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Editorial  |  11 mayo de 2019  |  08:35 AM

Trabajo, sinónimo de paz

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A propósito de los 100 años de creación de la Organización Mundial del Trabajo, OIT, se llevó a cabo en Armenia el foro denominado Colombia Avanza en Seguridad y Salud en el Trabajo, evento convocado por el ministerio del Trabajo y el Viceministerio de Relaciones Laborales e Inspección en cabeza de Carlos Alberto Baena.

El encuentro en donde estuvo además como invitado especial Italo Cardona coordinador de la OIT en Colombia, giró en torno al tema de la seguridad laboral sobre todo en los agricultores especialmente la de los cafeteros colombianos, para lo cual se enfatizó en la construcción de “una estrategia o una hoja de ruta que permita promover un entorno más seguro y saludable en el sector del café”.

Infortunadamente se desaprovechó la oportunidad para profundizar, en conjunto con el organismo rector del trabajo internacional, sobre la crisis cafetera que se vive en la región, la que nadie pueda negar, ha tenido graves consecuencias económicas para los caficultores. Los pequeños productores han tenido que enfrentar la escases de mano de obra, que desde hace varios años se presenta en la región por diversos fenómenos económicos y sociales entre ellos la baja en los precios del grano, la migración de la población del campo hacia las ciudades y la dedicación de los jornaleros a otros oficios más rentables en otras regiones del país entre ellos los cultivos ilícitos.

Igualmente, se analizó poco en el encuentro el fenómeno del desempleo que se vive en el departamento del Quindío, sobre todo en su capital Armenia, que en la última década no abandona el podio de los primeros lugares del país.

No podemos perder de contexto que el desempleo genera, aparte de una enorme desigualdad, consecuencias como el delito en todas sus modalidades: robo, atraco, homicidios, incluso hasta suicidios, esta última de alto índice en la zona.

Cien años después de creada la OIT, Armenia y el Quindío y también Colombia se convierten en la negación de los principios de esta organización que inicio en 1919 como parte del Tratado de Versalles que terminó con la Primera Guerra Mundial, y reflejó la convicción de que la justicia social es esencial para alcanzar una paz universal y permanente.

La OIT en sus principios contó con representantes del gobierno, empresarios y trabajadores de nueve países quienes consideraban abiertamente que la paz universal y permanente solo puede basarse en la justicia social, en el empleo, en el trabajo como un digno derecho de cada ciudadano. Un rápido análisis sobre el preámbulo de la constitución de la OIT dice que las altas partes contratantes estaban “movidas por sentimientos de justicia y humanidad así como por el deseo de asegurar la paz permanente en el mundo…”

Una año después de su creación, en 1920, fueron nueve los motivos que orientaba la Organización Internacional del Trabajo, entre los que se destaca los horarios laborales, la jornada de trabajo, el empleo y el suministro de una salario digno, principios para alcanzar la paz, sin olvidar que la Corte Internacional de Justicia declaró que el ámbito de acción de la OIT se extendía también a la reglamentación de las condiciones de trabajo del sector agrícola.

En 1999, el director general de la entidad el chileno Juan Somavia destacó el trabajo como un instrumento para la superación de la pobreza y alcanzar la paz, logro plasmado en los objetivos y el papel de OIT.

Estos principios de la Organización Internacional del Trabajo que como se dijo fue una idea hace 100 años de gobiernos, empleadores y trabajadores en conjunto, deben movernos para plantear propuestas serias que den solución al empleo en la región y con ello a la crisis social por la que atraviesa el Quindío. Tenemos la tierra más bella y productiva del país, Armenia tiene entre sus denominativos, aparte de la Ciudad Milagro de Colombia, el de El Canaán Colombiano, la “tierra prometida llena de encanto y de virtudes”, gracia que no hemos sabido aprovechar.

Los gobiernos departamental, municipales, la Cámara de Comercio, la Corporación Autónoma Regional de Quindío, la universidad del Quindío y La Gran Colombia, entre otros deben profundizar en políticas de emprendimientos verdaderos que redunden en favor de los habitantes de esta bella región, en propuestas que generen empresa para lo cual no es difícil si tenemos en cuenta los dones con que la naturaleza nos premió. No podemos permitir que unos cuantos nos sigan matando la gallina de los huevos de oro y todos tan campantes.

 

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