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Columnistas  |  12 septiembre de 2019  |  12:00 AM |  Escrito por: Juan Fernández Cerón

¿Por qué no, un pueblo mas humano?

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Juan Fernández Cerón

“La búsqueda humana más importante es la de esforzarse por la moralidad de nuestra acción. Nuestro equilibrio interno y el de la existencia dependen de eso. Sólo la moralidad en nuestras acciones, le pueden dar belleza y dignidad a la vida. Hacer de eso una fuerza viva y consciente es, tal vez, la tarea principal de la educación” A. Einstein.

La degradación ético- moral que sufre nuestra sociedad, nuestras instituciones y nuestro ser, va en ascenso, corrompiendo y acabando con la convivencia, la educación, la salud, la paz y la tranquilidad del hombre y su medio, pero, sí, implantando y fortaleciendo problemas, corrupción, crisis social, enfermedades, que la sociedad debe enfrentar como reto de transformación.

Ya es necesario crear e innovar desde la crisis que se está viviendo actualmente, para revalorar los valores perdidos o construir nuevos que ayuden a formar nuevos comportamientos personales, familiares y sociales. Educar en valores es tan importante como educar en matemáticas, idiomas, ciencias, etc., con sentido de filosofía de la vida, para la vida y la experiencia

Es preocupante ver como nuestros pueblos, familias y seres humanos, se fragmentan cada día más y más por las frustraciones que originan la violencia, la corrupción, el odio, la venganza, la injusticia y la muerte

Para afrontar esta peligrosa debilidad humana, es la persona y la sociedad inteligentes juntas, las que deben recurrir a generar planteamientos pedagógicos con una verdadera formación en valores, con innovaciones de aprendizaje social, que resuelva la crisis moral y ética de las comunidades, de las corporaciones públicas, medio de comunicación para que cambien su forma de actuar y con su ejemplo, ayuden a la escuela a formar ciudadanos de bien.

Este sería el verdadero aprendizaje social, significativo, hoy de moda. Aprendizaje social, es el resultado transformacional del saber que las personas ya saben, a otro mejor, es la conjugación enseñanza aprendizaje y no, una causalidad simple. Para que esta conjugación logre la transformación, la escuela, la familia, las instituciones y la sociedad, deben manejar y cumplir la triada educativa de: lo pedagógico, lo filosófico, lo axiológico, para no volver técnicos los conceptos de educabilidad y enseñabilidad, para que no sigan reinando los planes de estudio sin contexto, la era del formato y la racionalidad pura, que no permiten entrar al campo del desarrollo del pensamiento crítico. La actual formación es de decretos, formatos y no de autonomía, de conciencia creativa, pedagógica y menos social.

Son las situaciones sociales, políticas, culturales, económicas, científicas, las que nos llevan a enriquecer el ser persona y el hacer sociedad inteligente, educada y educadora, este es el alimento de la pedagogía, el conocimiento y la filosofía, para que la pedagogía, la filosofía y el conocimiento, se dediquen a resolver la pregunta: ¿por qué y para qué educamos al ser humano? . La educación, entonces, no se conformaría con el formato de cómo hacer una clase o un plan de estudios, sino a un trabajo colectivo que nace de las necesidades de nuestro entorno, que busque una formación de calidad, con propuestas claras y dejar atrás el activismo pedagógico.

El planteamiento ético pedagógico del filósofo E. Morin, para una educación significativa, debe estar orientada a enseñar y aprender la compresión entre los seres humanos como principio de solidaridad intelectual y moral. El comprender humano, dice, va más allá del simple aprendizaje intelectual, puesto que exige empatía, proyección, porque abre el camino de la tolerancia del aprender, aprehender, desaprender y reaprender constante y para toda la vida.

Para lograrlo hay que iniciar con una autoevaluación del ser, que se comprenda, se quiera a sí mismo, que sea consciente, de lo contrario no podrá querer ni comprender al otro, ni a lo otro. Ver el comprender ético, como arte de vida, con argumentos, comprendiendo, antes de asumir la posición de juzgar.

No se puede enseñar ni aprender la comprensión critica sin antes aprenderla, no es dictar un discurso, sino, ser portador de ética moral, sustentada con honradez intelectual, honestidad, responsabilidad, justicia que reelige ser y hace comunidad, o sea, ética humana, que Morin llama, antro-ética, religación que supera la mente egocéntrica y egoísta.

Es llegar a una formación integral que involucre su entorno, sus conflictos, que busca calidad en el ser humano, para que sea capaz de concebir su dignidad humana, evaluar su propia capacidad intelectual y decidir cómo hacer buen uso de ella, porque satisface lo que más ama.

 

 

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