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Editorial  |  08 mayo de 2020  |  12:00 AM

Sesiones presenciales, un debate ‘virtual’

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En la Plenaria del Senado, no presencial, del miércoles 6 de mayo de 2020, el presidente de la Cámara Alta, Lidio García, esbozó la posibilidad de reiniciar las sesiones presenciales para los próximos días, a pesar de los anuncios de extensión de la medida de aislamiento preventivo obligatorio ordenado por el presidente Iván Duque, hasta el próximo 25 de mayo.

La razón, quizás las intensas voces y presiones de sectores que han manifestado la inconstitucionalidad e ilegalidad de las actuales sesiones, que en un comienzo se denominaron virtuales y que ahora llevan el rótulo de ‘no presenciales’.

Este es el caso del senador Carlos Fernando Motoa, de Cambio Radical, quien ha dicho que convocar a las sesiones digitales, sustentados en el decreto presidencial, artículo 12 del Decreto 491 de 2020, es inconstitucional. El diario El Espectador, en su ‘Análisis: ¿Es inconstitucional un Congreso virtual?’, del 1 de abril de 2020, incluyó la versión del congresista: “De convocarse a una sesión formal, en la que se deliberara y decidiera, se estaría rompiendo el principio de legalidad del Congreso”.

Otra de las voces es la del senador, también de Cambio Radical, Rodrigo Lara, quien en su momento, en Semana TV, el 7 de abril pasado, dijo: “El presidente del Senado, Lidio García, debió habernos citado para iniciar sesiones el pasado 16 de marzo. Nosotros debemos dar ejemplo, y los llamados a asumir ese liderazgo y a tener esos sacrificios somos nosotros como congresistas; eso del Congreso 100% virtual es una farsa”.

No obstante, una de las voces que más ha hecho eco de su inconformidad por la convocatoria a sesiones, a través de plataformas digitales como Zoom, Youtube o Facebook, es la del senador Jorge Enrique Robledo, pues para él el “Congreso virtual no tiene ninguna sustentación jurídica… legal, constitucional”, como lo explicó en su cuenta de Twitter el 30 de marzo de 2020.

Advirtió que las sesiones virtuales son más complicadas de lo que parece, a la vez que indicó: “Lo que pasa es que los congresos también aprobamos leyes, que también pueden ser reformas constitucionales, entonces para esos efectos el Congreso virtual, a mi juicio, se vuelve una reunión de alta peligrosidad… es un reguero de gente, cada uno en su casa, o haciendo la pantomima de que está en el Congreso y no lo está… aprobar leyes es de gran complejidad y riesgo para un país…”.

Las sesiones virtuales fueron consideradas por el Decreto presidencial 491 de 2020, que en su artículo 12 condensa: “Sin perjuicio de las disposiciones contenidas en las normas vigentes, los órganos, corporaciones (…) de todas las ramas del Poder Público podrán realizar sesiones no presenciales cuando por cualquier medio sus miembros puedan deliberar y decidir”, el cual ha sido objeto de varios análisis, que van desde una medida para garantizar el funcionamiento de lo público en esta emergencia, hasta posiciones que advierten intromisión del presidente Duque, el Ejecutivo, en el Legislativo, es decir el Congreso, lo que atenta contra la separación de poderes.

En El Espectador, en el ‘Análisis: ¿Es inconstitucional un Congreso virtual?’, el expresidente de la Corte Constitucional Alfredo Beltrán, al hacer referencia a “la Ley Quinta, señaló que ‘nunca antes un presidente ha modificado leyes orgánicas’, y puso en duda que el primer mandatario pudiera hacerlo, a pesar de la emergencia. Beltrán cree que una decisión de este tipo pondría en juego la autonomía del Congreso: ‘No se puede dejar que quede a expensas de lo que diga u ordene el presidente’...”.

