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Columnistas  |  23 septiembre de 2021  |  12:00 AM |  Escrito por: ÁLVARO MEJÍA MEJÍA

EL PAÍS AL REVÉS

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ÁLVARO MEJÍA MEJÍA

Por: Álvaro Mejía Mejía

Uno se encuentra con noticias como estas, “el presidente, Iván Duque, designó a Alberto Carrasquilla como nuevo codirector del Banco de la República.” Una segunda da cuenta de la captura efectuada por el CTI de la Fiscalía a Emilio Tapia Aldana, cerebro del saqueo de las arcas de Bogotá, dentro del llamado “carrusel de la contratación”, quien, ahora, aparece como ficha clave dentro del escándalo del contrato entre la Unión Temporal Centros Poblados (UT) y el Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones. La tercera informa que la exministra de las TIC, Karen Abudinen, se presentará como víctima en la audiencia contra los capturados del robo al ministerio de las TIC.

Después de leer esas informaciones, uno opta por hacer una nueva lectura con la esperanza de haber interpretado mal, pues no es posible que se haya llegado a tanta desfachatez y cinismo.

El señor Carrasquilla con la reforma tributaria que presentó al Congreso llevó a una explosión social sin precedentes en los últimos tiempos. Las consecuencias de las protestas fueron mayores que la enfermedad que se pretendía aliviar con la susodicha reforma. Parálisis, bloqueos, saqueos, muertos, heridos, incendios, atentados a la fuerza pública, represalias desbordadas, etc. Eso fue lo que vivió el país durante varios días de caos y anarquía. Pero, después de ese nefasto resultado Carrasquilla acaba de ser premiado con una de las dignidades más importantes a las que puede acceder un economista en Colombia, la codirección del Banco de la República, cargo que, además, debería ser ajeno a cualquier injerencia del gobierno por tratarse del banco central, persona jurídica con autonomía administrativa, patrimonial y técnica, sujeta a un régimen legal especial.

El hecho, la captura de Emilio Tapia Aldana por su presunta participación en los hechos que involucran a la Unión Temporal Centros Poblados, adjudicatario y firmante del contrato Nro. 1043 de 2020, el cual buscaba instalar un total de 7.277 centros digitales en igual número de escuelas de las áreas más alejadas del país en 15 departamentos. Este señor Tapia fue uno de los cerebros del “Carrusel de la Contratación en Bogotá”, el más sofisticado entramado de corrupción que aseguraba la complicidad de los más altos funcionarios de los organismos de control de Bogotá y de buena parte de los concejales del distrito capital.

Amables lectores, este bandido solo purgó 3 años y 6 días de prisión. Tan pronto pagó esa pena ridícula se instaló, primero, en un apartamento de barranquilla y, luego, a una lujosa casa del barrio El Poblado sobre la calle 94 norte de esa ciudad.

Las dos orillas dieron cuenta, el 29 de julio pasado, de los contactos de este personaje con otros 2 cerebros del Carrusel de Bogotá, el señor Guido Nule y el abogado Inocencio Meléndez, con quienes, al parecer, comenzó a realizar negocios de contratación pública.

Karen Abudinen, la exministra que no sabía con quien estaba contratando, había llegado a ese alto cargo con el apoyo de Alex Char, cuñado de Guido Nule. Toda esta situación deja mucho que pensar. Lo cierto del caso es que Tapia lo volvió a hacer. Esta vez fueron 70 mil millones de pesos que debían destinarse a instalar centros digitales en las áreas más alejadas del país. Desenlace, ¡se robaron el dinero de los niños!

Pero, no sale uno del asombro, cuando un nuevo titular, la exministra de las TIC, Karen Abudinen, se presentará como víctima en la audiencia contra los capturados del robo al ministerio de las TIC.

¿No debe estar señora vinculada como presunta responsable? ¿Cómo que ahora se presenta como víctima de unos hechos en los que ella participó como funcionaria pública con ostensible negligencia y descuido, por decir lo menos?

Después de leer estas noticias debo concluir que no hay ningún error. Esas cosas pasan en Colombia, por más que parezcan macondianas.

Permítanme, amables lectores terminar con unos fragmentos de ese tango que escribió Enrique Santos Discépolo, Cambalache: “Vivimos revolca'os en un merengue. Y, en el mismo lodo, todos manosea'os. Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor. Ignorante, sabio o chorro, pretencioso estafador. Todo es igual, nada es mejor. Lo mismo un burro que un gran profesor. No hay aplaza'os, ¿qué va a haber? Ni escalafón. Los inmorales nos han iguala'o. Si uno vive en la impostura y otro afana en su ambición
Da lo mismo que sea cura, colchonero, rey de bastos Caradura o polizón. ¡Qué falta de respeto, qué atropello a la razón! Cualquiera es un señor, cualquiera es un ladrón. Mezcla'o con Toscanini, va Escarfaso y Napoleón. Don Bosco y La Mignón, Carnera y San Martín.

Sí señores, esto está revolcado. El país sigue al revés. Y usted y yo leyendo las noticias, sufriendo la desfachatez.

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