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Educación  |  24 mayo de 2021  |  12:01 AM |  Escrito por: Administrador web

La piel de Juego

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Un texto de Alberto González Q. Publicado originalmente en el libro Recordar es jugar. Un proyecto del grupo Café y Letras Renata.

Dentro del conjunto de las pieles para el fortalecimiento y desarrollo de la Creatividad definidas como la Capacidad de asombro, la Motivación intrínseca, la Imaginación, el Conocimiento, la divergencia, la lúdica y los valores (González 2016), se inscribe en el escenario de la Lúdica la Piel del Juego, concebida como la dimensión humana expresiva, que permite asombrarse, recrearse, solazarse, imaginar, crear y conjugar con significado. Se determina como una condición primaria de la persona enraizada con su sistema límbico y con funciones asociadas a los dos hemisferios cerebrales, se relaciona con la inteligencia, la habilidad kinésica corporal y con la interioridad del ser.

El juego visto desde la ciencia integra procesos cognitivos, emocionales y energéticos, en el campo biológico, psicológico y cultural. En el mundo de la vida el juego es parte de lo cotidiano. Nace de manera espontánea en la niñez donde se desarrollan los procesos básicos de comunicación, participación y socialización con los otros, bien sea en la familia, el vecindario o la calle. El juego por su importancia es necesario estudiarlo, recuperarlo y elevarlo debidamente a la consciencia.

Desde lo biológico, el juego permite la conectividad neuronal generando impulsos químicos y eléctricos caracterizados por su velocidad y fluidez sináptica. Se considera una acción y reacción funcional perteneciente al sistema límbico alojado en la paleocorteza de nuestro cerebro mediada por las emociones y los sentimientos.

El Juego se configura como una acción y respuesta que combina procesos mentales primarios con estados superiores de consciencia. En el cerebro animal el juego es instintivo, atado a manifestaciones de motricidad, identidad y afecto con la manada, hasta los animales más feroces retozan, y a través de este acto proveen reconocimiento, acondicionamiento físico e igualmente procesos de comunicación.

En el ser humano, esta condición dinámica y energética primaria se hace más significativa. Se entrelaza con procesos cognitivos y afectivos que hacen del juego una dimensión de aprendizaje y de desarrollo. Todo lo que provenga del juego tiende a ser interiorizado, se configura como una operación cognitiva/afectiva/conativa trascendente, que le ofrece significación y sentido al ser humano en los procesos de representación, simbolización y socialización.

Desde lo psicológico el juego permite tomar consciencia del ser actuante, mediante los procesos de representación y simbolización, proveyendo alternativas de ejercicio e interpretación de la vida y los acontecimientos, apropiando en el juego la vida misma.

Es por esto la importancia que se le debe dar al juego y a su legado generacional. Faculta la simulación, la flexibilización de paradigmas, otorga poder de dimensionar, transformar, de revivir y proveer cambios sin riesgos, (se está jugando), hace posible interpretar procesos, hacer disrupciones, cambiar patrones, normas, divergir y perder el miedo a equivocarse (porque es un juego), así el juego se convierte en un acto de comunicación, aprendizaje y creación.

Esta actividad lúdica divergente, provocadora y libertaria en el escenario de una sociedad donde se cobra el error con altos precios y consecuencias, en la que se tiene pavor a ensayar, experimentar y equivocarse, donde se evalúan las acciones desde el paradigma de lo establecido, del reproche a lo divergente, al qué dirán, donde se reverencia lo serio y circunspecto, hace que cualquier elemento que se salga de los patrones predeterminados por la cultura, es mirado con reserva y desdén.

El juego, gracias a su condición de posibilidad intrínseca, permite transitar por la divergencia al flexibilizar los márgenes y los paradigmas, o a salir de ellos sin ser tildados de irracionales, absurdos o ilógicos. Al acariciar una idea o un procedimiento por fuera de lo establecido o determinado como serio y correcto. El juego por su condición primaria, sutil e irreverente, nos otorga la posibilidad de transitar por senderos poco usuales, novedosos, enriquecidos y colmados de posibilidades para la generación de ideas originales, pertinentes y relevantes.