Al revisar la Ley Quinta de 1992, Reglamento del Congreso de la República, no se incluyen las sesiones virtuales, puesto que en esta normatividad no se contempló, como tampoco en ningún escenario previo en el mundo, un suceso tan inédito y de tantas repercusiones en la vida del planeta, como la pandemia del coronavirus.

En la Sección 3, correspondiente a Sesiones, la Ley Quinta, en su Artículo 85, desglosa las ‘Clases de Sesiones’: “Las sesiones de las Cámaras y sus Comisiones son públicas, con las limitaciones establecidas en el presente Reglamento. Reglamentariamente se dividen en ordinarias, extraordinarias, especiales, permanentes y reservadas”.

Pues bien, es oportuno que el debate legal, constitucional y jurídico, ante todo debe asumirse con los antecedentes de una ley que fue elaborada hace 28 años y que no avizoró, primero, el desarrollo de las nuevas tecnologías como las que experimentamos en la actualidad, y segundo, menos consideró la expansión de una crisis sanitaria por el Covid-19.

Nunca antes en los 208 años de historia del Congreso se había enfrentado un hecho como el actual, por lo que el 13 de abril pasado fue la primera vez que el Legislativo sesionó virtualmente. Así, más allá de interpretaciones a ‘raja tabla’ y puristas de la ley, lo que hay que tener presente es que no es un juego el momento de riesgo sanitario al que estamos expuestos, por lo cual prevalece la salud, las herramientas y la practicidad para garantizar un funcionamiento del Legislativo, en su labor de control político y propositivo, máxime en la actual situación de emergencia ecológica, social y sanitaria que enfrenta el mundo.

Para los partidarios de las sesiones virtuales, estas se viabilizan con el decreto que está acorde al artículo 140 de la Constitución: “El Congreso tiene su sede en la capital de la República. Las cámaras podrán por acuerdo entre ellas trasladar su sede a otro lugar y, en caso de perturbación del orden público, podrán reunirse en el sitio que designe el Presidente del Senado”.

Por eso, varios de los corporados han aprobado la nueva metodología virtual, tanto en Senado como en Cámara. Uno de ellos es el senador Armando Benedetti, del Partido de La U, quien en la sesión plenaria no presencial del miércoles anterior, expresó: “En el tema de teletrabajo, pues yo entiendo que los obreros estén allá, que los médicos también estén allá, porque no pueden hacer teleconferencia, nosotros sí”.

Igualmente, las bancadas de Gobierno y otras de oposición en las dos cámaras han recibido las virtuales con beneplácito, como lo manifestó la representante Juanita Goebertus, de la Alianza Verde, quien dijo a El Espectador: “Celebro la decisión del presidente de habilitar las sesiones virtuales del Congreso… La única manera de garantizar la separación de poderes y el sistema de pesos y contrapesos es que el Congreso cumpla con sus funciones”.

Por su parte, el presidente del Senado, Lidio García, fue claro en que se buscan alternativas para regresar a las sesiones presenciales, la próxima semana, pero a su vez advirtió: “Todos tenemos temores, todos tenemos familias y todos somos vulnerables ante una situación que está viviendo Colombia y el mundo, aquí no pregunta si eres senador u otra cosa…”, a lo que agregó que su tarea es cumplir con las normas, los protocolos y proteger la salud y vida, de los demás congresistas, personal administrativo del Senado y todas las personas que de una u otra forma estarán en las sesiones presenciales.

Destacó que en el grupo de senadores hay cerca de 8 en edad de 70 años, mientras que los de 65 años son una tercera parte de los corporados. “Tenemos senadoras embarazadas, tenemos además colegas con problemas de cáncer y tratamientos médicos… y bueno, una cantidad de diabéticos, hipertensos, con una cantidad de problemas que dificultan la presencia de cada uno de ellos en la Plenaria del Senado de la República… No podemos complacer a todos… a los medios, a los columnistas, a los sectores, pero vamos a buscar la manera”, en una afirmación que claramente concede la responsabilidad a cada cual en sus acciones y en la probabilidad de contagios.

