• DOMINGO,  18 AGOSTO DE 2019

Columnistas  |  14 agosto de 2019  |  12:00 AM |  Escrito por: Jhon Jairo Salinas

Mi patria lacerada, humillada y lastimada

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Jhon Jairo Salinas

Hoy, la patria de mi pueblo esta desgarrada, humillada, lastimada, lacerada. Un continente hoy clama sed de justicia; los negros golpetean los tambores sacando gritos de rebeldía, los aborígenes pisan la tierra arrebatada; hoy no somos nada, todo no lo han quitado, todo ha sido profanado; Un continente explotado por bribones del capitalismo salvaje.

“Amada patria obrera, afro, amerindia y campesina; estoy delante de ti como clavado en el suelo mirando la palidez de tu cara que acusa las bases nuevas yanquis de la muerte”. (G.Matiz)

Nuestros caudalosos ríos mueren, selvas nuestras desaparecen como un soplo de vida, los pajaritos ya no cantan, nuestros manantiales se secan, como se secan las lágrimas de madres que lloran a sus hijos después de la muerte.

Quiero besar los colores de mi bandera, quiero sentir los vientos de mis montañas, beber el agua fina y cristalina que de ellas emanan, pero ellos impiden sentir el latido de la madre naturaleza, todo se lo han robado en estos doscientos años.

Quiero abrazar la rebeldía de la rebelión negra, la rebelión indígena, la rebelión campesina, que en estos doscientos años, sigue rugiendo y tronando en las paredes de la infamia, ignominia de palacios pérfidos de muerte.

“Quiero besar el cafetal rojizo de clandestinos labios, que algún día gritaron patria o muerte y también revolución”. (G.Matiz).

Quiero abrazar los centauros de los andes que nos dieron la libertad, Quiero probar con mi boca el filo de la espada libertaria de nuestros míticos guerreros.

Hoy, danzamos con cumbias, mapales y vallenatos, bailamos con el pueblo, soñamos con nuevas alboradas, un grito trepidante de hombres y mujeres rebeldes, llevamos la rosa, llevamos el clavel, llevamos el lirio, haciendo el altar para un nuevo pueblo, que clama justicia y sed de castigo.
Hoy, el grito de rebeldía de Tupac Amaruc retumba más que nuca:

¡¡Nosotros dos somos los únicos conspiradores. Vuestra merced, por haber agobiado al país con exacciones insoportables, y yo, por haber querido libertar al pueblo de semejante tiranía¡¡.

Arcabuces, caballos, pólvora, escudos a nombre de un rey, de un Dios y de una espada; “conquistadores” con perros salvajes cazaron y cercenaron las cosmogonías y teologías de nuestro pueblo amerindio. Lanzas de guerreros Pijaos resistieron ante la ignominia y barbarie de quienes ofendieron a todo un pueblo.

Por su parte, Mayas, Aztecas e Incas adoraban a sus propios dioses: el dios sol, el dios agua y el dios maíz. Barcos negreros cazaron en el África a cientos y miles de negros. Esclavizados, torturados y humillados fueron sometidos para socavar la madre tierra junto con el aborigen, expoliando el oro, plata y demás riquezas.

Los colores de nuestra América o, más bien, la Amerindia como la denominara José Martí, se conjugaron con la sangre derramada de quienes sufrieron en carne propia los vejámenes de una cueva de ladrones y hampones, antecedidos por el cartógrafo italiano Cristóbal Colón y después por Américo Vespucio. Todo ello para satisfacer los apetitos de una corona parasitaria, regentada por una tal reina Isabel.

Ahora, los campos de nuestro continente, los gestores de nuestra independencia, abonaron la tierra con sangre para defender y reivindicar la dignidad de un continente que lo ha dado todo: agua, bosques, plantas medicinales, sabiduría de nuestros indígenas, mitos y leyendas de nuestra Amazonía, baile cadencioso de nuestros negros africanos, junto con sus tambores que rugían los ritmos de la rebeldía. La mixtura de la Amerindia hace de ella toda una obra pictórica que aún, después de más de quinientos años, los europeos se hechizan con ella.

Bolívar, Miranda, Nariño, Tupac Amaru, Catary Ziza, el esclavo BenKos Biojó, nuestra india La Cacica Gaitana, Manuela Beltrán, Policarpa Salavarrieta, José María Carbonell, entre otros, brillarán en el trigo de la esperanza de quienes aún nos ruborizamos ante la barbarie.

Mientras que los nuevos luchadores sociales, defensores de los Derechos humanos y nuestros pueblos indígenas seguiremos el legado de quienes ofrendaron sus vidas por una verdadera libertad, la que hoy seguimos reclamando con rabia para llegar a consolidar la Verdadera, Segunda y Definitiva Independencia ante los amos del norte los que, como decía nuestro libertador: “están predestinados para plagar de hambre y miseria nuestro continente”. A ellos y a ellas les decimos en este texto, con voces tan relevantes como las del gigante de las letras latinoamericanas Eduardo Galeano, que lo dejamos como insumo y guía de dignificar la autodeterminación de nuestras culturas de los pueblos que claman por la paz con justicia social.

 

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