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Editorial  |  23 diciembre de 2018  |  09:22 AM

La necesidad de nuevos líderes

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El municipio de Armenia en su parte administrativa requiere de un cambio total, de nuevos líderes y por ende de nuevos dirigentes que tengan, sobre todo, pertenencia por la ciudad.

Esta época de Navidad, de vacaciones, de descanso nos tiene que llevar a los armenios, a los cuyabros, a una profunda reflexión sobre quienes deben estar como nuestros representantes en los destinos de la ciudad.

Armenia es hoy una ciudad desorganizada por donde se le mire, los politiqueros de los últimos 30 años, con contadas excepciones, han llevado a la capital cafetera al caos administrativo, económico y social.

Armenia permanece perdida en la desidia y el abandono. Poco importa a la mayoría de funcionarios, de contratistas y a una gran parte de los ciudadanos el orden y el progreso de la ciudad. La empresa que mayor empleo genera, la administración municipal, no produce lo que se requiere para el progreso y el cambio histórico que merece la capital quindiana. Y lo peor, los mismos dirigentes en los cargos públicos, los que ya cumplieron su hora, los que pasaron sin pena ni gloria ahora vuelven. Exalcaldes, exgobernadores, exsecretarios de despacho de nuevo en el poder como si nada, con la pertenencia de la ciudad ahogada en sus intereses particulares y en sus incapacidades. Una administración tratando de revivir un partido muerto y otro plagado por la corrupción. ¡Estamos jodidos!

Nos quedamos rezagados en la historia. Da envidia, y de la buena, de Pereira y de Manizales, ciudades que en estos momentos no llevan años luz en desarrollo y en organización, es decir en cultura política y ciudadana. Solo es ver el alumbrado navideño de estas dos ciudades y la ciudad apagada en Armenia.

El progreso y el desarrollo en Armenia ha sido para sus dirigentes el cobro de las coimas a los contratos: se han echado los recursos, los presupuestos del municipio a sus bolsillos, han engañado de manera infame a los armenios, para mantenerse en el poder y desangrar el Erario de la ciudad. Ahora sí entiendo el porqué del denominativo de armeñucos.

Tantos años en las mismas, las mismas campañas, los mismos políticos o sus "testaferros", o herederos, con el mismo cuento, el mismo tamal, la misma lechona, las mismas prácticas politiqueras, la compra de votos y qué triste, no hemos aprendido la lección, somos cómplices del caos y el atraso de la ciudad.

Ahí los tenemos de nuevo, en el poder y en las campañas, las mismas que manejan desde las sombras, desde sus almas podridas por la corrupción. Los armenios no podemos desaprovechar la oportunidad que se nos presenta, tenemos que hacer un estudio minucioso de cada uno de los candidatos que ya se están promocionando para la alcaldía de Armenia. Y no solo los armenios, los quindianos también estamos en la obligación de estudiar a los postulados para la gobernación y para las demás alcaldías, los concejos y la asamblea.

Hay que enterarse bien de la “cola” de esos candidatos, de su prontuario, a qué grupos pertenecen o pertenecieron, quiénes los manejan y mirar bien qué cargos han desempeñado y qué realizaciones destacadas han hecho por la ciudad y el departamento. Los congresistas que hemos tenido en los últimos años, por ejemplo, ya tienen sus candidatos, miremos, evaluemos qué han hecho de relevante nuestros representantes en el Congreso de la República, que solo van a contestar a lista.

Se rebosó la taza, se llegó la hora de un cambio total en los cuadros políticos de la ciudad y el departamento, incluso de veedurías ciudadanas que no estén matriculadas con el mismo poder y por ende con las miserias que les da la corrupción.

No podemos dejar pasar este momento histórico, como tampoco permitir que esta democracia colombiana etérea acepte un gobernante con el 10% de votos, como el caso de Riohacha, la capital de La Guajira, que en tres años acaba de elegir su noveno alcalde con 13 mil votos de un potencial de 130 mil personas aptas para ejercer el derecho al voto. ¡No hay derecho!

Aún nos queda tiempo. La alegría y el espíritu de la Navidad nos deben conducir a considerar el compromiso que tenemos con la ciudad y el departamento, y sobre todo con nuestros hijos, con las nuevas generaciones.

 

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