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Editorial  |  30 diciembre de 2019  |  08:00 AM

La ciudad en ruinas

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“Nos dejaron la ciudad en ruinas” fue la expresión de doña Ofelia Ossa de Jiménez, una humilde ama de casa de uno de los populosos barrios de Armenia incluido en el recorrido de este medio de comunicación para confrontar el pensamiento de los habitantes de la capital quindiana sobre los logros de la administración municipal que termina su mandato con el 2019.

Y tiene razón doña Ofelia, la Armenia que deja la administración del alcalde “designado” Óscar Castellanos Tabares, es una Armenia abandonada, al garete, a la buena de nadie, una ciudad que en los últimos 15 meses estuvo a la deriva, sin Dios ni ley, una ciudad detenida en el tiempo, accionada en el desorden, que perdió cuatro años de su historia arropada en el desinterés y el bienestar por lo colectivo y amparada en intereses particulares bajo el manto de la falsedad y la corrupción.

Para nadie en un secreto que desde septiembre de 2018, desde el mismo día en que tomó posesión de su cargo el alcalde “designado”, la realización de obras, de proyectos se convirtieron en una eterna promesa, en una venta de ejecuciones que solo existieron en la mente del mandatario que no dudó en utilizar la premisa de “un gobierno corto” para justificar su impotencia, responsabilidad y falta de “gestión”, esta última palabra tomada como caballito de batalla para engrandecer su ego politiquero sobre los recursos nacionales que por vía directa llegan al municipio.

Deja el alcalde al final de su mandato su sello de político populista: “Dejo la casa en orden”, dijo el burgomaestre en la entrega de su cargo, sin un halo de vergüenza ni respeto por los armenios y los nuevos habitantes del Centro Administrativo Municipal en cabeza del nuevo alcalde José Manuel Ríos quien no tuvo reparo en afirmar que su propósito era empezar a “arreglar la casa”, porque según su equipo de empalme Armenia es un “municipio descuadernado administrativa y financieramente”.

No solamente descuadernado en su parte administrativa y financiera, puntos por los cuales debe responder el alcalde saliente a las autoridades correspondientes porque fueron muchos los dineros que supuestamente y según sus propias versiones se invirtieron en ejecuciones que no se ven o que son muy pocas para tanto dinero y tanta ‘araraca’, como es el caso de los recursos del Fondo de Financiamiento de la Infraestructura Educativa FFIE para lo cual se firmó el acuerdo marco 1052 entre el Ministerio de Educación Nacional y la alcaldía de Armenia “siendo prorrogado el convenio en el 2018 por el entonces secretario de educación Luis Antonio Cobaleda Garay, hasta el 31 de diciembre de 2020”, convenio que incluía la construcción de 164 aulas, 8 comedores - cocina, 7 laboratorios, 8 aulas de tecnología, 8 aulas polivalentes, 3 aulas múltiples, 6 zonas recreativas, 6 zonas administrativas, 289 baterías sanitarias y 5 bibliotecas en 10 instituciones educativas del municipio por un costo cercano a los $50.000 millones de pesos. O los recientes $47.000 millones de pesos aprobados por el concejo municipal, corporación que asimismo tiene una alta responsabilidad del desorden y la crisis social y económica que se vive en la localidad.

Las obras, unas sin ejecutar, otras a medias y otras en “gestión”, es la constante en una ciudad que finalizando el año 2019 deja ver a los ojos de sus habitantes la negligencia, la falta de responsabilidad y la desidia del peor de los administradores de Armenia en sus 130 años de existencia, así quedará registrada en la historia de la ciudad, lamentablemente, la “gestión” del alcalde Óscar Castellanos Tabares.

La carrera 19, la principal avenida de Armenia ha sido el peor dolor de cabeza para sus habitantes que tuvieron que soportar una Navidad llena de trancones, de incomodidades y de desorden protagonizados no solo por las obras inconclusas sino también por la misma secretaría de Tránsito que no tuvo compromiso alguno con la ciudad.

Los huecos, los cráteres abundaron por toda la malla vial de la ciudad, los llamados “cachorros”, tapaban dos y se abrían cuatro. Y en obras fue muy evidente la vía de la antigua estación del ferrocarril que comunica el sur con el centro de Armenia, esta se quedó con un solo carril, para el otro no hubo idea alguna de restaurarlo, la maleza se encargó de “embellecer el lugar”. La carrera 26 norte, la vía que comunica la avenida Centenario con la avenida Bolívar, la principal y única entrada al centro de convenciones de Armenia, es otro de los puntos neurálgicos, obra que inició hace apenas unos meses y que el secretario de Infraestructura Jhon Jaber Macera, según comunicado de la alcaldía, después del diagnóstico en “detalle”, aseguró que sería entregada a mediados o finales de diciembre en “perfectas condiciones”, cuál diciembre, la obra no va ni en la mitad. Y qué decir del derrumbe de un barranco en la sede educativa Ciudad Milagro que amenaza la vida de estudiantes y docentes, se cansaron los maestros y padres de familia de rogarle a la alcaldía que construyera un muro de contención, por fortuna no se ha presentado un hecho que lamentar.

A ello, a la falta de obras agréguele la situación con los vendedores ambulantes que a partir de noviembre invadieron desmedidamente el centro de la ciudad y que se están tomado el centro comercial de cielos abiertos La Calle Real con la reverencia de la administración municipal. Sobre este tema hay en curso una investigación porque es increíble lo que se dice en las calles de Armenia por los propios vendedores ambulantes quienes responsabilizan a concejales elegidos y reelegidos que a cambio de votos “nos designaron un lugar en el centro de Armenia”.

En todo caso, la administración de Óscar Castellanos Tabares no es una administración para olvidar, al contrario, debe ser el ejemplo de cómo no se debe gobernar. Los armenios, de nuevo, confiamos en que el nuevo gobierno municipal liderado por José Manuel Ríos, “ordene la casa”, le dé a Armenia la confianza y el lugar que se merece. La tarea no está nada fácil pero otras ciudades otrora en ruinas como actualmente la nuestra, por culpa de sus administradores, han salido adelante y hoy son localidades convertidas en el modelo de que sí se puede enderezar el camino.

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