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Cultura  |  03 marzo de 2019  |  12:00 AM |  Escrito por: Robinson Castañeda.

Cine: Una revolución a toda regla

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Cine: Una revolución a toda regla

Las adolescentes se miran entre sí sin saber qué decir. Las mujeres adultas se sonrojan y permanecen en silencio con la mirada al piso. Los hombres, cuando se les pregunta, responden que es una enfermedad que le da a las mujeres. Otra joven por su parte, intenta exponer en clase lo que entiende, frente a sus compañeros, pero de repente se queda sin palabras, intimidada por el tabú que las ha acompañado por generaciones. Como si cargaran un pecado o la culpa de un delito que les carcome la consciencia.

Alrededor de la pregunta todo es un misterio. Nadie sabe a ciencia cierta cuál es la respuesta adecuada porque a nadie le interesa darla o porque no están preparados y educados sobre el tema. Pero por más que parezca difícil de hablar, se trata de algo sencillo y natural: La menstruación.

Así es el tono con el que se cuenta el documental Period. End of Sentence, o como se llama en español, Una revolución a toda regla. Esta película de 26 minutos de duración y que recibió el premio a mejor documental cortometraje en la última entrega de los permios Oscar de la Academia, busca reivindicar y dar a conocer al mundo el grave problema que hay en el distrito Hapur, en la India, ubicado a unos 60 kilómetros de Nueva Delhi.

La historia, dirigida por Rayka Zehtabchi se sumerge con profundidad, paciencia y mucho respeto, en el mundo de las mujeres de ese lugar. Conoce sus miedos y vergüenzas. También muestra el desconocimiento que afrontan y como deben sobrellevar todos y cada uno de los aspectos relacionados a la menstruación en su comunidad, que van desde la falta de aseo personal, porque para ellas no existen las toallas higiénicas, hasta la forma de afrontarla en sus colegios, trabajos y familia.

- Así se elimina la sangre sucia. Dice una matrona de uno de los caseríos.
- Las mujeres no vamos al templo cuando estamos menstruando pues los ancianos de la familia dicen que mientras una mujer tenga el periodo, sus rezos no son escuchados. Asegura una adolescente.

Y es que ver esta narración es un viaje al pasado. Al oscurantismo puro y medieval donde la mujer es un objeto sumiso, sin voz ni voto ante el hombre. Por él pierde sus oportunidades de independencia y progreso aún más cuando se casan.

La película no solo se queda en darnos a conocer ese mundo lleno de misticismo, intimidad y verguenza, ni busca dar una solución, también registra cómo gracias a una iniciativa social extranjera, se empieza a gestar poco a poco una revolución silenciosa, sin violencia y sana, para que las protagonistas de la historia y miles como ellas en este mismo país, tengan el acceso social, económico y fácil a las toallas higiénicas, pues según estadísticas menos del 9% de mujeres en la India las usan, bien sea por el ya mencionado tabú o razones de extrema pobreza.

Así la idea que cobra vida con esfuezo y voluntad, logra un cambio trascendental y alcanza a ser una voz que se alza poco a poco frente al silencio, para decir que todo puede ser mejor, diferente y digno. Que por más que parezca y nos neguemos a aceptarlo, estamos en pleno siglo XXI y somos humanos.

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