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Columnistas  |  26 septiembre de 2022  |  12:06 AM |  Escrito por: Carlos Alberto Agudelo Arcila

CIEN CUENTOS ATÓMICOS PARA TIEMPOS HIPERBREVES

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Carlos Alberto Agudelo Arcila

                 Carlos Alberto Agudelo Arcila

 

CIEN CUENTOS ATÓMICOS Relatos Hiperbreves es un libro del escritor cartagüeño Álvaro Lopera. En este número de cuentos el autor sigue la esencia estructural del reconocido subgénero en miniatura determinado por el cultor de las letras quindianas Umberto Senegal.  

 

CIEN CUENTOS ATÓMICOS Relatos Hiperbreves es una obra para leerse sin condicionamiento literario alguno ni con bases estructurales determinadas por el cuento extenso. Su lectura no debe desarrollarse con lógica ni con sentido religioso ni sociopolítico. Son textos de Minificción cimentados en el absurdo y por momentos en el arte del silencio. El prosista de este valioso corpus cuentístico posee excelente manejo de recursos técnicos al asentar contextos básicos del “Microscópico” -parodiando a Antonio Fernández Ferrer- e implementar el arquetipo de la narración nutrido de cánones propios.  

 

De seguro el lector o el estudioso del “Relato muy breve” –termino predilecto de Pedro Ugarte- quedará sorprendido ante las 20 y quizá menos palabras cuando cuentan una historia de vida o muerte o espectral y lánguida. En ocasiones el leedor sonreirá bajo el influjo de la narración macabra escrita por nuestro citado autor con ironía. O de pronto saltará desde su punto de lectura para ir al encuentro de su propio fantasma.   

 

Álvaro Lopera es un escritor genuino de la literatura hiperbreve. Y digo autor natural del arte de escribir de manera sucinta porque escribe aforismos desde lustros atrás y ejercita su capacidad de asombro a través del cuento atómico, lenguaje intrínseco en su labor escritural hace más de una década.

En diferentes cuentos atómicos aquí comentados hay insinuaciones de una historia la cual debe redescubrir el lector. A veces una ficción lindante con la realidad como decía Julio Ramón Rybeiro: “La historia del cuento puede ser real o inventada. Si es real debe parecer inventada y si es inventada real”. En esta encomiable producción los personajes orbitan en tiempo paralelo a la realidad. El escritor Lopera pertenece a la historiografía subjetiva del arte de escribir narraciones

 

Umberto Senegal en sus constantes indagaciones propone una nueva naturaleza del cuento y con acierto instituye el nombre de Cuento atómico. En uno de sus apartes sobre esta tesis manifiesta: “El cuento atómico es invitación a leerse a sí mismo en la página en blanco. En ocasiones, al cuento atómico se le puede encontrar introducción, nudo y desenlace sintéticos, sin que tales elementos sean necesariamente visibles para la estructura del mismo. Aquí está la esencia del principio dramático de "las tres unidades": un hecho, en un lugar limitado, con un número restringido de personajes". Es inevitable subrayar a Max Aub con su libro Crímenes ejemplares (1957) como un pionero de este subgénero literario.

 

Un cuento no tiene valor de cuento por el solo hecho de ser narrado en episodios inacabables y aburridos e inconsistentes dignos de ser lanzados al olvido. El cuento sin importar su extensión penetra y recrea.  En este libro no solo penetra y recrea también desentraña y se afirma en el vértigo o se mimetiza de cualquier circunstancia.

 

Julio Cortázar “comparaba al cuento con una esfera; es algo, decía, que tiene un ciclo perfecto e implacable; algo que empieza y termina satisfactoriamente como la esfera en que ninguna molécula puede estar fuera de sus límites precisos”. Esta reflexión es aplicable a la literatura expuesta en esta breve reseña. Álvaro Lopera obedece la premisa de dejarnos con el asombro a cuestas.

Invito a leer los siguientes diez cuentos de CIEN CUENTOS ATÓMICOS Relatos Hiperbreves del relator Álvaro Lopera para entrar a recrear nuestros sentidos después de la hora exacta de un siglo cualquiera:

 

 

CEMENTERIO

—¿Qué haces a esta hora aquí? —preguntó el vigilante.

—Creo que me perdí…

—¿Y dónde vives?

—En la tumba 752.

 

 

 

EN LA MORGUE

—No puede estar en esta área —dijo el forense.

—Disculpe usted…

—¿Busca algún cuerpo?

—Sí, el mío.

 

 

AMIGAS DE INFANCIA

—¡Te ves muy joven! ¿Acaso hallaste la fuente de la eterna juventud?

—Claro que sí.

Y le clavó los colmillos.

 

 

PETICIÓN DE HOSPEDAJE

—¿Puedo quedarme esta noche?

—Claro que sí.

— ¿Pero es verdad que aquí hay fantasmas?

—Eso dicen…

Y desapareció.

 

TÉCNICAS PARA DORMIR

Duerme boca abajo, para que lo arrulle el latido de su corazón.

Esta noche, por primera vez, escuchó latir dos.

 

 

EN EL QUIRÓFANO

— ¿Qué hago aquí?

—Usted es donante de órganos.

—¡Pero yo no he muerto!

—Eso a mis clientes no les importa.

 

 

RARA COSTUMBRE

Desde la infancia, miraba bajo la cama todas las noches, antes de acostarse.

La última noche, encontró una mirada macabra.

 

 

INCRÉDULO

Persiguiendo lo que parecía alguien disfrazado de fantasma, le quitó la sábana de encima y no había nadie.

 

 

CRIMEN PERFECTO

Todo estaba calculado, incluso traía puestos sus guantes de látex. Al retirar sus manos del cuerpo ensangrentado, exclamó:

—Enfermera, desconéctelo.

 

EL ANFITRIÓN

— ¿Por qué me visitas cada noche?

—No lo hago.

— ¡Claro que sí!

—No, yo vivo aquí —respondió el fantasma.

 

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