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21 agosto de 2018  |  12:00 AM |  Escrito por: Edición web

Cátedra de Historia: Circasia, el primer pueblo del Quindío que se fundó como un negocio inmobiliario

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Imagen informe especial

Por Miguel Ángel Rojas Arias

Me propongo, en el presente ensayo, analizar la escritura pública número 47 del 10 de agosto de 1884, que se tiene como el documento de fundación del actual municipio de Circasia, en el departamento del Quindío. Ver la escritura en documento anexo en Word.

El análisis del documento

La fundación de Circasia no fue un hecho heroico, como lo celebramos hoy, sino un acontecimiento material de la racionalidad económica de la época, un negocio inmobiliario, con el que dos individuos, pero especialmente uno, ganó mucha plata. Un análisis profundo de la escritura N° 47, otorgada en la Notaría Única de Salento el 10 de agosto de 1884 y donde se da fe de la destinación de unos terrenos para el establecimiento en ellos de una nueva población, con el nombre de Circasia, nos suscita a varias reflexiones, especialmente desde la perspectiva crítica del análisis interno y externo del documento histórico.

Para la pequeña historiografía regional, este documento es el santo y seña de la fundación de Circasia. Es decir, ha sido mirado sólo como el origen del asentamiento humano en esta municipalidad del departamento del Quindío1. Casi todos los pueblos del Quindío tuvieron un origen similar: un instrumento público hecho en notaría, por medio del cual uno o varios propietarios de tierra otorgaban y/o vendían un lote donde diversos concurrentes compraban pequeños fundos para construir sus sitios de habitación.

La excepción de esta estrategia de la fundación de pueblos, a través de instrumentos públicos en notaría, es Salento, la primera de las villas creada a partir de un decreto nacional que estableció en la montaña del Quindío la colonia penal de Boquía2, en el año de 1842. La recurrencia de este modelo de fundación a través de notarías, iniciado en 1882 con la fundación de Filandia, seguida por Circasia y después, en 1886, por los colonos establecidos en Calarcá, permite un análisis histórico crítico, toda vez que dichos documentos han sido vistos sólo como el origen de las poblaciones y sus actores.

Si bien es cierto que, como dice Concha Roldán, “en el pasado no podemos encontrar soluciones ni contenidos”, no menos verdad es que, “reflexionar desde el vacío sólo conduce al vértigo y a la inconsistencia”3. Y para el caso que nos ocupa, creemos que se ha actuado en el vacío, sin utilizar ninguna técnica, ni visión ideológica que cuestione o le pregunte al documento.

Aunque no compartimos en su totalidad la acepción de R. G. Collingwood de que el conocimiento histórico le sirve al hombre para contribuir al proceso de identificación del hombre, iluminar su situación actual y ayudarle actuar, cuando se pregunta ‘para qué la historia’, sí es claro que el hecho plasmado en el documento notarial que nos convoca, es una actividad humana del pasado que, contribuyó a construir el presente y, por tanto, merece ser estudiado más a fondo.4

El método utilizado por los historiadores que hasta la fecha se han acercado al documento notarial que nos ocupa (Valencia y Gutiérrez), se aproxima mucho al positivismo, donde sólo hay una recopilación de los hechos observados y acomodados a un esquema pre-establecido, en este caso, narrados sin ninguna interpretación. Así, encontramos una narración sin conexiones.

A propósito de la falta de conexiones en el uso del documento notarial que nos atañe, Marc Bloch dice que “…la historia no tendrá pues, el derecho de reivindicar su lugar entre los conocimientos verdaderamente dignos de esfuerzo, sino en el caso de que, en vez de una simple enumeración, sin lazos y casi sin límites, nos prometa una clasificación racional y una inteligibilidad progresiva…”5

La conectividad del documento

Nos proponemos, pues, en los siguientes párrafos, encontrar esa conectividad, a través de la aplicación de la crítica interna y externa a dicho documento. Como el tema de estudio de la historia es el hombre y sus actos6, es necesario mirar con detalle por qué esos hombres concurrieron a suscribir este documento y cuál era el contexto social, político y económico en que lo realizaron y, por supuesto, sus motivaciones generales.

