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Cultura  |  06 octubre de 2019  |  04:40 AM |  Escrito por: Rubiela Tapazco Arenas

Historias de terror en el Quindío

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Escrito/ Juan Guillermo Caicedo.

El próximo 7 de octubre, a las 6:00 p. m., en el auditorio Euclides Jaramillo Arango, de la Universidad del Quindío se llevará a cabo el conversatorio: “El monstruo de la alcantarilla: una conversación sobre arte y filosofía en la literatura de terror”. Uno de los invitados al evento es el escritor Néstor Pulido: editor, filósofo y Magister en Escrituras Creativas. Aquí una entrevista sobre monstruos, pesadillas, miedos y libros. Un abrebocas de lo que se hablará en el evento, en este mes del Halloween:

Néstor, ¿por qué algunas personas buscan sentir miedo a través de la literatura y el cine?

El miedo es una respuesta química que tenemos desde antes de que fuéramos humanos. Es el indicador de que existe un peligro y que debemos luchar o huir por nuestras vidas. Por eso le tenemos miedo a la oscuridad, a las formas afiladas que nos recuerdan a los depredadores, a las alturas, al agua. En fin, a cualquier cosa que nos ponga en peligro inminente. Cuando leemos un libro o vemos una película, aparecen otras partes del cerebro que nos ayudan a darle contexto, a hacernos entender que es ficción y que todo está bajo control. Ese subidón de adrenalina, como en los deportes extremos, termina siendo placentero. Todo esto entendido en que sea un caso controlado. Si el peligro es real, les recomiendo que se preparen para luchar o huir por sus vidas.

¿A usted qué lo asusta? (la respuesta puede ir enfocada al arte y la vida)

Como escritor, soy neurótico. Tengo un sinfín de miedos injustificados que son todavía más potentes en esta época en que el fracaso es el peor escenario posible. Pero la parte más racional de mí ha descubierto que le tengo miedo a la vejez, no a la muerte, a la vejez. Y eso me ha llevado a escribir personajes que están paralizados en el tiempo. Son personajes que avanzan, obviamente, pero que no logran transitar en la madurez porque hay una fuerza interna que los mantiene clavados al suelo de su propia psiquis.

Hay una duda que me da vueltas, ¿cuál es la diferencia entre le terror y el horror?

Hay una divergencia de opiniones al respecto. Tradicionalmente se ha hecho la diferencia en que el terror es un miedo muy intenso, mientras que el horror es un sentimiento muy intenso, no necesariamente el terror. Por ejemplo sentimos miedo al ver un fantasma o un oso, eso es terror. Lo que sentimos cuando vemos a unos niños comiendo basura, es horror. Pero yo ya no creo en esa lectura que separa lo uno de lo otro. Yo pienso que si no sentimos miedo como humanidad de ver a dos niños alimentándose de un basurero, es porque nosotros nos hemos convertido en el Monstruo definitivo.

¿Cuáles han sido los referentes de la literatura de terror en Colombia?

Yo siempre menciono a Evelio Rosero. Su novela “En el lejero” es para mí una de mis obras de terror favoritas. Puede que él no esté de acuerdo, y puede que tenga razón, pero esa novela está construida a partir de una serie de elementos tan kafkianos, absurdos, ocultos por una niebla, por un misterio que nunca termina de resolverse. Y es tan colombiana, que está la sombra de la guerra en nuestro país. No se ve, claro, la historia es de un hombre que busca a su nieta en un pueblo que no conoce, a lo Silent Hill, pero todo el tiempo hay una mención a que el suelo del pueblo al que llega está cubierto por huesos de ratones. Y yo creo que debajo de esos huesos, está la guerra.

¿Por qué cree que en Colombia hay poca producción de literatura Z? Solo tengo algunas referencias, por ejemplo, “Muérdeme suavemente”, de Fernando Gómez; “Virus”, de Álvaro Vanegas; “Ellas se están comiendo el gato”, de Miguel Ángel Manrique y su novela “A las puertas del abismo”. Todas publicadas esta década.