En lo cultural, el Juego permite el asumir diversidad de roles, estrategias y posibilidades de comunicación, la mayoría de ellas no convencionales. Aún el hecho de recordar el juego es también jugar. En la antigüedad en los reinos se incorporaba dentro de la corte la figura del Arlequín como parte integral de ella. Era uno de los trabajos más serios. Tras la vestimenta de la gracia y el divertimento, el personaje era uno de los más suspicaces y letrados. El encargado por el Rey en las reuniones de bajar el tono a lo circunspecto, de expresar los mensajes que el monarca no podía ofrecer de manera directa o de recuperar ideas y mensajes significativos que se perdían y que para él eran importantes.

La figura del Arlequín en la corte iba más allá del divertimento, era un interlocutor y un estratega. Hoy en día el cavilar y discurrir mediante el juego, lleva a pensar de otra manera haciendo lo familiar extraño y lo extraño familiar, a posponer juicios desde el paradigma reinante, a construir y reconstruir mundos posibles.

El juego transita por dimensiones afectivas y cognitivas preconscientes e interiorizantes. Se enraíza con la lúdica, la alegría y el humor, con la pasión, el deseo y el placer de crear y actuar de forma desinhibida. Igualmente se asocia con la posibilidad de generar múltiples relaciones y posibilidades como lo planteaba Albert Einstein; "el Juego como combinatoria y poder de conjugación".

El juego de esta manera permite crear nuevos conjuntos, asociar de manera diferente, ofrecer espacios (tiene Juego), o a unir elementos por identidad y categoría, (el juego de sábanas, de alcoba, el juego de herramientas o instrumentos, etc.), o como descubrimiento y devenir en el encuentro de nuevas sendas, (jugando de otra forma, adicionando, articulando o adaptando) modificando especificaciones, paramentos y direccionamientos.

Ahí la importancia de Jugar como adultos y hacerlo consciente desde la recordación, recuperando el desparpajo, la capacidad de asombro y el atrevimiento del “Niño Interior” que permanece en nosotros. Una buena forma de hacerlo es jugando o recreando los juegos vividos y los muchos por vivir.

Este acto intencionado provee una acción revitalizante y mediadora entre imaginación y realidad, el hecho de volver a las experiencias pasadas mediante el juego, recrearlas o realizarlas, recupera nuestro imaginario simbólico, expande nuestra consciencia y flexibiliza los paradigmas; la Ciencia y la Innovación han demostrado que todo lo creado por la especie humana ha sido creado dos veces; la primera en la mente, a través de la imaginación y la asociación, y la segunda en la realidad, materializando la idea ofreciendo nuevos y variados elementos a partir de lo existente.

Desde lo educativo se fortalece el aprendizaje y se hace significativo en los procesos de asimilación, comprensión, adaptación y elaboración. El Juego como acto pedagógico permite además del despojarse de ataduras, hacer representaciones didácticas, asumiendo roles y ejemplificaciones, permite hacer simulaciones, crear y recrearse.

En síntesis permite pensar y reflexionar con divergencia, experimentar y equivocarse, crear con libertad dando campo a lo aparentemente absurdo o trivial pero relevante y definitivamente ofrecer potenciales creativos, que con la óptica del razonamiento rígido en el que vivimos, con una búsqueda orientada hacia la única respuesta en lo correcto, no permite ofrecer salidas y soluciones alternativas o novedosas.

El juego a través de su ejercicio o bien de su permanente recordación, se convierte en un crisol para la creación, se configura como el mejor aducto para materializar ideas en realizaciones. El Juego se convierte en el acto más serio que existe, permitiendo crear y recrear dignificando lo humano. “A que te cojo ratón, a que no Gato ladrón”, “A que sí, a que no, ya llegará la ocasión”, “Con una mano, con la otra, con el pie, con el otro, media vuelta y vuelta entera” una posibilidad lúdica y constructiva que dentro del Proyecto “Recordar es Jugar” se dinamiza, se alimenta y reconstruye.

 

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