Diferente al método de investigación de la naturaleza, que es altamente positivista, pegado a las leyes y a la inmutabilidad, para el historiador, su objeto es el pasado de los asuntos humanos, algo mutable, cambiante, que no está regido por leyes y, por tanto, su método debe permitirle penetrar al interior del acontecimiento, en la mente del agente y descubrir el pensamiento que expresa.

Para Collingwood, “el historiador, al investigar cualquier acontecimiento del pasado, hace una distinción entre lo que podría llamarse el exterior y el interior de un acontecimiento”. Siguiendo a este teórico de la historia vamos a examinar la Escritura Pública #47 de 1884, para hallar muchas más razones que las expuestas hasta el momento por la historiografía local, y que nos delate nuevos sucesos e intereses en la conformación de la sociedad circasiana actual.

También Collingwood dice que por exterior del acontecimiento se entiende todo lo que le pertenece y se puede describir en términos de cuerpos y sus acontecimientos; por interior del acontecimiento quiere decir lo que de él sólo puede describirse en términos de pensamiento. Así, el historiador no se queda jamás con uno de estos aspectos con exclusión del otro. Por eso, agrega Collingwood, lo que se investiga no son meros acontecimientos, sino acciones, y una acción es la unidad del exterior y el interior de un acontecimiento7.

Los colonos de Circasia habían llegado a la zona unos diez años antes de la fundación del pueblo8. Habían abierto sus fincas en un terreno denominado La Plancha, pero la propiedad de las tierras era incierta. Casi todos habían llegado de Antioquia, aupados por el afán de conseguir un pedazo de tierra, unos, y por las historias de tesoros, otros.

Para la época estaban vigentes aún los decretos nacionales que otorgaban 20 fanegadas de tierra a aquellos que vinieran a abrir la montaña del Quindío, para mejorar el paso entre Ibagué y Cartago, así como la entrega de 12.000 fanegadas para la fundación de pueblos.

Desde 1834, el presidente Francisco de Paula Santander emite un decreto que invita a poblar la montaña del Quindío y otros lugares desérticos de la Nueva Granada9. Además de los estímulos en tierras mencionados arriba, también ofrecía exenciones en diezmos y otros tributos. Sin embargo, el proyecto sólo fue atractivo después de 184210, y especialmente en 1844, cuando el presidente Pedro Alcántara Herrán, también a través de decretos, ofrece, específicamente en el Camino Nacional, Ibagué-Cartago, y para su apertura una serie de gracias. Ordena la creación de penitenciarias, tambos y posadas, con dineros públicos, brindando salarios, tierras, herramientas e insumos a quienes vengan abrir el camino y la montaña11.

Casi todos los colonos que llegaron a Circasia provenían de Antioquia, pero estaban asentados en las dos únicas, hasta el momento, poblaciones de la montaña del Quindío: Salento y Filandia. Luego de desbrozar la selva y establecer sus mejoras con cultivos de pan coger, es lógico, que piensen en el tema de la titulación.

La titulación de los predios

Las familias se fueron asentando, tomaron posesión de las tierras y, así mismo, al morir los más viejos de entre los que habían llegado, se dieron las herencias que, en principio, parecieron de difícil titulación. La única forma era acudir ante un notario. Y para eso, fue necesario hacer las delimitaciones de las propiedades. Era muy difícil plantear la propiedad desde la institucionalidad existente, es decir desde Salento y Filandia, por eso fue necesario, para acometer este derecho, hacerlo mediante la creación de un nuevo pueblo, Circasia.

La Escritura Pública #47 lo que hace es legalizar los predios de los señores Rafael Marín e Isidoro Henao (que aparecen como fundadores de Circasia), tanto los que son de su propiedad, más los heredados. Pero al tiempo, legaliza los de los colindantes, pues los establece dentro de una jurisdicción segura, el nuevo pueblo. Y de paso, se realiza un excelente negocio, porque parte de esos predios legalizados se pueden vender para levantar allí las casas, la plaza y la iglesia del nuevo pueblo.

