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Cultura  |  26 octubre de 2020  |  12:00 AM |  Escrito por: Edición web

El mundo místico de Carl Jung

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Gloria Chávez Vásquez

El nombre de Carl Jung estará eternamente asociado al de Sigmund Freud. Primero porque fue su alumno y luego porque se convirtió en su principal crítico y rival, lo que en realidad significó respuestas a una parte de la incógnita científica. La contribución de ambos al estudio de la mente es enorme y se puede decir que la obra de Jung llenó un vacio en la de Freud, sin la cual aquella hubiera padecido de superficialidad. Al materialismo en la sicología del primero se añadió, equilibrándola, la espiritualidad del segundo.

Y no es que Jung fuese un religioso convencional, a pesar de que su padre, un pastor luterano, trató en vano de instalarle la fe sobre la razón para que siguiera sus pasos. Nacido en Kesswil, cantón de Turgovia, Suiza, el 26 de julio de 1875, el pequeño Carl, como un Santo Tomás, era demasiado agudo e intelectual como para creer lo que no veía. Así que su familia tuvo que ceder a la vocación del más díscolo de los tres hijos. Apoyado por la madre, Carl se graduó en la universidad de Basilea como médico. La psiquiatría, una ciencia recién nacida, le atrajo desde un principio, así que se especializó en sicología para luego estudiar con los maestros de entonces, entre ellos el suizo, Paul Eugen Bleuler y el francés, Pierre Janet.

JUNG vs FREUD

Para cuando se asoció al grupo de analistas liderados por Sigmund Freud, este ya tenía una obra establecida y era un icono para los estudiosos del subconsciente. Jung estudió las teorías freudianas (1906-1910) pero con el tiempo comenzó a cuestionar las teorías de su maestro. Freud esquivaba lo que Jung llama la sicología profunda, o espiritual. Jung la enfrentó de lleno, descubriendo el papel crucial del subconsciente en la creación o destrucción del tejido individual y social.

En su autobiografía Recuerdos, sueños, pensamientos, Jung cuestiona la obsesión de Freud por el sexo. Y es que Jung supo desde un principio que había que tener conciencia de que en la repetición o ‘monotonía del significado’ se manifestaba la huida de sí mismo o de la parte mística o espiritual del ser. Para estar en armonía consigo mismo había que saber o aprender a reconocerla. Freud, escribió Jung, era ciego frente a la paradoja y la ambigüedad de los significados del inconsciente, y no sabía que todo cuanto emerge del inconsciente posee algo superior e inferior, algo interno y externo. Considerar solamente lo externo o material es una forma de desequilibrio que obliga al inconsciente a crear una fuerza antagónica”.

Un rasgo del carácter de Freud le preocupaba en especial: su amargura. Le había llamado la atención en su primer encuentro. Durante mucho tiempo, no pudo comprenderlo hasta que lo relacionó con su actitud respecto a la sexualidad. Para Freud la sexualidad significaba ciertamente una forma de inspiración, como la artística, pero su teoría la expresaba exclusivamente, como función biológica. Jung tenía la impresión de que trabajaba contra su propio objetivo y contra sí mismo; y para él no existía amargura peor que la de un hombre convertido en el más encarnizado enemigo de sí mismo. Según el mismo Freud, se sentía amenazado por la negra avalancha, él, que había propuesto vaciar las oscuras profundidades.

LA SICOLOGIA PROFUNDA

Después de graves desacuerdos, Jung decide abandonar la escuela de Freud para desarrollar varias escuelas de terapia con el nombre de sicología analítica o sicoanálisis. El es el creador de todo un glosario de términos aplicados hoy en día a la psiquiatría como: la sombra, el ánima, arquetipo, simbolismo, sincronía, libido, introversión, extroversión, etc. Y aunque Jung no fue el primero en dedicarse al estudio de la actividad onírica, sus contribuciones al análisis de los sueños fueron extensas y altamente influyentes. Su obra es prolífica, entre ensayos, seminarios, epistolarios y entrevistas, sus enseñanzas han sido atesoradas por sus seguidores: Los arquetipos y el inconsciente colectivo; Psicología y alquimia; Psicología de la religiones occidental y oriental; El fenómeno del espíritu en el arte y la ciencia; Análisis de los sueños; Freud y el psicoanálisis; muchos de sus ensayos están compendiados en El libro rojo(Liber Novus) y Los libros negros.

Como pionero del sicoanálisis, Jung descubrió la existencia de un inconsciente colectivo, del que surgían los diferentes arquetipos heredados (familiares) y transmitidos (culturales), así como la de un inconsciente personal, en los que se acumulaban los conflictos y experiencias del individuo; a estos los llamó complejos. Según su teoría, los complejos evolucionan a medida que la persona va construyendo su identidad. En su estudio de los sueños y las expresiones artísticas, Jung percibió la importancia de lo simbólico y representativo, porque permitían aclarar el contenido del inconsciente en la conciencia; así como el gran valor de la dimensión espiritual. El ser humano es religioso por naturaleza, afirmaba, y su obra entera gira en torno a la búsqueda de esa armonización de lo profano con lo divino.

En su autobiografía, Jung nos revela los más íntimos detalles de sus inquietudes humanas. Había que mirar hacia adentro para despertar del verdadero sueño que era, mirar fuera de sí mismo. Tanto en su teoría como en su aplicación clínica, Jung enfatizó la conexión funcional entre la estructura de la psique y la de sus manifestaciones culturales. Esto le llevó a incorporar en su metodología, nociones de las materias más cercanas al pensamiento y la mente humana: la antropología, la alquimia, los sueños, el arte, la mitología, la religión y la filosofía.

En cuanto a la teología y las prácticas religiosas fundamentalistas, Jung las desdeñó porque no correspondían a su experiencia con Dios. Desde su punto de vista, la psiquiatría no era una creencia teológica, pero a ambas les faltaba tanto la crítica del conocimiento como la experiencia. Desde entonces no hubo para él otra meta más que la psiquiatría. “Sólo aquí las dos corrientes de mi interés podían confluir y encontrar su cauce por medio de un declive común. Aquí se hallaba el campo común de las experiencias de los hechos biológicos y espirituales, que por todas partes yo había buscado sin encontrarlo. He aquí, por fin, el lugar en que el cruce entre mi naturaleza y espíritu era ya un hecho”.

Jung fue un viajero incansable, interesado como estaba en los ritos y mitologías de las culturas primitivas y las antiguas civilizaciones. Sus últimos años los dedicó a dictar conferencias, conceder entrevistas y terminar la construcción de su casa de campo en Zúrich, a la que llamó Bollingen. Murió el 6 de junio de 1961, dejándonos el legado maravilloso de su encuentro con lo mejor de la existencia humana. 

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