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Editorial  |  04 marzo de 2021  |  07:45 AM

Una ciudad sin control político

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Rindió informe de sus 14 meses de gestión el alcalde de Armenia José Manuel Ríos Morales ante el concejo de la capital quindiana.

En el mismo el mandatario explicó “los avances, proyectos y actividades que ha realizado, por la ciudad, en estos 14 meses, después de su posesión, y lo que se viene ahora para la capital del Quindío. Temas como presupuesto, fortalecimiento de bomberos, conciliación de cuentas bancarias de salud, educación y valorización; intervención de infraestructura educativa, malla vial, reactivación económica, fortalecimiento institucional, entre otras cosas, hicieron parte de la presentación del mandatario local”.

De acuerdo con la oficina de prensa de la alcaldía el informe del mandatario entregado al concejo consta de 150 páginas. Anunció el alcalde durante su intervención las gestiones actuales. Pueden leer frases como las siguientes: $180 millones de pesos para la realización de gimnasios al aire libre; entrega del parque de Chilacoa a Findeter; Armenia puede crecer de una manera ordenada y controlada; avenida de Los Guayacanes será una realidad; la seguridad es un punto en el que estamos trabajando fuertemente; construcción del centro de convivencia ciudadana. (Aprobado para hacerse en el parque Uribe) $2.000 millones de pesos para cofinanciar el pabellón para los sindicados para la atención de 150 personas en la “cárcel Peñas Blancas”, donde la administración dispondrá de $1.000 millones de pesos; durante este fin de semana se vacunaron más de 100 adultos mayores; Armenia está preparada para albergar las vacunas. Se tienen tres sitios: Centro Bienestar de la Universidad del Quindío, Coliseo del Café y el estadio Centenario; y reactivación de las unidades móviles para la atención de perros y gatos”.

Todo este informe no dejó de ser más que palabrería, retórica donde la acción, las obras, están absolutamente ausentes, excepto algunas que provienen de los gobiernos pasados o del gobierno nacional, como la reactivación de las obras de los colegios públicos.

Lo que sorprende es la actitud de los concejales. El informe del alcalde pasó sin pena ni gloria, sin reclamos ni recriminaciones, sin reparos o controles; el ejecutivo en el concejo de Armenia tiene la “verdad”, como la han tenido los mandatarios de Armenia en los últimos 20 años, ante una junta directiva de la ciudad, concejo, que tiene otros intereses, diferentes al progreso, al desarrollo de la ciudad o en beneficio de sus ciudadanos. Concejales, la gran mayoría, con ‘raras’ excepciones, que parecen anestesiados, que no alcanzan a dimensionar el atraso y el caos en el que permanece la capital quindiana ante el incumplimiento de responsabilidades de sus gobernantes.

Nos preguntamos ¿Cuándo fue el último control político y administrativo que la corporación le hizo a un alcalde? ¿Cuándo y cuáles concejales han citado a la ciudadanía de Armenia a un verdadero debate para evaluar a la administración municipal, tan inoperante y fallida en los últimos años? Ha deshonrado el concejo municipal la confianza ciudadana, y no lo decimos por la composición actual, sino por lo que ha sido esa corporación en los últimos 20 o 30 años. Y, peor aún, los ciudadanos no solo parecen más anestesiados que los propios concejales, sino masoquistas en todo el sentido de la palabra, pues cada cuatrienio los aporrean, los garrotean y parece no importarles un bledo.

Los concejos municipales son corporaciones político-administrativas donde su principal función es la de ejercer un control político sobre el ejecutivo, control que si se hiciera de forma eficiente, seguramente sería importante para debatir sobre los grandes problemas que se tienen en la ciudad. Por la historia que conocemos, principalmente en la ciudad de Armenia, es muy pobre el control que los concejales ejercen sobre el ejecutivo. Aunque hablen en su retórica de la ciudad, es realmente mucho más el interés que tiene sobre la contratación y sobre la parte burocrática, su razón de ser en el concejo. Es por ese pobre control y por su afán burocrático y de contratación que, lastimosamente, terminan los concejos municipales doblegados, sometidos al ejecutivo.

Quisiera uno ver en Armenia a algunos de los concejales alzar su voz de protesta. Los que están por fuera de la coalición, por lo menos ellos deberían de llevar la bandera de la ciudad, enfrentar y poner en evidencia la situación crítica por la que atraviesa la administración municipal y por ende la ciudad y en este caso el no cumplimiento de los planes de desarrollo y el manejo inadecuado que se viene haciendo de la parte administrativa y técnica del municipio. Se quedan en la resignación, en la peregrinación de los que promulgan: “una sola golondrina no hace llover”. No cabe duda, la crisis, la caótica situación por la que atraviesa la ciudad en todos sus frentes le compete en un alto porcentaje al concejo municipal.

Fue allí donde se urdió el plan de obras de valorización, a sabiendas, de todos los concejales, que detrás de los contratos estaba el señor Francisco Valencia, el exesposo de la exalcaldesa, quien paga en la cárcel por los delitos que cometió en contra de la ciudad y la ciudadanía, con la anuencia del concejo municipal.

Y qué decir de la asambleas departamentales, una figura que distinta a la de los concejos municipales en el sentido de que los miembros de esta corporación ganan honorarios y los diputados son considerados empleados públicos y por lo tanto se pensionan, trabajan solo seis meses al año, si se puede decir que trabajan, y un mes de extraordinarias. Y, ahora, el último regalito que les acaba de dar el Congreso de la República, les aprobaron las vacaciones, realmente lamentable.

En los últimos años, al igual que el concejo, la tarea fundamental de la asamblea departamental es la de aprobar un plan de desarrollo, elegir un contralor, aprobar los presupuestos anualmente y pare de contar, porque, de control político es poco o nada lo que aporta. El ejecutivo también es quien tiene la “verdad” en esta corporación. La complejidad en el manejo del departamento no tiene cabida en las agendas de los diputados, es más importante colgar una medallita que velar por el progreso del departamento, que no les interesa.

La grave situación de atención en salud, las carencias en educación, las evidentes fallas de la malla vial del departamento, el abandono del campo, el desempleo y por ello la pobreza rampante, el aumento de la indigencia, del microtráfico, de la inseguridad, no tienen cabida en la asamblea departamental, como tampoco el desorganizado turismo, a punto de acabar con la gallinita de los huevos de oro. Dicen que no hay peor ciego que el que no quiere ver, es el caso de la asamblea, a sus integrantes les produce ceguera total cualquier cosa distinta a sus intereses personales, burocráticos y al igual que a los del concejo, politiqueros.

La mayoría de los integrantes de ambas corporaciones llegan a estas con el único propósito de trabajar su clientela y presupuestos personales para la próxima contienda electoral, para continuar con ese círculo vicioso que tiene a Armenia y el Quindío sitiados en el caos y el atraso.

No obstante, no perdemos la esperanza de un verdadero despertar de los armenios, de los quindianos y en general de los colombianos que vivimos en esta región. Un despertar tanto de aquellos que callan y otorgan y de los que permanecen en las listas de lo politiqueros como garantía para permanecer en el poder. Un despertar para rescatar al Quindío y a Armenia de las garras de la incompetencia, la inoperancia, la corrupción y encarrilarla por la senda de la organización, el orden, el progreso y la moral.

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