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Editorial  |  17 marzo de 2022  |  08:11 AM

El Quindío no aprende la lección

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Nunca antes el Quindío había tenido tantos escándalos de corrupción, previo las elecciones. Y nunca antes el Quindío había enfrentado unas elecciones con una carga tan grande de hechos de corrupción anteriores, que ponían en evidencia la necesidad de votar en contra de esas prácticas que vienen frenando el desarrollo social, la equidad, la justicia social y, por supuesto, la inversión real para nuestro progreso como sociedad.

Sin embargo, las elecciones que acaban de terminar nos demuestran que las mismas castas y grupos políticos, los mismos directorios y partidos que llevan sobre sus hombros las acusaciones de corrupción, fueron los ganadores de las curules a la Cámara de Representantes en el Quindío. Y decimos que son los grupos, castas y partidos, porque no podemos endilgarles a todos los elegidos la acusación de corruptos, aunque no se escapan del uso de las prácticas clientelistas, de las maquinarias y el dinero público para lograr sus propósitos de ser ungidos como representantes del pueblo.

Que hubo una reacción ciudadana contra las prácticas de corrupción, no lo podemos negar. Los resultados para los dos partidos triunfadores, el Liberal y Cambio Radical, no fue la que ellos esperaban. Su trabajo fue hecho para obtener muchos más votos, según los cálculos de los líderes de esas maquinarias. La votación de coaliciones como el Pacto Histórico y el partido Alianza Verde fue muy alta esta vez, y les quitó una importante porción de electores a esos dos partidos.

Lo que les funcionó muy bien al partido Liberal y a Cambio Radical fueron dos cosas fundamentales: la promoción del voto en blanco, por una parte, y la dispersión de listas de los movimientos alternativos.

El voto en blanco es, en nuestro caso, sin duda, el principal acicate, el principal castigo para los candidatos alternativos, que están por fuera de las maquinarias. Y, por supuesto, ese voto en blanco es un premio para la corrupción, el clientelismo y las maquinarias. ¿Por qué? Porque le resta votos a los alternativos y al hacerlo, sube el umbral y con un umbral más alto las posibilidades del alternativo son menores.

El otro fenómeno es la falta de coherencia de los candidatos alternativos. En el discurso público hablan de unidad contra la corrupción, del despojo de las individualidades, de no tener intereses personales y del sacrificio que se debe hacer por lo colectivo. Pero a la hora de unirse para hacer las listas, todo eso se pierde en la retórica y saltan los egos y las individualidades.

Sumados los votos de la Alianza Verde, el Pacto Histórico, el Nuevo Liberalismo y el Centro Esperanza que se presentaron como alternativos en esta campaña, suman casi 50.000 sufragios. Y si a ellos se les sumaran los votos en blanco, alcanzarían casi 72.000 tarjetas electorales que pudieron cambiar la historia de la región. Hubieran, ellos sí, obtenido tres curules con sobrada votación. Pero les pudieron los egos.

Hay que decirlo de frente: en la izquierda, en el centro, en los alternativos hay más interés personal, más luchas por el poder individual, que en los propios partidos tradicionales. Fue fácil cómo se pusieron de acuerdo los liberales, los de Cambio Radical, lo de la U, los del Centro Democrático, los cristianos, en fin, para armar sus listas, lo que no sucedió en los alternativos.

Para construir una nueva región, una nueva ciudad, un nuevo país, hay que deponer los egos, trabajar sobre un proyecto colectivo, viendo la ciudad como un escenario de la solidaridad, y no de los odios.

Esta misma semana, o la próxima, arrancarán las nuevas campañas para las elecciones regionales, de alcaldes, gobernador, concejales, diputados y ediles, y, si no se deponen los egos, si no se trabaja sobre la solidaridad, si continúan aflorando los odios, volveremos a estar en manos de los mismos clanes, los mismos grupos, los mismos partidos, que tienen la hegemonía del poder regional, bien repartida, y podrán hacer el ejercicio de corrupción que ya conocen de sobra. Y, en tanto, la ciudad y el departamento, especialmente en los social, en la pobreza, la inseguridad y la violencia, seguirán igual, o peor.

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