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Editorial  |  17 diciembre de 2021  |  08:01 AM

Educación: pobreza sin par en el Quindío

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El 2021 fue un año atípico para la educación, sobre todo para los estudiantes y maestros de las instituciones educativas oficiales como también para padres de familia y cuidadores de los escolares.

En Armenia, y el Quindío, después de más de un año de escolares y docentes permanecer en la virtualidad como consecuencia de la pandemia, en junio retornaron a las aulas de clase, a la presencialidad pero de manera irregular. En una mayoría de establecimientos educativos por burbujas, término utilizado para designar un grupo de 20 o menos estudiantes, asistiendo unos días la mitad de la lista de cada grupo y otros días la otra mitad.

El aislamiento de los estudiantes, la virtualidad académica desde sus hogares, los problemas económicos y sociales generados por la pandemia fueron entre otras las características del año escolar atípico 2021.

Dejó el 2021 muchas enseñanzas y experiencias en el nivel educativo, entre ellas la más destacada la falta de conectividad que padecen muchos de los estudiantes que desde sus hogares no pudieron tener acceso a las clases virtuales por falta de un computador o de un celular y ante todo por carecer de los recursos para pagar internet. Esos estudiantes, que fueron muchos, recibieron sus clases a través de talleres o guías que eran elaboradas por los maestros, reclamadas y luego llevadas por los padres de familia y cuidadores a las instituciones educativas cada semana. La situación dejó al descubierto que son muchos los hogares quindianos que no tienen acceso a la tecnología de las comunicaciones.

Benefició la virtualidad a los maestros porque tuvieron la obligación de estudiar y aprender sobre las nuevas tecnologías de la comunicación para poder responder a los jóvenes que como todos sabemos las manejan a las mil maravillas.

Una bonita experiencia de las clases en virtualidad, de acuerdo con varios docentes, fue la intervención de muchos de los padres, sobre todo madres, en algunas de las clases incluso llegando a realizar los trabajos de exposición en compañía de sus hijos. Al recibir las clases en las casas los padres contaron con la tranquilidad de no adquirir el virus por un lado y por el otro el control sobre sus hijos, al igual que un poco de economía en lo relacionado con el transporte, elementos de estudio y loncheras.

Llega la presencialidad a mediados de año y los primeros que se hicieron presentes en las aulas fueron los estudiantes que no contaban con conectividad, muchos de ellos conocidos solo en las listas escolares. Algunos pocos con problemas de comorbilidad se quedaron en casa para protegerse del virus y fue necesario mantener la conectividad, aunque muchos se vieron obligados a asistir a los planteles porque indiferentes a su situación económica, de salud o social las autoridades educativas exigieron el retorno a las aulas de manera presencial.

La educación por burbujas, en la presencialidad, es decir por grupos de menos de 20 estudiantes, también dejó grandes experiencias. En la mayoría de los casos se pudo realizar una educación personalizada, mayor acercamiento de estudiante-maestro y por ende mejores relaciones en cuanto a lo personal y al conocimiento, destacaron algunos maestros, qué además afirmaron el acierto que sería para la educación contar con solo 15 0 20 estudiantes en las aulas de clase.

Deja también al descubierto este año atípico para la educación un drama social que muchos conocemos, que está ahí latente, que muchos prefieren callar, mantener en silencio porque es uno de los puntos neurálgicos que mantiene la sociedad quindiana en crisis: la descomposición del núcleo familiar. La pobreza consecuencia de la falta de empleo y de este el rompimiento de las familias, la desigualdad, la falta de oportunidades han hecho mella en un amplio número de la población de Armenia y del Quindío, factores latentes en las clases marginales de la ciudad y del departamento.

Muchas familias se desintegran porque el padre o la madre se ven obligados a emigrar a otros países en busca de mejores oportunidades preferiblemente España, Estados Unidos, Chile, Australia. Los niños y niñas se quedan al cuidado de sus abuelos, de sus tíos o tías y algunos casos de amigos o vecinos de sus padres. Estos niños y niñas sienten la falta de su hogar del cuidado y la protección, del amor y el interés de sus padres para salir adelante. Son jóvenes faltos de atención lo que redunda en su rendimiento académico y en su comportamiento social. Quedó al desnudo en el 2021, lo que se ha dicho a hurtadillas: en la tierra del café son muchos los niños huérfanos de padres vivos.

También y más grave aún se evidenció en este año atípico para la educación una gran cantidad de niños y niñas abandonados, sin padres, sin hogar que dependen, algunos, de las llamadas madres sustitutas que en Armenia son más de 130 y en el Quindío superan las 180. “Soy la nueva mamá sustituta de Pepita Pérez, soy la nueva mama sustituta de Pepito Pérez” fueron palabras que quebró el corazón de muchos maestros al enterarse que varios de sus estudiantes cambian de mamá sustituta o de hogar sustituto de acuerdo con conveniencias económicas y de comportamiento, como fichas de un juego en donde poco importa el ser humano que se está formando. Y para no creer, hay niños que han cambiado más de ocho veces de madre sustituta. ¡Qué esperanzas¡

Peor aún, ante la situación planteada, la falta de atención sicológica en los planteles educativos. El gobierno dejó al descubierto lo mínimo que le importa la educación y los problemas que se viven al interior de la Escuela. Los pocos orientadores que existen para las instituciones educativas y sus sedes escasamente alcanza para atender el 5% de la población escolar, mientras que una gran mayoría padece el rigor de un gobierno que se debate entre la ambición y los intereses personales.

Sigue siendo un reto grande la educación en Colombia, y en el Quindío ni se diga. La educación en los planteles oficiales no puede ser de calidad mientras las autoridades correspondientes no tengan la conciencia suficiente del verdadero papel que juega la educación para el cambio de la sociedad. Mientras sigan comulgando con amañados recursos que no alcanzan a cubrir ni las necesidades materiales y menos aún las del recurso humano como profesores, orientadores y personal de servicios.

La educación en Colombia, como en los viejos tiempos, sigue siendo la Cenicienta.

“Un pueblo ignorante, es un pueblo fácil de engañar y manipular”. Paradójica y tristemente, esta premisa del Che Guevara parece ser la que más utilizan nuestros dirigentes para mantenerse en el poder.

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