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Mundo  |  11 abril de 2022  |  12:00 AM |  Escrito por: Administrador web

ESENCIA Y MISIÓN DEL LÍDER

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​​​​​​​Por Gloria Chávez Vásquez

Por Gloria Chávez Vásquez

Antaño, en los países europeos, hubo la creencia popular de que al nacer una persona sus hadas madrinas visitaban la cuna, para dotarla de cualidades, mientras los duendes se ocupaban de insertar defectos. De ese modo la criatura emprendía su vida y su destino. Al que estaba llamado a liderar un reino, por ejemplo, lo investían de coraje, y, sobre todo, mucha sabiduría. Al parecer, las hadas fueron secuestradas por los duendes, y por eso, en la actualidad, dotados solamente de defectos, muchos fracasan en su labor de líderes.

El estilo oriental de liderazgo, está basado en la sensibilidad y la observación. Es el caso en el Japón y otras culturas milenarias como la del Tíbet, donde el líder es escogido, elegido y consagrado como tal. La filosofía del taoísmo (enseñanza en el camino), rechaza el poder adquirido por medio de la mentira, la trampa y la manipulación. El liderazgo de servicio se centra en la moral y la conciencia, la confianza de servir a otros y el desarrollo de un sentido de humildad. El filósofo chino, Lao Tse aconsejaba en el Tao Te Ching que, para guiar a los demás, el líder debe caminar tras ellos cuando todo va bien, pero debe tomar la primera línea cuando hay peligro.  

En Occidente, en el sentido integro de la palabra, el líder es un ser humano especial, en vías de evolución constante. Walt Disney lo definía como a la persona que ha demostrado capacidad, sabiduría y competencia, para que un grupo grande o pequeño, esté dispuesto a confiar en su autoridad.

Repasemos, ya que hemos olvidado, la esencia y misión del verdadero líder.

El liderazgo está asociado con el poder, y su responsabilidad y compromiso, puede llegar a ser una carga muy pesada. Muchos redentores resultan crucificados por una humanidad que se debate entre la crueldad de los instintos primitivos y el agobio de la vida moderna. Por otra parte, demasiados aspirantes a lideres son dueños de personalidades tóxicas, cuando no matones, flojos o indecisos, motivados solo por su ego, avaricia, o sus obsesiones mesiánicas. Como observaba Kǒng Fūzǐ, el mal líder sabe lo que se vende mejor y por eso confunde a los menos avispados.

Pero, aunque el líder no sea perfecto, en su misión de liderar, debe acercarse a la perfección. Un líder no posee todas las cualidades y por eso debe rodearse de un equipo de personas integras, leales, valientes e incorruptibles que lo complementen. No es suficiente querer ser líder, ni tener muchos seguidores, especialmente si esos seguidores no están capacitados o entrenados para la misión. El escritor latino, Publio Ciro, aseveraba que cualquiera puede sostener el timón cuando el mar está en calma. Pero el verdadero líder sabe maniobrar en la tormenta sin hundir el barco. Su carácter es firme, sin caer en la arrogancia o la grosería; es amable pero no débil; reflexivo, pero no perezoso; confiado, pero no crédulo o indeciso; es humilde pero no tímido; es recursivo sin ser pedante, escribe Jim Rohn, autor de La guía del Liderazgo.

Carisma y personalidad: El carisma no se improvisa. Es el poder de atracción que posee un individuo, una de las cualidades necesarias para liderar. Es una química o magnetismo físico, mental y espiritual que emana de ese ser humano especial con la capacidad de organizar y guiar la conducta de un grupo hacia un objetivo concreto.

Napoleón Bonaparte poseía una asombrosa cantidad de cualidades de liderazgo. Era dueño de una memoria prodigiosa y sabia la importancia de delegar. Su jefe de personal aseguraba que incluso en su carruaje podía ubicar geográficamente cada unidad de su ejército. Asesorado por sus generales más brillantes, Napoleón organizaba su información y planeaba meticulosamente, lo que le permitía apreciar el terreno y prever lo que estaba al otro lado de una colina. Cronometraba sus ataques con nervios de acero, incentivando el ánimo colectivo; controlaba además el ciclo de noticias, adaptaba las tácticas, y era intransigente cuando era necesario.

La comunicación efectiva es crucial en el liderazgo. Es famoso el uso magistral de la oratoria de Abraham Lincoln en discursos como en el de Gettysburg; la elocuencia inspiradora de Winston Churchill levantó la moral y animó las tropas aliadas durante la II Guerra. Mas reciente es el ejemplo de la agudeza en el discurso de Ronald Reagan. Pero el líder sabe también cuándo callar. John Heider autor de El Tao Del Liderazgo, recalca que el silencio es la fuente de energía del líder.

