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Editorial  |  31 diciembre de 2018  |  12:09 AM

Un año terrible para el Quindío

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El año que termina este 31 de diciembre puede calificarse como un año terrible para el departamento del Quindío, pero muy especialmente para la ciudad de Armenia. Terrible porque el nombre de esta tierra fue degradado por cuenta de la corrupción. No estamos seguros, pero se podría decir que fue la ciudad que más sonó en el concierto de la nación por cuenta de sus malos hijos, que quedaron al descubierto de sus fechorías desde la política.

La Procuraduría General de la Nación destituyó a sus dos más importantes mandatarios anteriores, la exalcaldesa de Armenia Luz Piedad Valencia Franco y la exgobernadora del Quindío Sandra Paola Hurtado Palacio, pero, además, las inhabilitó por 12 años para ocupar cargos públicos. Esas dos sentencias quedaron en firme. Para no hablar de otros funcionarios de menor rango, como el exdirector de la Corporación Autónoma Regional del Quindío John James Fernández López, que sufrieron una suerte similar.

Para completar, tanto una mandataria como la otra son objeto de investigación penal, por parte de la Fiscalía General, o, por competencia, por la Corte Suprema de Justicia. Una de ellas, la exalcaldesa Valencia fue retenida y desde comienzos del año está recluida en una prisión de Armenia, donde espera que concluya el juicio en su contra por el denominado ‘robo de valorización’ en la capital quindiana. Y la señora Hurtado enfrentará en enero un juicio similar en la Corte, por contratos presuntamente ilegales firmados en la secretaría de Infraestructura del departamento y en el Plan Departamental de Aguas.

Quedaron al descubierto, igualmente, los contratistas que se prestaron para estos desfalcos, quienes enfrentan también cargos de la Fiscalía, así como otros particulares, es el caso del esposo de la señora Valencia, que también está recluido en una cárcel local esperando el juicio a los cargos que le elevaron.

Y qué decir de la suerte que corrió el alcalde electo de Armenia para este periodo 2016-2019, el señor Carlos Mario Álvarez, que desde mayo de este año también está detenido en una cárcel de Pereira con cargos de corrupción por el mismo sonado caso de la contribución de valorización en la capital quindiana.

Varios diputados actuales y exdiputados son objeto también de investigación por parte de la Fiscalía, por aprobar unas ordenanzas que estaban salidas del orden constitucional. Lo mismo sucede con varios concejales, que cometieron graves faltas disciplinarias, y son investigados por la Procuraduría, tras haberle ‘metido’ politiquería y triquiñuelas a las elecciones del personero (a) de Armenia.

Por donde se ha tocado, se ha hallado un foco de corrupción, que implica no solo a los políticos, sino también a empresarios e individuos que actuaron para quedarse con dineros de los contribuyentes. Por fortuna para la comunidad defraudada, la Fiscalía y la Procuraduría han actuado de forma correcta, tanto en la investigación como en las decisiones que inculpan a los defraudadores, aunque en este diciembre quedaron libres cinco personas sindicadas de hechos presumiblemente punibles en el gobierno de la señora Hurtado, lo que deja muy cuestionado al juez que tomó esa decisión.

El trauma que vive la ciudad por cuenta del encarcelamiento y la renuncia del alcalde Álvarez, ha sido terrible, como lo fueron decisiones que tomó, sin los estudios e investigaciones de rigor sobre el Plan de Ordenamiento Territorial, que había sido aprobado desde el 2009. La ciudad se convirtió en un desorden monumental, en la parte política, administrativa y financiera. Las obras proyectadas quedaron paralizadas y muchas de ellas no se pudieron empezar.

Hay que dejar atrás todo lo malo, para la ciudad, del 2018, y empezar a pensar en la Armenia del 2019 y de los años subsiguientes. No podemos olvidar lo que pasó, hay que mantener la memoria histórica de este año 2018, intacta, para no repetir los desaciertos y hacer que la justicie actúe ejemplarmente. Pero tampoco podemos sentarnos a llorar sobre la leche derramada. Tenemos que trabajar en unidad, desde el concepto político del ciudadano, para reponernos y salir adelante.

El 2019 es un año electoral. Y debemos pensar con sensatez a quiénes vamos a elegir para que oriente los destinos de la ciudad, de los municipios y del departamento. Por nada del mundo podemos dejarnos embaucar de los mismos politiqueros o sus amanuenses, que ya están en campaña.

Como ha dicho el gobernador del Quindío Carlos Eduardo Osorio, ‘estas montañas del Quindío urgen de una política de transparencia para que prevalezca el bien común, sobre los intereses particulares’. En esa línea, debería de ponerse toda la población, para recuperar la ciudad de Armenia del desprestigio y la corrupción que la han carcomido.

 

 

 

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