En otros términos, hay un documento notarial que no sólo es un papel que le da vida jurídica a un pueblo, no sólo es su carta de fundación, como hecho, sino que con él, se busca la legalización de los terrenos baldíos ocupados, por una parte, y la venta de gran parte de los mismos en un negocio que se vuelve rentable para el primer grupo colonizador.

En el siguiente ítem de la escritura queda claro el negocio: “…Que la junta dé a Isidora Henao en dinero de los que vaya recaudando por venta de solares, la cantidad de mil cuatrocientos pesos de ocho décimos, debiendo concurrir el pago en la nueva población que hayan edificado ciento cincuenta casas de habitación; en solares que venda la junta y dé igualmente y sin remuneración un solar de catorce varas de frente y treinta de centro a Rafael Marín…”.12

Además, era evidente que si se fundaba el pueblo, había posibilidad de disponer de las 12.000 fanegadas de las que hablaba el Decreto y, por tanto, acceder a más tierras para otros parientes o amigos cercanos, o en su defecto, para negociarlas, aunque a nadie se le concedía más de una vez un baldío.

En el pensamiento de los fundadores de Circasia, cuando elevan en notaría esta Escritura, no está tanto la creación del pueblo como tal, con hechos materiales como la construcción de las casas y las calles y la iglesia, la posibilidad de tener un mercado y una escuela para los hijos, como evidentemente sucedió, sino de legalizar la tenencia de sus tierras, antiguos baldíos, que era por lo que, finalmente, se habían aventurado en esta selva inhóspita, y que estaban en peligro por el acecho de colonizadores empresariales que se estaban haciendo titular grandes extensiones aprovechan la amistad con políticos en el Estado Soberano del Cauca.

Adicionalmente, y frente a las guerras civiles del siglo XIX, los colonos también venían pensando en liberarse del conflicto bélico. No sólo encontraron aquí un escondite, lejos de la confrontación, sino también una excusa amparada en la misma ley, pues ésta era clara al advertir que los individuos que se establecieran en la montaña del Quindío y fijaran allí su residencia, quedaban exentos del servicio militar durante los 12 años siguientes13.

Además, en sus mentes también está el poder político local. Formando un nuevo pueblo podrían, rápidamente acceder a su categorización como Distrito o Municipio, lo que elevaría a los miembros de la Junta Pobladora a la condición de alcaldes y concejales, lo que evidentemente sucedió.

Conexión y coherencia de la Historia

Ciertamente, como lo acepta Roldan Concha en su crítica a Collingwood, este es partidario de una cierta dramatización del discurso histórico, como una investigación que se esfuerza en buscar la conexión y coherencia entre los acontecimientos. Aquí, lo que hemos buscado y encontrado son esos dos elementos. Las acciones de los hombres no son aisladas. Los hechos no se producen materialmente, como acciones, si no están mediados por un pensamiento. La fundación de un pueblo, sí, un hecho concreto, pero con qué intereses particulares o colectivos.

Ahora bien, siguiendo a Roldan, con relación a su discurso sobre la Idea de Historia en Collingwood, los acontecimientos tienen conexión y coherencia, pero no porque correspondan al desarrollo necesario de un plan previo, trazado por una finalidad o racionalidad universal inherente al mismo, sino porque el historiador persigue con su tarea la explicación unitaria de unos acontecimientos que en el momento de su realización estaban regidos únicamente por las motivaciones de los individuos que las llevaron a cabo; no existe más finalidad en la historia que los propósitos de cada sujeto: «la historia es un drama, pero un drama improvisado, solidariamente improvisado por sus propios personajes»14.

Digamos que el acontecimiento se presenta y se queda como tal, tozudo, en la Escritura Pública # 47 del 10 de agosto de 1884. Incluso, sigue igual hasta la recopilación y narración realizada por los historiadores hasta la fecha (Valencia y Gutiérrez) sin dejar de ser una simple enumeración, sin lazos y casi sin límites. Realmente quien, en este caso, conecta, relaciona y analiza el pensamiento de los fundadores del pueblo, a través de ese hecho, creando un nuevo pensamiento, es el historiador, a través de la visión crítica.

En conclusión, podemos decir que un documento cualquiera, como el que nos ocupa, no tiene valor histórico por sí solo. Su valor radica en el análisis de sus propiedades externas, del acontecimiento como tal, y de las internas, del pensamiento que genera ese hecho.