La energía y capacidad de concentración de Churchill es legendaria. Trabajaba en su cama desde muy temprano y no desayunaba hasta tener una agenda definida. En equipo con su secretaria, mantenía un excelente sistema de archivo y procesamiento de información. Poseía una gran habilidad para planificar y adaptarse a las circunstancias.  

El escritor alemán Wolfgang Goethe consideraba que aparte del carisma, la habilidad para unir en lugar de dividir, era la primera señal de liderazgo. De ahí que la empatía sea otra de las cualidades imprescindibles del buen líder. El basquetbolista y luego senador estadounidense Bill Bradley, coincidía en que el líder desbloquea el potencial de la gente para hacerlos mejores. Las personas que manejan el poder sabiamente no intentan impresionar, ni influir en los demás. Simplemente son, anota Sanaya Roman en su obra Crecimiento espiritual.

Lo que el estratega franco-inglés Liddell Hart llamó Iniciativa mental y determinación o persistencia fueron personificadas por George Washington durante la evacuación de Brooklyn a través del East River en agosto de 1776. Ese día, Washington aprovechó una rara combinación de niebla baja y dirección adversa del viento, para impedir que los ingleses eliminasen la débil fuerza de nueve mil hombres que le quedaban. Su acertada improvisación, conocida en el campo de batalla como “irracionalidad oportuna” dio muestra de la templanza de sus nervios. La capacidad de actuar con calma bajo presión es la quintaesencia del liderazgo y otro de los elementos que definen a un gran líder. En palabras del estadista alemán Otto von Bismarck, el líder debe esperar y escuchar hasta que perciba los pasos de Dios sonando a través de los eventos.

Los grandes líderes tienen en común su conciencia política y su profundo conocimiento de la historia. Entienden además el sentimiento público, aprecian el terreno político y económico sobre el cual hacer campaña o trabajar. Abraham Lincoln, insuperable como líder en el panteón estadounidense, contó con un sexto sentido y una gran disposición para enfrentar tormentas políticas. Fue así como supo lo que la Unión podía aceptar y cuándo lo haría; Lo que se le podía pedir y lo que no cabía solicitar en un momento dado; lo mismo que lograr los tratos necesarios y despedir a generales ineptos o desleales.

De acuerdo con Dwight Eisenhower, general y presidente de Estados Unidos, las cualidades supremas del líder son su integridad y sinceridad. Un verdadero líder no puede funcionar con la mentira. De lo contrario es un farsante que pone en peligro la seguridad y bienestar de los demás. El líder sabio no trata de proteger a nadie de sí mismo. Es convincente porque dice la verdad; puede hacer que la gente vea que son parte de un propósito que importa más que su existencia, y así, el espíritu de liderazgo se infunde en ellos. Los corruptos pueden acusarlos de estar mintiendo o de que sus acciones son siniestras, pero cuando la gente está en sincronía con la moral y la conciencia de un buen líder, en lugar de entorpecer su trabajo, ese liderazgo es exitoso. 

Albert Schweitzer creía que solo se puede liderar con el ejemplo. En cuanto al estilo del líder, Thomas Jefferson pensaba que este tenía que nadar con la corriente y sus principios debían ser sólidos como la roca. A veces, por supuesto, tener todos los atributos no es suficiente. La suerte y el azar juegan, sin duda, un papel importante en la misión de liderar. Presentes en el escenario de la historia, la fe y la esperanza socavan las teorías deterministas o tiránicas de que el progreso de la humanidad se establece a partir de reglas rígidas y nada creativas.

En esta época insólita, en el que los lobos se han infiltrado en el rebaño y hemos dado al zorro licencia para cuidar de las gallinas, mucha gente continúa restando importancia a lo que Albert Einstein definía como la responsabilidad de un pueblo libre de ser capaces de elegir su propio líder. Y añado, un verdadero líder, no un títere o un megalómano. Ahora que está de moda entre la juventud adoctrinada, negar a los líderes sus obras y demonizar el carácter de quienes tratan de guiar por las buenas, el liderazgo se ha reducido al tamaño de la barbarie imperante y la gente, como fichas, se deja arrastrar por los que buscan imponer objetivos políticos o revolucionarios.  

Tras este repaso de la verdadera esencia y misión del líder, la interrogante no es, pues, ¿cuándo se corrompieron nuestros líderes? sino, ¿Cómo permitimos que individuos corruptos, sin más dios que su ambición, secuestraran el poder y pretendieran gobernar destruyendo nuestras sociedades? En este caso resulta cierta la afirmación de El Libertador, Simón Bolívar, de que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen

Gloria Chávez Vásquez escritora, periodista y educadora reside en Estados Unidos.

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