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La Cosecha  |  30 octubre de 2017  |  12:00 AM |  Escrito por: Edición web

De jornalero a periodista: historia de un quindiano, creador de El Esporádico, el periódico que aparece el día menos pensado.

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Sus años le han dado a este quindiano la tranquilidad que la vida le ofrece a quienes ejercen con honestidad un oficio tan complejo.

Por Miguel Ángel Rojas Arias

Cuando tenía 27 años aún labraba la tierra en una finca de Circasia, como jornalero, mientras en el Diario del Quindío le publicaban sus primeras caricaturas. “Aprendí aserrío de árboles, sembrar yuca, cosechar maíz, ordeñar, desmatonar potreros, coger café… En las noches continuaba haciendo ‘monos’ a la luz de velas de sebo (…) En el fondo, soy un campesino íntegro y también he cometido algunos versos”, relata Antoval, y recuerda: “Abandoné la cultura de coger café a los 27 años. Trabajando en las noches caricaturas de mi ingenio, hice un cartón referente a la violencia política en Armenia y los pueblos quindianos, lo presenté a Germán Gómez Ospina a quien conocía desde Circasia, me envió con el trabajo artístico a Diario del Quindío, pregunté por el director. Conocí entonces a Miguel A. Capacho y Aldemar Rojas Martínez. Aceptó Capacho la caricatura, prometió publicarla en primera página al siguiente día”.

Trabajó en este periódico casi toda la década del sesenta. Ya maduro, de 35 años, con esposa y cuatro hijos, Antoval armó sus bártulos y se trasladó a Bogotá, donde consiguió trabajo como redactor del legendario noticiero de Radio Sutatenza. “Cuando me trasladé a Bogotá ingresé a Radio Sutatenza, luego al Noticiero Todelar, pasé a El Siglo, escribí en Orientación, la tribuna de la Patria, radio periódico combativo de Juvenal Betancur; fundé el periódico Jornadas Penitenciarias en esta capital. Mi periplo periodístico empírico abarca también Medellín y Barranquilla”.

Tiene 83 años y jamás se ha bajado de traje y corbata, como tampoco ha pasado de montar en bus urbano y Transmilenio en Bogotá. La dignidad le corre por todos sus poros, tanto que desde mediados de la década del ochenta renunció a ser un periodista asalariado y empezó un ‘rebusque’ intelectual en el famoso café El Automático de la capital colombiana. Vendía caricaturas, hacía correcciones de estilo a libros y ponía en circulación un periódico que él redactaba, comercializaba y repartía. Y todo esto lo practicaba, y aún lo hace, sabiendo que su ‘arsenal académico es de cuarto de primaria’, como el mismo lo describe.

Su último periódico es una genialidad. Se llama El Esporádico y tiene un satírico epigrama: ‘Aparece el día menos pensado’. Sobre este periódico, su director Antonio Valencia dice: “El Esporádico sale cuando tiene una modesta pauta, el público lector ya lo pregunta con afán; cuando creo tener la suficiencia económica lo lanzo a la impresión y listo, lo hago circular en los cafés tertulia, universidades, lo entrego en la calle, donde descubro lectores potenciales. No hay ayuda ‘mermelada’ y de aparecer la rechazaría. El periodismo industrial que es mi competencia no me desvela y como los ‘grandes’ no me determinan, eso me deja tranquilo en mi diario quehacer. La Corte Constitucional dijo que el periodismo es un oficio. Aquí se justifica mi empirismo, no soy profesional, pero vivir sin dinero y estrecheces es todo un arte, no me lamento. Parodiando a Diógenes, el filósofo del tonel, digo ‘para qué plata uno tan pobre’”.

Ganó el Premio de Periodismo Simón Bolívar en 1981. Sus años le han dado a este quindiano la tranquilidad que la vida le ofrece a quienes ejercen con honestidad un oficio tan complejo como el periodismo. “Mi carácter independiente me ha permitido ejercer mi oficio ajustado a la ética y la moral más exigentes. No soy un periodista ‘mermelado’, no he conocido sobres, odio las genuflexiones, no le rindo culto a personalidades, mi lucha es por la verdad y contra la corrupción que devora a mi patria. Siempre he escrito con altivez y con gusto defiendo los derechos ajenos, rechazando las humillaciones que se hace a los humildes”.

Antoval ha sido un hombre de cocteles con las élites del poder en Bogotá. Sin embargo, afirma: “Si tengo larga cola de dinosaurio nadie la ve, pues en los cocteles no molesto a los personajes ni a los anfitriones. La manía de los cocteles ya desapareció de mis afanes, pero la tertulia con amigos permanece en Chantonner, El Automático, San Café de Bogotá y otros”.

Al preguntarle cuándo podemos disfrutar del nuevo número de su periódico, ríe y responde: “El Esporádico es tan esporádico que no tiene fecha de circulación, en dos o tres meses aún estoy entregando ejemplares gratis”. Al final, Antoval añora su región: “El Quindío es la tierra adorada del tercer día de la Creación. Añoro volver mis pasos al terruño en el cual nací, Filandia. Los recuerdos del Quindío y sus pueblos, Armenia y Calarcá llegan a la mente en presuroso tropel de amor y de añoranza. Mis huesos, sin duda alguna, volverán un día, un día, a la tierra amada”.

(Publicada en la Revista Así Somos, edición 50)

 

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