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Editorial  |  14 octubre de 2020  |  12:05 AM

César Hoyos Salazar, un ejemplo para Armenia

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Se demoró el gobierno municipal para otorgarle a César Hoyos Salazar su máxima distinción, la Orden de los Fundadores. Homenaje que se le rinde hoy, con motivo de los 131 años de fundación de la ciudad. Decimos que se demoró porque los méritos del doctor Hoyos Salazar son muy superiores a muchos otros conciudadanos que han recibido la anhelada presea, y que, incluso, han terminado en grandes líos judiciales, incluso condenados por la justicia.

Este homenaje que le rinde la alcaldía hoy a César Hoyos Salazar tiene un sentido colectivo, casi sin precedentes, lo que se le abona a la Junta del Cordón de Los Fundadores, presidida por el alcalde José Manuel Ríos Morales, que en buena hora tomó la decisión de exaltar la vida de uno de nuestros mejores hombres.

César Hoyos Salazar es hijo de Floro Emilio Hoyos Gómez y Teresa Salazar Tamayo, ambos de Granada, Antioquia. Nació en Génova, Quindío, en 1944. Es bachiller del Colegio San José de los Hermanos Maristas de Armenia. Abogado de la Universidad Nacional de Colombia. Desempeñó la secretaria de gobierno de los alcaldes Alberto Gutiérrez Jaramillo y Omar Giraldo Ramírez, 1968 a 1970. Fue director de Fenalco y Comfenalco Quindío, Asistente del rector José Félix Patiño en la Universidad Nacional. Alcalde de Armenia - 1990-1992, director del Departamento Jurídico de la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia, elegido consejero de Estado en 1995, por ocho años. En 1999 fue elegido presidente del Consejo de Estado de Colombia. Luego, por diez años actuó como árbitro de la Cámara de Comercio de Armenia. En 1999 fue elegido como el mejor Consejero de Estado y recibió la Orden José Ignacio de Márquez, en la categoría Gran Cruz de Oro.

Su paso por los diferentes cargos que ocupó dejó un maravilloso sabor de triunfo, tanto para él, pero muy especialmente para el ciudadano, para el colombiano que reconoció en este hombre un ejercicio probo, honesto, recto y de inteligente actuar frente a los conflictos y los retos que le puso su profesión y el compromiso adquirido cuando juró desempeñar los puestos que le confiaron.

César Hoyos Salazar rescató en 1990 la alcaldía de Armenia, que moría por asfixia económica y financiera. Dejó en su administración unas finanzas firmes para el futuro de la ciudad. Pero, lo más importante, la impronta de honestidad que le impuso a su gobierno. Destituyó fulminantemente de su cargo a un secretario de Obras Públicas que venía utilizando obreros del municipio para una construcción particular; les pidió la renuncia a varios secretarios que utilizaron sus influencias en provecho personal; puso como ejemplo la utilización de los recursos del Estado, entregando, después de cada viaje, un balance de sus gastos y regresando a la tesorería lo que había sobrado.

Toda esta forma de actuar como alcalde generó un comportamiento similar en sus subalternos. El ejemplo cunde, se dice popularmente. Y cuando el ejemplo es bueno, gana el funcionario público, gana el ciudadano y, por supuesto, la ciudad. Por eso, hoy, cuando al doctor César Hoyos Salazar se le confiere la Orden de los Fundadores, podemos decir con orgullo que este homenaje es uno de los más acertadas que alcalde alguno haya hecho en la ciudad.

Casi nadie sabe en el Quindío que este genovés de nacimiento y armenio por adopción es uno de los hombres al que Colombia le debe el estudio jurídico que creó las normas éticas sobre el Genoma Humano en nuestro país. Y en Armenia, pocos saben de su enorme aporte al parque De la Vida, el gran pulmón en el norte de la ciudad, tanto desde su ejercicio como alcalde como desde su influyente cargo de director de la Oficina Jurídica de la Federación de Cafeteros.

César Hoyos es, además, un amante de la familia, del respeto y de la cultura. Sus tertulias sobre Armenia y sus personajes tienen una calidez literaria y humorística sin par. Es, en todo el sentido de la palabra, un ciudadano ejemplar, un ser humano para imitar, un ciudadano cuya vida merece ser repicada y difundida en todas las esferas públicas, como guía y motor de las generaciones presentes y venideras.

El homenaje de hoy no es solo de la junta que otorga la presea, ni del alcalde y sus funcionarios, sino un homenaje colectivo, un agradecimiento de ciudad, de todos aquellos que queremos ver, algún día, una Armenia como César Hoyos Salazar nos la mostró y como él mismo se la imaginó.

¡Qué falta que nos hace en Armenia gobernantes y hombres como César Hoyos Salazar!

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