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Columnistas  |  19 septiembre de 2019  |  12:00 AM |  Escrito por: Carlos Alberto Agudelo Arcila

Desentrañismos

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Carlos Alberto Agudelo Arcila

La felicidad permanece en el arcano. Es contenido que deja caer gotas hasta revertir su estado original. Única. Imposible de nadar su abundancia. Juguetona. Sensual cuando deja ver vislumbres de sí misma. Nos rodea y coloca sus trampas, hasta hacer creer que el hombre se bebe el océano en el vaso de la placidez. Esto es lo máximo que forja la felicidad en el hombre, esperanzado en ser feliz. Hay que ser lúdicos e inteligentes para jugar con ella, saltar desde el lado del desencanto.

El máximo compromiso conmigo mismo, como escritor, es el de colocar el punto final al final de la página en blanco, instantes antes de morir.

Acrobáticos olvidos en el gimnasio de los recuerdos.

Leo en los difuntos el evangelio de la nada, el lenguaje vacío que profirió su arrogancia.

Los cadáveres son objetos pronto a crepitar, rápidos en retumbar la ironía de haber nacido.

Para el pesimista la muerte es el altiplano de un abismo que se llama vida.

Derretidos en la postergación del aquí y el ahora.

Entre el hombre y la bestia solo hay un rebuzno que los separa.

Entre el poeta y el vuelo solo hay un trino de diferencia.

Al moralista, el hedonismo le causa reumatismo espiritual. A mí, me produce urticaria no disfrutar de sus tramas sensoriales.

con cierto misticismo fluvial en mis ojos, observo cócteles de odio en manos de quienes solo quieren embriagarse con la guerra.

Cuando el libertinaje lubrica la liberación femenina, dicha emancipación se vuelve caricatura, donde este tipo de mujer representa lo burdo del machismo.

Es inhumano ser misericordioso, cuando se espera recibir alguna recompensa en “el más allá”.

Parodiando a Platón, la ambición obnubila la capacidad de disfrutar la riqueza, porque solo queda tiempo para deleitarse con lo trivial de la ambición.

Exígete lo suficiente para lograr salir de tu propio abismo. No te preocupes por la cima alcanzada por otros, la que de pronto ellos no merecen y con cinismo la disfrutan.

El sexo sin amor se desagua entre la alcantarilla genital. El amor sin sexo fosiliza el amor.

En los países subdesarrollados la opresión es máscara perversa, que lesiona el rostro acrisolado de la democracia.

Cuerpos, secuela del razonamiento moldeado con silicona sicológica.

La alienación se ejercita en la mente del estúpido.

Vocación de nacer. Vocación de morir. La estrategia para no consumar el primer acto hace caer, por lógica, el telón a la segunda acción.

Desahuciado que anhela la muerte, mientras con sarcasmo la existencia le da más vida.

El misógino desangra abulia congénita.

Mundo paralelo:

El padre, la madre, el hermano se miran desde esquinas cercanas. No se aproximan. De un momento a otro se disgregan entre las paredes, no sin antes haber sentido la familia que fueron. En los alrededores, de estas calzadas, se absorbe una energía de rencor, que indigna a los transeúntes…

Amar la eutanasia. Amarle sus huesos, como cuando amamos la carnalidad de nosotros mismos.

Desde que el hombre se hizo amante de la politiquería, la verdad es un sueño imposible de realizar.

Congraciarnos con el futuro que nos espera, allanar nuestro mundo incierto, con el polvo eres en que nos hemos de convertir.

El entrevistador serio, contundente, que va en busca de la verdad, le propicia al entrevistado, a través de silencios inteligentes, que a la postre son preguntas implícitas, ser entrevistador de sí mismo.

Logros banales para envolver con alambre oxidado.

Indiferente a lo poético de cuanto es la existencia, hasta ser él mismo ruindad existencial.

Palabras sombras bajo sombras de silencio.

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