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Columnistas  |  17 septiembre de 2019  |  12:00 AM |  Escrito por: Manuel Gómez Sabogal

Luis Fernando Londoño Aristizábal

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Manuel Gómez Sabogal

Espero no sea todo homenajes, momentos, instantes de dolor. Espero que haya un verdadero acto de contrición y se haga un bloque grande para salvar el Museo Gráfico y Audiovisual del Quindío.

Ya Luis Fernando no está, pero todo ese esfuerzo no puede perderse. Se debe continuar la labor y el Museo debe enriquecerse.

Como se trata de una Fundación, puede haber ayudas de muchas partes y de muchas formas. Por tanto, este es un llamado a todos los que sienten la cultura, este Museo y el civismo para que haya un trabajo conjunto desde ya.

Luis Fernando nació en Calarcá. Fue en la Universidad del Quindío, donde lo conocí. Trabajador incansable y gran amigo. Cada rato lo veía con equipos para todo lado. Además, reparaba los equipos que se dañaban. Era un enamorado de las cámaras, las fotos, las filmaciones. Dictaba clases y era un muy buen docente.

Estaba en cuanto evento interesante hubiera. Charlábamos mucho sobre el centro audiovisual y los archivos que iba formando.

Después de que dejó la Universidad, creó la programadora de televisión “Luis Fernando Londoño”.

Echaba más humo que un tren Cali – Armenia. Fumaba y fumaba. Nunca supe si eran nervios, ansiedad o qué lo que Luis Fernando tenía, pero no se aguantaba sin encender un cigarrillo.

Me encantaba molestarlo por todo y por nada. Pero la venganza es dulce y un día se desquitó. Pero, siempre me decía lo mismo sobre ese día y ese especial que envió a un noticiero nacional. Era un gocetas.

Muy alegre y, además, ejemplo para muchos, pues siempre vio en cada propuesta que hizo, un reto para lograr, una meta para triunfar. Billarista empedernido y llevaba consigo su guante en el bolsillo, pues no sabía cuándo lo iban a invitar a jugar. Estaba siempre listo.

Crear el Museo Gráfico y Audiovisual del Quindío fue uno de sus mayores retos. Un logro que, como algo curioso, nació en septiembre de 2006.

Lo más interesante, fue la organización del archivo de las cédulas. Allí, estaba la de mi abuelo y me la regaló. Recuerdo ese día. Además, le regalé la foto de la familia Sabogal, la cual figura en el archivo de fotos del Museo.

Y en el museo organizó tertulias musicales, invitando a coleccionistas de música vieja para que hablaran sobre artistas y grabaciones. Luego, tomaba algunas de las grabaciones y preparaba un CD para la venta.

Recuerdo que su momento más feliz fue cuando nació Paloma, su nieta. No se cambiaba por nadie. La disfrutaba cuantas veces podía, pues sentía que era su regalo más grande. Era un abuelo enamorado y el nacimiento de Paloma le dio más vida, más fuerza para seguir adelante.

Lo despedimos con esa canción que dice: “algo se muere en el alma cuando un amigo se va…” Gracias, Luis Fernando por tanto y por todo.

Queda la gran huella de la Fundación Museo Gráfico y Audiovisual del Quindío

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