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Cultura  |  18 diciembre de 2019  |  12:05 AM |  Escrito por: Rubiela Tapazco Arenas

Ladrón de flores

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Esta es una anécdota musical escrita por el compositor Luis Carlos Vélez.

Siete años duraba la ausencia de mi hija. La noticia del regresó entusiasmó a la familia. Los preparativos para la bienvenida incluían eventos sencillos que estrecharían los lazos y permitirían expresar su alegría. La ansiedad que generaba la espera, y el deseo de que el programa se cumpliera, agitaba los días y las noches.

No valió repasar las propuestas para evitar el olvido de algún detalle. Su regreso, programado para las primeras horas, obligaba al grupo familiar a viajar en distintos autos hasta el aeropuerto.

En el último momento tuve la certeza de que olvidaba algo. Con la esperanza de recordarlo, hice saber que saldría diez minutos después y daría alcance al grupo.

Los minutos pasaron, y en vista de que el olvido persistía, resignado tomé el camino. Al pasar frente al Parque de recreación, recordé de pronto la preferencia de mi hija por… ¡Las flores amarillas!

La hora no permitía el regreso a comprarlas en las floristerías del centro de Armenia. Sin embargo giré en la entrada al parque, y aceleré. Antes de llegar a la glorieta tuve la idea de comprarlas en los puestos que bordean la vía que va al cementerio.

Entendí que no habría tiempo para encargar un ramo, y resolví que sería suficiente un manojo. Crucé de prisa frente a los ramos que adornaban las pequeñas canastas de mimbre, y concluí que al comité de bienvenida le bastaría una mirada para descubrir de qué sitio provenían. No compré siquiera un manojo.

Confuso y ansioso, con las manos vacías, retomé el camino. Entendía que no podría ofrecer flores amarillas, pero no conducía inquieto; la esperanza revivió al soñar que con un poco de suerte podría armar un ramo con flores del camino…

La esperanza se esfumó porque no abundaban las amarillas. Resignado, aceleré porque el tiempo se agotaba. Media cuadra antes de llegar al antiguo balneario Guadacanal, divisé la entrada y el muro de una propiedad privada, adornados con enredaderas florecidas de amarillo.

No lo pensé: ahora o nunca. Sabiendo que no tendría otra oportunidad para llevar flores a mi hija, decidí robar algunas. Detuve la marcha, orillé, mantuve el motor encendido, y por seguridad dejé entreabierta la puerta izquierda del auto. Con una mano y haciendo manojo con la otra, desgajé flores a mi antojo, cuando escuché el primer ladrido.

Descubrí al perro gigantesco que se revolvía furioso al otro lado. Iba y venía, gruñía y escarbaba, asomaba el hocico por el enrejado.

Una voz sonó desde adentro: “¿¡Qué pasa? ¿Quién es?”.

Arrojé las flores por la ventanilla, trepé, y un madrazo persiguió mi escapé a toda velocidad.

Reduje la marcha y, como inesperado ladrón, contemplé satisfecho el fruto de mi robo.

Superado el paso por la glorieta del Club Campestre busqué dónde orillar, para armar el improvisado ramo de flores amarillas.

No dudo que obré con locura. Seguro de que mi hija sonreiría, busqué en la guantera, y sabiendo por experiencia que de no hacerlo en el momento justo, la melodía que rondaba mi cabeza escaparía, escribí al vuelo mí aventura.

Le entregué los tallos del pequeño ramo de flores amarillas, envueltos en papel servilleta. Sentí que la sonrisa y las lágrimas de mi hija absolvían mi pecado.

Canción: Ladrón de flores.
Letra y música: Luis Carlos Vélez.

...Me fui pa´l muelle

Porque me dijeron

Que iba llegando

Mi niña adorada...bis

...No tenía rosas

Ni tenía claveles

Corazón y alma

Eran mis presentes...bis

...Ana María no llevo rosas

Sólo alegría para ofrecerte...bis

...Ana María robaré flores

Las amarillas que tú prefieres...bis

...Por el camino

Yo miraba ansioso

Las bellas flores

Que se me ofrecían...bis

...Todos creían que yo

Iba a comprarlas

Y era mi antojo

Que fueran robadas...bis

Ana María pude encontrarlas

Y robé un ramo de hermosas flores

Ana María me pilló el dueño

Corrí espantado me ladró un perro

Ana María robé tus flores

Ana María me pilló el dueño

Ana María me mordió el perro

Pero tus flores aquí las traigo

...Aquí las traigo...bis (3).

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