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Columnistas  |  26 septiembre de 2020  |  12:00 AM |  Escrito por: Jimena Marín

LA IMPORTANCIA DE PERTENECER

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Jimena Marín

Por Jimena Marín Téllez

Muchos dicen que el amor puede cambiar al mundo y es cierto.

Los que tuvimos unos padres amorosos y presentes entendemos el efecto que puede tener un trato digno y cariñoso en la vida de un niño.

La infancia es la edad en la cual más desarrollamos nuestro cerebro y emociones, llegando a moldear lo que será nuestra vida adulta y el impacto que tendremos en la sociedad en un futuro. Es el momento en el cual absorbemos toda la información que tenemos disponible, adaptando nuestra conducta a lo que vemos y oímos, en especial de nuestros padres.

Sin embargo, muchos niños en el país no tienen la fortuna de contar con una familia adecuada. Son miles los niños que se encuentran en custodia del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar por diferentes razones.

Mucho se ha debatido en Colombia sobre si los niños en condición de adoptabilidad deben ser solo adoptados por el tipo de familia estándar, es decir, papá y mamá, o se debe permitir la adopción por otro tipo de familias como la homoparental, homosexual, etc.

La presente columna tiene como propósito defender la adopción por parte de cualquiera que esté dispuesto y tenga las capacidades para dar amor, desde la perspectiva de la necesidad del sentido de pertenencia en la vida adulta.

Tener una familia, cualquiera sea el tipo, y recibir amor, es algo básico en el desarrollo del ser humano. Significa pertenecer a algún lugar. Esto implica que un niño que tiene una familia tendrá incentivos para ser mejor cada día.

Cuando estamos pequeños, el mundo que vivimos se refleja a través de nuestros padres, quienes son el mejor ejemplo a seguir. El mayor anhelo es complacerlos. Por esta razón, un niño que no tiene una familia o esta es disfuncional, no tendrá esa motivación para mejorar o responde bajo una motivación equivocada. No estará impulsado por el temor a defraudarlos, que es, probablemente, la principal razón de un niño para hacer lo que se considera correcto y no otra cosa.

Aunque es cierto que los hogares sustitutos funcionan, no siempre son exactamente el reemplazo de unas personas a las que se pueda llamar familia y que actúen desinteresadamente por el bienestar del niño. Por lo regular no generan el mismo vínculo afectivo, impactando cómo respondemos a los estímulos.

Esta sensación de pertenecer a un lugar, de ser querido y de sentir sobre nosotros el peso de la confianza, genera mejores y más útiles adultos para la sociedad.

Por lo tanto, más allá de las discusiones sobre si tener dos hombres o dos mujeres o una mujer sola o un hombre solo como padres, impacta nuestro desarrollo o nuestra orientación sexual, por el tema de los roles femenino y masculino. La discusión debería estar centrada en qué tipo de adultos estamos generando a través del ICBF.

Siempre será mejor un niño que haya crecido con amor y sentido de pertenencia por un lugar y unas personas, que un niño que haya crecido en el sistema. Por más cariño que se les brinde en los hogares sustitutos, nadie debería crecer pensando que su no adopción se debió a carencias propias.

Si nos quedamos con las familias nucleares tradicionales, mamá y papá, una gran cantidad de niños seguirán esperando toda su vida por ser adoptados, como pasa en la actualidad.

No es un secreto que en Colombia tenemos una mentalidad anticuada y que la mayoría de los futuros adoptantes exigen un bebé de máximo dos años, de tez blanca. No consideran si quiera adoptar un niño de “difícil adoptabilidad”; esto es, un niño con condiciones especiales tipo edad mayor a 7 años, problemas de conducta, discapacidades., etc.

Al aceptar otro tipo de familias, aunado a una necesaria reforma que flexibilice comunes formas de adopción, se ampliaría el espectro para que más niños puedan ser adoptados en Colombia y en el extranjero. Esto podría cambiar nuestra sociedad misma, al permitir que más adultos tengan ese sentido de pertenencia del que he hablado en esta columna, generando personas más eficientes, productivas y útiles.

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