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Editorial  |  02 julio de 2019  |  02:07 AM

El de Colombia, un gobierno “sofista”

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No puede el gobierno de Duque en cabeza del propio presidente y de su vicepresidenta Martha Lucía Ramírez salir a decir a boca llena que "este gobierno es respetuoso de los derechos humanos".

Y no lo pueden salir a decir porque más allá que demagogia barata, cae el gobierno en una total falsedad, en los falsos positivos que están a la vista de toda la nación y que vuelven a ganar el espacio que mantuvieron gobiernos anteriores y que se convirtieron en vergüenza nacional.

Los Sofistas, corriente filosófica que tuvo su tiempo y espacio en la antigua Grecia y que fuera combatida por Sócrates, y cuyos integrantes eran llamados, en su mayoría,'falsos maestros' porque su tarea era la de enseñar a los jóvenes de la época la retórica y la oratoria, es decir el arte de convencer bajo cualquier artimaña, fue la escuela de los políticos que en la llamada primera democracia les enseñó cómo manejar a su clientela.

La gran mayoría de los actuales políticos colombianos, ignorantes de esta escuela pero herederos de los que la hicieron vigente, es decir las tradicionales 100 familias dueñas de este país, practican el sofismo a lo largo y ancho del territorio nacional en procura de su siniestro bienestar y sin importarles en lo más mínimo el de sus coterráneos.

Santrich, Maduro, Venezuela, Hidroituango, la Copa América y hasta los hermanos Noriega son utilizados como sofisma, o mejor, como cortinas de humo para esconder lo que verdaderamente pasa en el país, es decir tienen más incidencia e importancia los agarrones de Petro, Uribe yCepeda que el asesinato de líderes sociales, que la muerte de cientos de pacientes por la mala o nula atención en salud o por la pobreza extrema cuyas cifras de superación solo aparecen en los índices de un gobierno sofista.

Se oyen lamentos y “soluciones” en todas las regiones para contrarrestar el asesinato de líderes sociales, se oyen, se callan, se ignoran porque el país está concentrado en “otras cosas”. En lo que va corrido del año ya sube la cuenta a más de 65 y en lo que va del gobierno Duque superó los 150, y suman desde 2016 a junio de 2019 por lo menos 900 y a esto se le llama garantizar los derechos humanos, el derecho universal a la vida contemplado en la Constitución Política Colombiana dentro de los fundamentales. Las cifras no mienten “entre el 1 de enero del 2016 y el 20 de mayo del 2019 (2 años, 4 meses y 19 días), 837 líderes sociales y defensores de Derechos Humanos y ex combatientes de Farcfueron asesinados en todo Colombia, así lo dio a conocer el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz, Indepaz, en su último informe”.

Y qué decir de la salud. En las grandes ciudades de Colombia entre ellas Armenia, Pereira y Manizales las protestas por la mala atención es pan nuestro de cada día. En Armenia hay una clara violación a este derecho, al de la salud que a la larga se convierte en violación al derecho a la vida. Las interminables colas desde tempranas horas de la mañana son, aparte de falta de respeto con los pacientes, una vergüenza para el sistema y nuestros dirigentes que no encuentran salida a una crisis cuyas raíces crecen sin que nadie se atreva a cortarlas.

En la capital quindiana son muchas las personas que mueren por falta de atención y en cantidad de ocasiones por la poca importancia que la vida de un ser humano tiene para las prestadoras de salud, así lo demuestran la citas que con urgencia requieren los pacientes y son agendadas para dos o tres meses después, es decir para cuando al paciente se le esté echando tierra encima. Si en el 2018 las tutelas en esta materia fueron en promedio de 539 diarias, este año la cifra debe de estar en por lo menos 600.

En todo caso, la vida y la salud que deben ser lo primero dentro de una sociedad, en Colombia no tienen valor, esa es una verdad palpable, una violación a los derechos humanos. Nuestro país retrocede con el agravante de no vislumbraseen nuestros dirigentes un futuro que garantice el bienestar de sus habitantes. Sin duda, estamos bajo el imperio de un gobierno sofista.

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