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Editorial  |  25 diciembre de 2019  |  12:00 AM

La Navidad no puede ser más peligrosa que el Esmad

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Al parecer los únicos que no se han dado cuenta que el mundo cambió es el actual gobierno en cabeza del presidente Iván Duque Márquez, sus ministros, los miembros de su partido y la gran mayoría de los gobernantes de los 32 departamentos y de los más de 1.120 municipios del país.

Siguen los dueños del poder enquistados, encasillados, en las viejas e hipócritas prácticas politiqueras que han utilizado sin vergüenza alguna y con el apoyo de la "gran prensa" para mantenerse en el poder.

“Las llamadas cortinas de humo, los sofismas de distracción están mandados a recoger: en el ámbito internacional: La Guerra de las Malvinas en Argentina, el reclamos de las Islas de San Andrés y Providencia por parte de Nicaragua y la más reciente y vergonzosa, la tal “ayuda humanitaria” protagonizada por el presidente de Colombia Iván Duque para entretener la atención del pueblo colombiano por unos cuantos meses y así esconder la crisis social y económica que se vive en la geografía nacional, ya no calan en la cabeza del pueblo colombiano ni latinoamericano.

Así se está demostrando con el Paro Nacional que se inició el pasado 21 de noviembre y que a punto de finalizar el año sigue vigente por cuenta del propio gobierno del presidente Duque que no ha tenido la “humildad y la grandeza” de prestar la urgente atención al despertar de ese “malestar social madurado por siglos” como lo dice William Ospina en su obra Pa que se acabe la vaina.

Al parecer, el mandatario, los grandes empresarios y dueños del país aún mantienen la esperanza de que la Navidad sea más peligrosa para los manifestantes que el propio Esmad, es decir, que las fiestas, las vacaciones, las parrandas, el trago, la fantasía y la magia de la Navidad apaguen sus ánimos, pero estos al contrario siguen alimentado la esperanza de un diálogo con el gobierno nacional para concertar de forma definitiva una verdadera justicia social que es en últimas la que acabaría con la desigualdad, la violencia que ha imperado durante los 200 años que llevamos de falsa independencia.

Desde inicios de diciembre y prestando poca importancia a las movilizaciones de miles de colombianos el presidente dedicó su energía a otras cosas: a conmemorar días internacionales, a reuniones de ministros, a presentar la terna para fiscal, a recibir propuestas internacionales, a convertir a Colciencias en ministerio, a pasar revista a sus tropas, a ceremonias, a premiar a los empresarios y hablar, hablar, hablar lo que solo la “prensa capitalina” le cree: “tenemos el mejor país de las últimas décadas”, mientras en las calles le siguen dando espera con una paciencia que se agota.

Las salidas en falso del actual gobierno nacional, son la muestra de que ya los sofismas de distracción hay que echarlos a la caneca de la basura. Un ejemplo claro es el de la vicepresidente Martha Lucía Ramírez que con toda desfachatez salió a afirmar a los medios que la responsable del descontento de los colombianos y por ende de las movilizaciones era “una red de apoyo internacional patrocinada por Rusia y Venezuela”, nada más ridículo.

Y más ridículo aún seguir utilizando prácticas para conmover la opinión pública. Con los maestros cuando salen a paro a reclamar a sus derechos, “se le está violando el derecho a la educación a 8 millones de niños”. Ahora con las movilizaciones producto de paro nacional, “miles de colombianos se quedarán sin un trabajo en Navidad, miles de turistas cancelaron sus viajes al país y el sector se verá seriamente afectado, miles de empleados y trabajadores tiene que transportarse a pie, el comercio sufre los rigores del paro nacional, las ventas se vinieron abajo, es decir, se tiene aún la creencia que la solución de la crisis económica y social por la que atraviesa el país yace en los sentimientos, en el rencor de unos contra otros y no en el bienestar de los ciudadanos.

Debe mejor entender el presidente, su gobierno entero, sus seguidores que “Nuestra historia es la historia de una creciente pérdida de la confianza colectiva”, también como lo dice William Ospina en la misma obra, y es urgente un diálogo, un cambio total en la forma de gobernar. Tiene el presidente Duque la oportunidad de pasar a la historia como el mandatario que en el bicentenario de la República se dio cuenta que el camino estaba equivocado y que los seres humanos, los colombianos somos iguales y merecemos igualdad de condiciones.

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