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Editorial  |  09 febrero de 2018  |  12:00 AM

El riesgoso oficio del periodismo

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Solo la memoria nos lleva a la reflexión sobre los cruentos días que vivió la región.

"A consecuencia de heridas causadas por armas de fuego –ametralladora y revólver– dejó de existir el periodista Celedonio Martínez Acevedo, aproximadamente a las 6 y 20 minutos de la tarde del día 11 de diciembre de 1959, al ser atacado por dos sujetos frente a su residencia de la Avenida Bolívar con la calle 8ª en Armenia.

La noticia causó no sólo una tremenda sensación entre los ciudadanos, sino una violenta reacción entre sus amigos y copartidarios liberales, habiéndose formado manifestaciones que recorrieron las calles y que terminaron en la Plaza de Bolívar, en donde varios oradores llevaron la palabra para condenar el vil asesinato.

En el radio-periódico Radio Gaceta, que se transmitía por La Voz de Armenia, con la dirección de Germán Gómez Ospina y la locución de Martínez Acevedo, quien además colaboraba con artículos y editoriales, se hacía un análisis a fondo de las actividades políticas y muy especialmente del estado de violencia a que estaba sometido el Quindío por la acción de los antisociales - pájaros - y la complicidad de las autoridades; se hacía a diario una acérrima defensa de los copartidarios perseguidos y en forma clamorosa se predicaba la paz.

En la sentencia proferida por el Juez Superior, doctor William Gómez Villegas, con fecha 3 de junio de 1960, se expresa: “Desde varios años atrás el señor Martínez Acevedo venía empeñado en una campaña a fondo encaminada a combatir el estado de violencia que ha imperado en diversos lugares del país y, particularmente, en la región del Quindío. Desde los micrófonos de una emisora radial de Armenia clamaba todos los días contra los elementos depravados que en nefandas asociaciones delictuosas se dedicaban al asesinato, al asalto, al robo y a toda clase de actos atentatorios contra los derechos de los ciudadanos y de sus bienes; pedía la estricta aplicación de la ley a quienes venían violándola a cada paso; condenaba la impunidad y reprobaba la conducta tolerante y a veces cómplice de ciertas autoridades que en vez de cumplir el mandato constitucional de hacer respetar la vida, honra y bienes de las personas, se desentendían de su alta misión contribuyendo a estimular la criminalidad, cuando no amparándola abiertamente”.

Esta noble actitud del periodista, su abnegada lucha en bien de la comunidad, lucha llena de graves peligros, es claro que no podía ser del agrado de los violentos, de los individuos que tenían interés en que se prolongara indefinidamente la situación de anormalidad social que les daba margen para el ejercicio de sus oscuras venganzas, para obtener provecho ilícito de sus continuas depredaciones, o bien, simplemente para saciar y dar satisfacción a destructores instintos primitivos.

En este ambiente de bajas pasiones, de odios, saturado del más depravado salvajismo, fue donde indudablemente nació la idea que quitar de en medio al desvelado periodista que fustigaba sin temor las actividades de los delincuentes, los vicios sociales perjudiciales para la comunidad, la conducta negligente de ciertos funcionarios que ningún honor hacían a su investidura oficial.

Era indispensable acallar la voz persistente del censor de la violencia que era un verdadero obstáculo para las actividades proclives de los interesados en sostenerla, así directa como indirectamente. Y esa idea de eliminar a Martínez Acevedo fue tomando cuerpo hasta cristalizar en un efectivo plan criminal que por desgracia habría de cumplirse de manera total”.

Este texto fue escrito por el periodista Germán Gómez Ospina, quien dirigía el noticiero Radio Gaceta el día que mataron a Celedonio Martínez. Hoy, 9 de febrero, Día del Periodista en Colombia, lo traemos al presente, porque solo la memoria nos lleva a la reflexión sobre los cruentos días que vivió la región, y que pueden reaparecer si no nos comprometemos todos con la paz y la lucha contra la corrupción en todas sus expresiones.

 

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