• LUNES,  16 DICIEMBRE DE 2019

La Cosecha  |  02 julio de 2019  |  12:00 AM |  Escrito por: Edición web

El papa Francisco y sus contradicciones sobre la Colombia profunda

0 Comentarios

Imagen noticia

Por Roberto Restrepo Ramírez

 

En el país conocemos la región amazónica continental que nos corresponde como la Colombia profunda, evocando así la inmensa e intrincada selva tropical, que limita con Venezuela, Brasil y Perú. Pero también es profunda, porque en su recóndita jurisdicción habitan muchos pueblos indígenas desde hace siglos.  Algunos son horticultores y practican la agricultura rotatoria, con sus productos derivados de la yuca brava, a la cual le extraen el jugo venenoso para hacerla comestible.  Otros son cazadores y recolectores, como los nukak, y es por eso que su modo de vida transcurre en medio del nomadismo que los caracteriza y hasta en el aislamiento que han mantenido, alejados del contacto con nuestras avasalladoras culturas.

Todos tienen además un complejo sistema de creencias que sustentan en sus cosmogonías y en su singular forma de concebir el mundo, dentro de un órden de manejo ecológico regulado por la institución chamánica.

Conocí durante muchos años esas comunidades y también me enteré del papel de la iglesia católica en muchos sitios alejados.  Aunque también aprecié cómo las sectas protestantes, los misioneros del Instituto Lingüístico de Verano y hasta las denominaciones másfundamentalistas y radicales, como una que me asombró, las Nuevas Tribus, suprimieron de tajo sus mundos de armonía con la naturaleza, hasta el punto de subyugarlos.  Todos los documentales que hoy se presentan en cines colombianos sobre la Amazonía, dan cuenta del voraz paso de estas agrupaciones hasta el mundo aculturado que les ofrecemos, desde nuestra visión etnocéntrica que impide ver cómo es su mundo. Y sólo esa, su perspectiva, es la que nos puede salvar de la hecatombe ecológica, por la deforestación creciente del medio selvático.

Dos iniciativas polémicas han salido del resorte del papa Francisco en las últimas dos semanas.  Ellas están relacionadas con su encíclica Laudato Si y con un documento de trabajo titulado el InstrumentumLaboris sobre el Sínodo de obispos que se realizará en octubre en relación con la Amazonia.

En el cuarto capítulo de su encíclica, Francisco se refiere a la Ecología Integral, como algo que debe tener en cuenta el equilibrio natural, junto con los problemas sociales.  Es una mirada general sobre la manera como estamos afectando el paneta.  En esto no hay duda alguna sobre la fuerza de liderazgo mundial que ha caracterizado al pontífice.  Sin embargo, la decisión que se desprende  de su documento para el Sínodo de la amazonia contradice el espíritu de su encíclica esperanzadora.

Para el análisis de los obispos sobre la Amazonia, en Roma del 6 al 27 de octubre próximo, se ha definido tener en cuenta la siguiente propuesta: “estudiar la posibilidad de la ordenación sacerdotal para personas ancianas, preferentemente indígenas, respetadas y aceptadas por su comunidad, aunque  tengan ya una familia constituida y estable.”

Lo curioso de esta propuesta es que tal decisión se contempla para las zonas más remotas de la Amazonía y eso reviviría una situación que la iglesia católica ha evitado por siglos.  Se llama Viri Probati, nombre con el cual se conoce a las personas que, siendo casadas, podrían ser ordenadas para el sacerdocio.  Es inconcebible, entonces, que en la cabeza y la proyección de un papa que se considera renovador y diferente al ala más conservadora de la iglesia católica, tenga cabida tal decisión.  Volveríamos al oscurantismo de una organización eclesial que insiste en “convertir al evangelio” a quienes ellos consideran erróneamente faltos de fe y que necesitan “asegurar los sacramentos que acompañan y sostienen la vida cristiana”.

Al interior de la selva del sur de Vaupés está el río Pirá-Paraná, el que desemboca en el Apaporis – y que ahora está vigente por el documental titulado “El sendero de la anaconda”. En sus riberas habitan pueblos indígenas que UNESCO ha incluido en la Lista de Patrimonio Mundial, en la categoría de Patrimonio Inmaterial, como los Chamanes Jaguares de Yuruparí.

Colombia no conoce - siete años después de dicha inclusión – la importancia de estos pueblos, donde sus guías espirituales son los seres del mundo chamánico, llamados allí los payés.  La esencia que el papa Francisco narra con propiedad cómo la Ecología Integral es encarnada por estos personajes, quienes son además de médicos tradicionales y jefes religiosos, unos ecósofos. La Ecosofía es también dominio profundo de la naturaleza, resultante de lo que UNESCO considera los “conocimientos de los chamanes jaguares”, pues representan ellos la armonía en el manejo de la relación hombre-naturaleza.  No es esto por lo que se propende en el mensaje de la Ecología Integral de Francisco?  ¿Será que, - como la mayoría de los colombianos- , el papa actual desconoce que estos seres espirituales conducen su mundo por la senda de la conservación ecológica?

La importancia de los chamanes jaguares de Yuruparì, tal cual lo señala UNESCO en su inscripción en la Lista Representativa de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, estriba en la ejecución de rituales, donde “se transmiten a los jóvenes varones normas tradicionales para la preservación de la salud del cuerpo y la conservación de territorio, en el contexto de su paso a la edad adulta”.

No hay duda que, como lo anota el periódico El Tiempo, del 23 de junio de 2019, página 19, “la última palabra corresponde al Papa Francisco, quien ya dejóclaro, el pasado enero que sólo contemplaría que hombres casados maduros accedieran al sacerdocio en lugares remotos”.

Lo grave de esta decisión, de llevarse a tomar, es que vulneraría a los payés y demás chamanes de la región amazónica, pues es en ellos en los que la iglesia dirige su propósito.  Todos son ancianos, casados y respetados y ello constituiría un nuevo genocidio cultural.  Es algo en lo que la iglesia católica – y ningún credo religioso – debe intervenir.

Ningún organismo colombiano o mundial, ni el Ministerio de Cultura o el Instituto Colombiano de Antropología e Historia, ICANH, han emitido pronunciamiento alguno, pues es su deber defender tal patrimonio mundial que, como los chamanes Jaguares de Yuruparí, es el resultado de un sistema de creencias milenarias que merecen toda nuestra consideración y respeto.

PUBLICIDAD

Comenta esta noticia

©2019 elquindiano.com todos los derechos reservados
Diseño y Desarrollo: logo Rhiss.net