El zombi es un monstruo del que no éramos conscientes hace mucho tiempo. Si bien existe desde el siglo XVII, no fue sino hasta que George Romero lo aterrizó como un monstruo posible en un mundo donde el miedo a una guerra nuclear o biológica era latente. A principios de la década del 2000 el miedo a las enfermedades se volvió el referente inmediato de cómo podría, digamos la viruela, acabar con todos nosotros. Somatizamos el miedo haciendo del zombi un monstruo arquetípico, como en su momento lo fue la quimera, el vampiro, incluso Frankenstein, y lo volvimos un ser de culto, lo adoramos por medio de un estallido de libros, series, películas, marchas zombies, como una manera de rendirle homenaje y así esconder el miedo inconsciente que nos producía. Y hablo en pasado. El tiempo del zombi ya pasó. Hay otro monstruo que nos está acechando con mucha más fuerza, que asusta a miles de niños en todo el planeta. Pero no digo más, prefiero que saquen sus propias conclusiones.

Cuéntenos acerca de su novela “A las puertas del abismo”.

A las puertas es una novela en la que la plaga zombi casi ha extinto a los humanos. Los pocos que quedan se resguardan en pequeñas comunidades resguardadas por altas murallas. El protagonista de la historia apenas sobrevive comiendo latas de comida viejas y vencidas y ratas, junto a Lisa su compañera. Un día Lisa desaparece y el hombre decide ir a buscarla a un pueblo en las montañas que se llama Lanús, que de por sí tiene una historia macabra. Y en el camino se encuentra un libro que se llama: A las puertas del abismo y que es una especie de vaticinio de cómo es que la humanidad va a destruirse a sí misma.

¿Cree que en algún momento futuro se pueda presentar una pandemia zombi?

Lo bonito de la estadística es que se puede hablar de cualquier cosa si le ponemos la posibilidad por delante. Unos científicos hicieron un estudio sobre las posibles causas del fin del mundo y la probabilidad de una pandemia (que para mí incluye a los zombis) está en el 0.0001%. Pero si le queremos meter paranoia a la gente, hace unas semanas los fundadores de Ali Express y Tesla, dos de las mentes empresariales más eminentes de la década, hablaban de la posibilidad de que el ser humano llegue a un tope de población en los diez mil millones, y luego haya un desplome que nos puede llevar a la extinción. Elon Musk está convencido de que cuando eso pase, una nueva inteligencia dominará la tierra: las máquinas. Y los expertos lo apoyan, pues calculan que la posibilidad de que una inteligencia artificial nos reemplace es de hasta el 10%.

Fuera de los zombis, qué otro monstruo le llama la atención y por qué.

Ahora mismo más que en un monstruo, estoy obsesionado con el Infierno y con los laberintos. Ya en A las puertas se ve algo así, el personaje anda y anda y no parece encontrar una salida a ese enorme mundo en el que está perdido. Pero ahora mismo estoy trabajando en una novela en la que el principal involucrado está, literalmente, perdido en el infierno. Y, claro, como es el infierno, tiene que estar diseñado específicamente para él. Entonces recorrer ese gigantesco laberinto es su castigo. Es lo que me parece que vivimos todos los seres humanos cuando estamos perdidos, damos vueltas en círculo sin posibilidad de encontrar una salida real de nuestras mentes.

Usted, está invitado al conversatorio “El monstruo de la alcantarilla: el arte y la filosofía en la literatura de terror”, junto a la editora María Fernanda Medrano y escritores Álvaro Vanegas e Iván Sánchez, en la Universidad del Quindío, el próximo 7 de octubre, a las 6:00 p. m., en el Auditorio Euclides Jaramillo Arango.

¿Qué pueden esperar las personas que asistan a este evento?

Pues que se van a encontrar a tres neuróticos que les encanta escribir y a una mujer maravillosa que de alguna extraña manera desconocida para mí, encuentra gratificante aguantarnos y editarnos. Pero sobre todo creo que esta es una oportunidad como pocas se han visto en la vida, que es juntar a dos polos opuestos como son la literatura de terror y la academia. Siempre ha existido una especie de renuencia por parte de la academia en aceptar a la literatura de terror, aun cuando Poe, Bram Stocker y Mary Shelley son grandes clásicos. Entonces que existan estos espacios dará pie a su vez a que hallan más escritores que se atrevan a contarnos sus fobias, sus pesadillas, sus neurosis y que nos hagan sentir ese mórbido entusiasmo que despertamos cuando se nos eriza la piel del miedo.

 

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