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Editorial  |  24 mayo de 2019  |  12:00 AM

Juego limpio, señores

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Es deber del ciudadano identificarlos bien, no dejarse enredar de las esferas de la corrupción.

Para Armenia y el Quindío este año electoral es todo un reto ciudadano. Seguramente y a raíz de los hechos de corrupción que se dieron con los alcaldes Luz Piedad Valencia Franco y Carlos Mario Álvarez Morales, que hoy permanecen privados de la libertad, de la investigación a la ex -gobernadora Sandra Paola Hurtado Palacio, de demandas a diputados y concejales, es muy seguro que el número de abstencionistas crezca por encima del 50% en esta parte del país.

Son ya varios los candidatos que aspiran a la gobernación, alcaldías, concejos y Asamblea en el departamento del Quindío, muchos de ellos buscan el aval a través de las firmas ciudadanas para poder participar de la contienda electoral, otras lo logran a través de los partidos políticos.

Uno de esos candidatos, a la gobernación del Quindío, es el exsenador de la República Javier Ramírez Mejía con una hoja de vida llena de aciertos, los mismos que lo llevaron a defender el erario, a abogar por la legalización de primas de funcionarios oficiales territoriales, y el principal gestor para la recaudación de los dineros para la reconstrucción del Eje Cafetero, destruido por el terremoto de ese fatídico lunes 25 de enero de 1999.

Infortunadamente, los enemigos de Ramírez han tergiversados estos hechos, como única herramienta para detener el progreso del Quindío y de Armenia en cabeza de un hombre de ideas y gran capacidad para administrar y con una condición extraña para esos políticos: sin mancha de corrupción.

Economista con especialización de gerencia y mercadeo de la universidad La Gran Colombia, especialista en Derecho Constitucional y Parlamentario, de la universidad Externado de Colombia, Javier Ramírez Mejía en medio del caos y desconfianza política que se presenta en la región, se convierte en una las grandes opciones para manejar los destinos del departamento del Quindío. Ramírez cuenta con el beneplácito de un amplio sector de la población que sabe del valor de este hombre que regresa a la esfera política en el momento en que el Quindío y Armenia requieren de un viraje para enderezar la historia económica y social de uno de los territorios más ricos de Colombia, que se ha quedado rezagado víctima de la corrupción y de la politiquería de los últimos años.

Muchos ya entendieron el manejo político que le dieron a las reformas propuestas del entonces senador Javier Ramírez Mejía. Se las explicamos para que haya un estudio consciente, un análisis de quiénes en realidad pueden llevar a la región a un cambio. Una explicación dentro de un juego limpio, como verdaderamente debe de hacerse la política con propuestas y no buscando falsos señalamientos.

Primero: Ramírez propuso aumentar el impuesto a las transacciones bancarias del 2 al 3 por mil, para conseguir Un billón $600.000 millones para la reconstrucción del Eje Cafetero. Sin esa plata, todavía estaríamos en cambuchos. La propuesta señalaba que el impuesto debería de volver a su recaudo original, al 2x1.000.

Segundo: Advirtió a alcaldes y gobernadores que estaban pagando una prima de forma ilegal, y pidió al gobierno nacional que la legalizara. Los politiqueros de oficio distorsionaron este accionar y dijeron que Ramírez se oponía al pago de las primas territoriales. A lo que se oponía, en realidad, era a la ilegalidad de las mismas, por eso pedía su legalización. Por fin, el presidente Santos atendió esa petición y mediante decreto las legalizó.

Tercero: Creó la Ley 617 del 2000, que le puso ‘tate quieto’ al desaforado gasto en funcionamiento de alcaldes y gobernadores. Un alcalde, o un gobernador, antes de esta ley, podían gastarse en funcionamiento, es decir en burocracia, hasta el 100% de los dineros que recaudaba de ingresos propios, esto es, impuestos regionales. Ahora, solo puede gastarse hasta el 70%, y dedicar el 30% a inversión social: educación, salud, deporte, alimentación escolar, etc.

Cuarto: Logró la condonación de todas las deudas de los cafeteros, que para entonces, comienzos del milenio, sufrían de una crisis como la actual.

A pesar de todo esto, con la distorsión y la mala fe de los politiqueros de oficio, Ramírez no pudo volver al Senado, en cambio sí llegaron al Congreso, a la alcaldía de Armenia y a la gobernación del Quindío, aquellos que defraudaron el erario y hoy, muchos de ellos, están en la cárcel por corrupción.

Ramírez es un buen candidato. Es un hombre humilde, honesto y, tal vez, el mayor conocedor de lo público en el Quindío. Por eso, abogamos por el ‘Juego Limpio’ en estas elecciones, que lo derroten, a él o a cualquiera, pero sin mentiras, sin compras de conciencia con dineros y contratos, sin la mala fe que casi siempre ha imperado en la política.

Otros candidatos a alcaldía y gobernación tienen también hojas de vida limpias, son baluartes de la honestidad y la probidad. Es deber del ciudadano identificarlos bien, no dejarse enredar de las esferas de la corrupción, de las mentiras de la dádiva y el contratismo, y buscar la transparencia como elemento sustancial para recuperar la confianza y la moral de lo público en el Quindío.

 

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