café como muchos creen.

La Unesco declaró el Paisaje Cultural Cafetero como patrimonio tras evaluar diferentes factores, y porque se demostró que es un ejemplo de un paisaje cultural, sostenible y productivo con unas características geográficas y naturales únicas, y porque ha desarrollado una cultura y un capital social excepcionales.

Y dentro de las características naturales se encuentra el mayor patrimonio no solo de PCC, sino de la humanidad en general, el agua. Aunque no hay una referencia específica es el agua la que le da vida al Paisaje Cultural Cafetero, tanto así que sin ella este no existiría, al igual que sus componentes humanos, sociales y culturales.

Es paradójico que dentro de los planes de conservación del Paisaje Cultural Cafetero como Patrimonio de la Humanidad no se prioriza en el líquido vital, el agua. En un estudio realizado por el Observatorio Nacional de Salud (ONS) del Instituto Nacional de Salud (INS) se alerta sobre la contaminación del agua en los principales departamentos del Eje Cafetero y en donde Caldas aparece en tercer lugar, luego de Nariño y Vichada, con un porcentaje del 86,6% en enfermedad diarreica aguda, por malas condiciones del agua.

Aterra este resultado ya que se había dicho y se dice que el agua de Caldas, sobre todo de Manizales, se puede beber incluso de los mismos grifos. Contrario a lo que se maneja en el Quindío y su ciudad capital Armenia en donde existe una fuerte polémica alrededor del preciado y vital líquido.

Tanto la gobernación del Quindío, la secretaría de Salud Departamental, la alcaldía de Armenia, la secretaría de Salud del municipio, la Corporación Autónoma Regional del Quindío y Empresas Públicas de Armenia, han hecho una férrea defensa del agua que se consume en el Quindío y en Armenia llegando a afirmar la pureza de la misma, mientras entidades y organizaciones ambientalistas a través de la redes sociales y otros medios de comunicación denuncian a diario la contaminación de los ríos, quebradas y del agua potable que consumimos los habitantes de esta parte del país, y el poco o nulo cuidado que se tiene para conservar el principal elemento del Paisaje Cultural Cafetero.

Se ha llegado a tal punto que la ciudadanía ya no sabe a quién creerle, si a los que defienden la calidad del recurso o a quienes a diario denuncian las consecuencias que el líquido está generando en la población, incluso “enfermedades y muerte”.

El periodista, columnista y abogado Wilfer García hizo una invitación, creo que la más objetiva que hemos leído en los últimos días a raíz la polémica desatada por el agua en el Quindío: “La invitación como jurista entre los quindianos empoderados con conciencia crítica (ambientalistas y/o humanistas), es hacer control, mediante el uso de los principios herramientas jurídicas…”.

Es decir, hay que ir más lejos. Invitar a aquellos especialistas en la materia, a aquellos que a diario denuncian a través de las redes y medios de comunicación, a que expongan y demanden ante las instancias penales a los responsables del “envenenamiento del recurso hídrico” del Paisaje Cultural Cafetero: gobernador, alcaldes, gerente de Empresas Públicas de Armenia y director de la CRQ la entidad ambientalista del departamento, responsables de permitir prácticas que están acabando con el recurso, a que respondan jurídicamente, no hay necesidad de pronunciamientos de tribunales ni jueces, en ello nos vamos a quedar solo con la palabra escrita, la letra muerta, el discurso político del que ya muchos hablan. Son ellos, los gobernantes, por lógica, por Constitución, los responsables de la salud y de la vida de los ciudadanos que hacemos parte de la región del PCC. La salud y la vida son derechos Fundamentales y si tenemos pruebas que no los están violando debe haber condenas para los responsables.

No podemos seguir escuchando noticias institucionales que un día nos aseguran que el agua fue salpicada de hidrocarburos y decir después que “aún no se sabe la sustancia que la contaminó” luego de soportar una emergencia que duró más de tres días.

La verdad ante todo, y ella tiene que ver que estamos ad portas, de acuerdo con la última experiencia a la que nos sometió EPA, a una catástrofe no solo en Armenia sino y según las denuncias de los ambientalistas, de graves proporciones que traería la “muerte” del Paisaje Cultural Cafetero, de su mayor patrimonio, el agua y con la falta de ella la de sus habitantes.

Hay que actuar, pero por donde se debe, por donde es, con las pruebas que son en últimas las evidencias para las condenas. En ese sentido, estamos en manos de los expertos, de los que científicamente saben de la dimensión del problema. Los ciudadanos del común no podemos seguir con la incertidumbre de que es el agua la que nos está enfermando, la que nos está matando, y si es así, repetimos, que paguen los responsables y que se busquen las soluciones inmediatas que lo que está en juego es la vida.

 

 

 

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