Para nuestro caso, es evidente que la Escritura #47, que yace en el archivo municipal y que ha sido elevada como acta de fundación del municipio de Circasia, carecía de una crítica interna y externa, y por tanto, no se había descifrado su verdadero valor, en tanto documento que expresa unos claros intereses de un grupo social determinado.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

-BLOCH, Marc. Introducción a la historia. Fondo de Cultura Económica. Cuarta reimpresión, 2006. México, D. F.

-CODIFICACIÓN NACIONAL. 1833-1834, 1835. Bogotá, Imprenta Nacional, 1925, Tomo V, págs. 178 y 179.

-CODIFICACIÓN NACIONAL. 1841-1842. Bogotá, Imprenta Nacional, 1927, Tomo IX, págs. 378-380

-CODIFICACIÓN NACIONAL. 1843-1844. Bogotá, Imprenta Nacional, 1928, Tomo X, pág. 659.

-COLLINGWOOD, R.G. Idea de la Historia. Fondo de Cultura Económica.

-GUTIERREZ, Villa Piedad: Circasia en la Historia, documentos y ensayos. Editorial Universidad del Quindío, 1984.

-MUÑOZ, Cárdenas Hernando. Villa de Nueva Salento. Editorial El trébol rojo. 1993.

-NOTARIA ÚNICA DE SALENTO. Archivo siglo XIX.

-ROLDÁN, Concha. R.G Collingwood: El canto de cisne de la filosofía de la historia. Notas y Discusiones. Revista Isegoría 4, 1991.

-VALENCIA, Zapata Alfonso. Quindío Histórico. Editorial Quingráficas, 1982.

 

1 VALENCIA, Zapata Alfonso. Quindío Histórico. Editorial Quingráficas, 4 edición, 1982. Don Alfonso hace referencia explícita al texto sólo para explicar la fecha y los nombres de aquellos que concurrieron a la fundación. No mira analíticamente el documento. Dice Valencia: El 10 de agosto de 1884 solamente se vino a firmar el acta de fundación en la cual estamparon sus firmas, entre otros, Modesto y Samuel Buitrago, Diego Gálvez y Benedicto Cifuentes. La escritura protocolizada decía: #47, Distrito de Salento…”. Ver también GUTIERREZ, Villa Piedad: Circasia en la Historia, documentos y ensayos. Gutiérrez presenta los documentos, sin ningún comentario.

2 CODIFICACIÓN NACIONAL. 1841-1842. Bogotá, Imprenta Nacional, 1927, Tomo IX, págs. 378-380

3 ROLDÁN, Concha. R.G Collingwood: El canto de cisne de la filosofía de la historia. Notas y Discusiones. Revista Isegoría 4, 1991.

4 COLLINGWOOD, R.G. Idea de la Historia. Fondo de Cultura Económica.

5 BLOCH, Marc. Introducción a la historia. Fondo de Cultura Económica. Cuarta reimpresión, 2006. México, D. F.

6 BLOCH, obra citada.

7 COLLINGWOOD, R.G. Idea de la Historia. Fondo de Cultura Económica

8 VALENCIA, Zapata Alfonso. Quindío Histórico. Editorial Quingráficas, 1982.

9 CODIFICACIÓN NACIONAL. 1833-1834, 1835. Bogotá, Imprenta Nacional, 1925, Tomo V, págs. 178 y 179.

10 CODIFICACIÓN NACIONAL. 1841-1842. Bogotá, Imprenta Nacional, 1927, Tomo IX, págs. 378-380

11 CODIFICACIÓN NACIONAL. 1843-1844. Bogotá, Imprenta Nacional, 1928, Tomo X, pág. 659.

 

12 Notaría Única de Salento. Escritura 47 de 1884.

13 CODIFICACIÓN NACIONAL. 1841-1842. Bogotá, Imprenta Nacional, 1927, Tomo IX, págs. 378-380

14 ROLDÁN, Concha. R.G Collingwood: El canto de cisne de la filosofía de la historia. Notas y Discusiones. Revista Isegoría 4, 1991.

 

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