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Editorial  |  12 noviembre de 2019  |  01:16 PM

Armenia, otra vez, invadida

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Una de las cosas que hay que aplaudirle al exalcalde Carlos Mario Álvarez Morales fue su puesta en cintura a las ventas ambulantes y estacionarias. En su primer año de gobierno organizó gran parte de los vendedores del centro, despejó las vías congestionadas por las ventas callejeras de las carreras 15, 16, 17 y 18, y de las calles 17, 18, 19 y 20. Los llevó al Centro Comercial del Café, que con incomodidades, empezó a funcionar como estaba previsto.

La gran cantidad de vendedores estacionarios de perecederos, frutas y verduras, los ubicó temporalmente en la plaza de la Quindianidad, mientras se construía una pequeña plaza de mercado con el nombre de Placita Campesina, que finalmente se hizo y los ocupantes temporales de la plaza de Quindianidad fueron trasladados a su nuevo sitio.

Sin embargo, caído en desgracia el alcalde Álvarez, y reemplazado por el señor Óscar Castellanos, la ciudad volvió al garete, al desgaire, al descuido, al ‘no me importa’. Y, otra vez, las calles del centro fueron invadidas por vendedores ambulantes y estacionarios, que le dan a nuestra pequeña urbe una sensación de abandono e inseguridad. No hay autoridad. Carecemos, y carecimos de alcalde en los últimos 14 meses de este cuatrienio, a no ser para otorgarles privilegios a los concejales y diputados, y miembros de las JAL que se congraciaron con sus candidatos a alcaldía, gobernación, Asamblea y concejo municipal.

Armenia, por tanto, siguió siendo una ciudad con una enorme percepción de inseguridad. Una de las causas es el aumento del desempleo, mal que galopa sobre sus lomos. El DANE dice que el desempleo es del 18.4% aproximadamente, siendo la ciudad una de las campeonas en este aspecto. Pero casi nunca nos hablan del empleo disfrazado o subempleo. Aquel que ejercen los vendedores informales, que carecen de seguridad social y de un salario mínimo legal. Ese desempleo es cercano al 60%. Es decir, el 40% de la población carece de un empleo digno. Y cuando no hay empleo, no hay ingresos, y cuando no hay ingresos hay hambre, y cuando hay hambre hay desespero y, éste, abre una enorme compuerta para que muchos cometan delitos. A este panorama se le suma el alto consumo de drogas alucinógenas, el tráfico y microtráfico de estupefacientes y la coexistencia de dos subculturas, la del traqueto y la del paternalismo (a la espera que el gobierno les dé el subsidio, por un lado, y una promesa de un contrato en elecciones).

Otras de las grandes falencias de este gobierno de Castellanos, que nos ha aumentado la percepción de inseguridad, es la falta de autoridad. En Armenia no ha habido autoridad civil en los últimos diez años, pero menos en los últimos 14 meses. Los alcaldes se han dedicado a mirar con lupa cada contrato para ver cómo se llevan su tajada y no les ha importado la ciudad.

Un alcalde debe ejercer la autoridad, asumiendo el papel de jefe de la Policía local, y dar las órdenes, que deben de cumplirse para combatir la delincuencia. Con alcaldes temerosos, pusilánimes y desinteresados en la autoridad y el orden, como el caso de Castellanos, no es posible corregir los errores que mantienen la ciudad en la inseguridad.

Empleo, trabajo, acción social, autoridad y orden son decisiones y acciones que debe asumir el nuevo alcalde para hacer de Armenia una ciudad más segura. Y, en ese accionar, volver a ordenar las calles de la ciudad, frente al desastroso ambiente que reina hoy, donde en cualquier esquina del centro tenemos una, dos, tres y hasta diez carretas llenas de frutas y verduras, que han convertido la capital quindiana en una enorme galería o plaza de mercado. Ni qué decir de la carrera 14, Calle Real o Cielos Abiertos, una vía peatonal emblemática de Armenia, que poco a poco ha venido siendo cedida al más burdo mercado de perecederos y de comidas rápidas, como de mendigos y ‘ladrones’.

No es posible ejercer el gobierno desde el populismo, con la largueza de los intereses politiqueros, ni con la tolerancia de quien aspira a obtener los votos de aquellos que violan las normas de ocupación del espacio público. Nos preocupa la noticia de que el alcalde electo José Manuel Ríos se va a posesionar en un acto populista en el estadio Centenario. Sería un mal comienzo, porque el poder debe ejercerse con humildad, sin rimbombancia, sin populismos politiqueros.

Una de las primeras acciones del nuevo alcalde debe ser corregir la ocupación del espacio público, en aras de trabajar por el orden, la seguridad y la estética de una ciudad que debe ser la capital del turismo rural y de aventura en el Eje Cafetero.


 

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