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Editorial  |  20 junio de 2018  |  12:17 AM

La vergüenza nacional

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Ojalá que las escenas en vídeos que vimos ayer después del partido de Colombia-Japón, no se repitan.

Produce vergüenza ver los vídeos que muchos colombianos grabaron en Rusia después del partido de la selección Colombia con Japón, donde se ridiculizan a ciudadanos de este país, de forma soez y burda. Una cosa es el sentido del humor, otra muy distinta el irrespeto y la ofensa, utilizando el desconocimiento absoluto sobre nuestro idioma que tiene el ciudadano japonés. Son tan viles y cobardes estas acciones que se muestran en estos vídeos, que siempre se utilizan mujeres. No lo hicieron con hombres, tal vez por temores.

El vídeo de colombianos que ingresaron ilegalmente licor al estadio, camuflado en unos binóculos, mostrado el hecho como una gran hazaña, no es nada distinto a la tradicional ‘viveza paisa’ que tanto daño nos hace. Razón tienen muchos habitantes de Antioquia en decir que hay diferencia entre el paisa y el antioqueño. Este último es el hombre bueno, honesto, trabajador, emprendedor, que se acoge a las normas y a la ética civil; aquel, el paisa, es el que lo burla todo, el timador, el que viola las normas en su beneficio, el que vive a expensas del otro, el ‘tumbador’ de los demás y al que llamamos ‘el vivo’.

El vídeo donde nacionales colombianos vistiendo la camiseta de nuestra selección hace repetir a mujeres japonesas palabras en español, que las ofenden a ellas mismas, aprovechando el desconocimiento del idioma, no solo son una burla y un irrespeto a la mujer japonesa, sino a toda su nación. Este tipo de actos deberían de ser castigados por las autoridades colombianas, desde la Cancillería y la propia embajada en Rusia. Deberían de ser buscados estos individuos, deportados de inmediato y cancelados sus pasaportes por varios años.

Estos comportamientos son el reflejo de lo que somos. De la poca cultura ciudadana que tenemos. Del poco respeto que tenemos por el otro, de la falta de una mayor conciencia educativa frente al vecino, y mucho más si es un extranjero que nos ofrece su amistad. Con esta experiencia, es necesario volver sobre lo básico, la educación, como estandarte del respeto y la convivencia humana.

Claro que también hubo manifestaciones de amistad y respeto que se vieron en vídeos puestos en las redes sociales, como aquellos colombianos que intercambiaron camisetas con los japoneses y se dieron abrazos de cariño, que evidencia la altura y la educación de muchos. Infortunadamente, estos fueron menos ‘viralizados’, y se opacaron frente a los vídeos ofensivos.

Hay que aprender del pueblo japonés. Su ejemplo en el estadio, después del partido, fue maravilloso: con bolsas plásticas en la mano, recogieron la basura que dejaron los colombianos, sus propios connacionales y otros asistentes al partido. También hubo una pareja de colombianos que hizo lo mismo, precisamente como aprendizaje de los ganadores de la contienda futbolera.

Ojalá que las escenas en vídeos que vimos ayer después del partido de Colombia-Japón, no se repitan con los aficionados de Polonia, ni con los de Senegal, en los dos partidos que nos restan. Y que la cancillería colombiana tome medidas drásticas contra estos abusadores e irrespetuosos que dejan una pésima imagen de nuestro país en Rusia.

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