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Política  |  21 noviembre de 2021  |  12:00 AM |  Escrito por: Administrador web

¿Sobrevivirá el Centro?

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Por Rubén Sánchez David

Profesor Universidad del Rosario

 

Podría pensarse que la maltrecha situación de los partidos políticos tradicionales y del Centro Democrático, así como las cada día más agudas tensiones sociales, son un terreno propicio para la configuración de un espacio político favorable a la llegada al poder de movimientos sociales y políticos ansiosos de dirigir los destinos del Estado. Al parecer, de acuerdo con las encuestas, prima en el país un sector mayoritario que, más allá de las expresiones radicales vinculadas a la indignación reinante, se inclinan hacia posiciones de moderación y equilibrio. Sin embargo, el cariz que ha tomado la política en las últimas semanas parece indicar que seguimos presos de soluciones conocidas, producto de una visión dogmática y excluyente.

Mucho se ha hablado de un centro político concebido como un espacio que represente un centro de gravedad de una masa compuesta por fuerzas sociales deseosas de mitigar la polarización que ha caracterizado la vida política de los últimos años. De allí que algunos pregonen la necesidad de alejar el país de los extremos o que su misión es unir el centro político.

El problema, no obstante, radica el hecho inocultable de que la política significa, entre otras cosas, confrontación, lucha por conquistar el poder, sujeta a una estrategia y una entidad propia que no estén limitadas por un orden táctico. De lo que precisamente carecen los distintos proyectos “centristas” que intentan organizarse con los ojos puestos en las elecciones de 2022 y hasta ahora incapaces de establecer una conexión con el sentir general del electorado.

Está claro, y así lo han comprendido las distintas organizaciones políticas, que ninguna está en capacidad de llegar sola a la Presidencia de la República y que su gobernabilidad depende de su representación en el Congreso de la República, lo que da pie para que se conjugue toda suerte de intereses individuales y grupales que enturbian la necesaria transparencia de toda alianza o coalición.

El tema de los pactos entre fuerzas políticas es parte del juego democrático y aparece con luz propia cada vez que se pone en juego el poder político mediante elecciones. Son mecanismos legítimos para formar mayorías y realizar determinados proyectos.

En el momento actual existen dos coaliciones con perfiles definidos, si bien una de ellas comienza a desfigurarse mientras surge la posibilidad de una tercera planeada para evitar el triunfo de la primera.

En un extremo de la arena política se encuentra el Pacto Histórico en el que se destaca la figura de Gustavo Petro a quien sus adversarios han demonizado. En otro extremo la extrema derecha que no ha definido quién ha de liderar el contingente que la representa. Y entre esas fuerzas, claramente identificables, tratando de llenar un vacío, la Coalición de la Esperanza, identificada como de “centro izquierdo”.

Una reflexión serena llevaría a concluir que una opción centrista es la indicada para atemperar una situación de extrema polarización. La experiencia histórica muestra, empero, que los intentos por consolidar fuerzas centristas son casi siempre fugaces y abocados a la desaparición.

Margaret Thatcher quien tenía las cosas claras, expresó alguna vez que “Estar en el centro de la carretera es muy peligroso; te atropella el tráfico en ambos sentidos” Es lo que parece estar sucediendo en la Coalición de la Esperanza condenada a la práctica del funambulismo para mantener el equilibrio mientras da bandazos a derecha o izquierda y haciendo grandes esfuerzos para mantener cierta unidad. Los Verdes ya hicieron carpa aparte para presentar su propia lista al Senado y algunas figuras que la coalición quisiera para ella no se deciden a dar el paso, como Alejandro Gaviria, atraído por el canto de otras sirenas, en este caso proveniente del proyecto de una nueva alianza en ciernes llamada por su inspirador la Coalición de la Experiencia.

Juan Carlos Echeverry, promotor de la Coalición de la Experiencia llamada a convertirse en un proyecto de centro derecha ha dialogado con Enrique Peñalosa, Federico Gutiérrez, Dilian Francisca Toro, Juan Manuel Galán, David Barguil y no descarta a Alejandro Char quien ha anunciado su intención de recoger firmas para avalar su aspiración presidencial.

Queda camino por recorrer y los partidos, concentrados en los habituales desacuerdos por las listas al Senado no han seleccionado sus candidatos, pero las fechas decisivas se acercan inexorablemente. En marzo serán las elecciones de Congreso y se conocerán los candidatos a la Presidencia. La primera vuelta para las elecciones presidenciales serán el 29 de mayo y la segunda vuelta el 19 de junio. En otros términos, queda poco tiempo para conocer los programas de los distintos aspirantes y este es un factor que no se puede pasar por alto.

En las condiciones actuales es imposible hacer vaticinios y, de hecho, buena parte del electorado está indeciso, pero hay hechos que no se pueden dejar de lado. En primer lugar, la inocultable desinstitucionalización generada por este gobierno; en segundo lugar, el inevitable enfrentamiento entre partidarios del statu quo y los partidarios del cambio y, por último, que el centro no sobrevivirá a menos de que tenga identidad propia y encarne un proyecto propio. El centro no puede contentarse con ser un punto equidistante entre dos extremos ni una simple mezcla de ideologías.

La equidistancia es imposible, entre otras razones, porque muchos de los asuntos políticos son de “sí” o “no” y no hay escala que valga. El “pantano” pude ayudar a formar o desbaratar mayorías, pero sin ideas propias y claras no puede ejercer el poder sin estar condenado a compromisos permanentes que desfiguren lo prometido a los electores.

TOMADO DE REVISTA SUR

https://www.sur.org.co/sobrevivira-el-centro/

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