García se soportó en conceptos del mismo presidente de la Corte Constitucional, Alberto Rojas, quien avaló que el mecanismo dispuesto en este momento son las sesiones virtuales, las mismas que la alta corporación está utilizando para ejercer la tarea que le ordena la Carta Política.

Anticipó el presidente del Congreso que si las presenciales retornan, hay que ajustar la logística para que los congresistas se desplacen a Bogotá desde sus regiones, a través de medios de transporte como el terrestre, por el cierre de los vuelos aéreos, o quizás coordinar con esos itinerarios que llegan con insumos a las capitales, lo que dificulta la labor. Los desplazamientos serían prolongados.

Asimismo, se deben ajustar los protocolos de bioseguridad y en el recinto no podrían estar más de 40 personas, por lo que los congresistas deberían ingresar por turnos, sin asesores y sin sus Unidades de Trabajo Legislativo, UTL, como tampoco sus esquemas de seguridad y otros, para reducir los riesgos de que el Legislativo se convierta en un foco de contagio del coronavirus.

Por el momento, con las sesiones virtuales, los esquemas de seguridad están cesantes, como también los movimientos de las camionetas asignadas a cada congresista, y se han congelado los tiquetes aéreos a los que tienen derecho los corporados para desplazarse desde sus regiones a Bogotá y retornar.

Entre los puntos que aún no se ha avanzado está la votación de proyectos, reformas constitucionales y lo relacionado con los decretos expedidos por el gobierno nacional, en el marco de la emergencia por el Covid-19, lo que genera incertidumbre de que si ello se efectúa qué repercusiones jurídicas o legales se suscitarían, porque nada está claro.

El desafío de los congresistas, que son 108 senadores y 172 representantes, no solo es ejercer control político, votar para reformar leyes o la misma Carta Política, aprobar o negar proyectos, avalar o ajustar decretos, buscar y estructurar iniciativas para coadyuvar en mitigar los efectos nefastos del Covid-19 en los diferentes sectores de la sociedad, político, social, económico, religioso y sanitario, sino a su vez fortalecer la institucionalidad y dar ejemplo de civismo y solidaridad. No es con acciones populistas o discusiones particulares que se logra ello, sino con consciencia social y humana. Se invoca a que los congresistas asuman su reto histórico y decidan con sensatez, porque estamos en una situación de incertidumbre y peligro, nunca antes enfrentada en la historia.

Se ha avanzado en el ejercicio virtual en muy poco tiempo. Varios países así lo han optado. Todos estamos aprendiendo sobre la marcha, pero alcanzar resultados positivos solo se garantizan con trabajo en equipo. Es interesante que esta metodología se integre a la agenda legislativa y se mejore, mientras se va habilitando la dinámica normal en manera gradual.

Pero sea la alternativa que se asuma, sesiones virtuales, semipresenciales o presenciales, que estas respondan a las medidas de salubridad y las normas, pero ante todo que sean escenarios democráticos que aseguren la discusión, confrontación de ideas y la proposición de ideas con respeto y productividad. Es obligación blindar el Legislativo de escenarios vergonzosos como los ya presenciados en la Cámara de Representantes, cuando el presidente Carlos Cuenca se enfrentó con su colega Juan Carlos Losada. La institucionalidad, ya deteriorada está por los actos de varios de sus integrantes, presentes y del pasado, como para sumarle otros desatinos.

Mientras en todos los sectores se clama por unidad y que solo así, juntos, podemos salir de este grave momento, en el Congreso la división se apodera del protagonismo, un lamentable mensaje, para quienes se consideran padres de la Patria. Para el ciudadano de a pie, las minucias de sesionar de una u otra manera es lo que menos interesa, cuando la inestabilidad y desasiego amenazan su vida, familia y patrimonio. Hay que generar confianza y que se trabaja articuladamente, en equipo y con eficacia, eficiencia y transparencia, pues si el país se derrumba es por la incompetencia de sus poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial, con sus instituciones. Y esto, ya no es un debate ‘virtual’ sino real, señores.

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