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Cultura  |  07 enero de 2020  |  12:00 AM |  Escrito por: Edición web

Antonio Valencia, en la lente de Quiceno

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Casi desapercibida pasó la tarde del 13 de diciembre, cuando el fotógrafo Orlando Quiceno mostró en la gobernación del Quindío, algunas de sus fotos del maestro, pintor y muralista del Quindío Antonio Valencia, cuya impronta ha quedado en la historia en el mural Epopeya del Quindío, en la sala que lleva su nombre.

Evocamos esta pequeña exposición con las fotos de Orlando Quiceno, para traer a la memoria a Antonio Valencia, uno de los más grandes artistas contemporáneos del Quindío, a los 22 años de su partida. De la mano de las fotos de Quiceno, recordemos hoy al maestro Valencia.

Antonio Valencia fue un artista universal. Sus obras en el Quindío son sólo una parte de su enorme producción, hoy en manos de museos, galerías y coleccionistas privados en Italia, Francia, Alemania, España y América Latina.

Nació en Circasia en el año de 1923, pero gran parte de su vida la vivió en Brescia, ciudad capital de la provincia de Lombardía, al pie de los Alpes, en Italia. Allí, gozó de gran aprecio y fama como pintor, muralista y vitralista. Tres mosaicos del maestro Valencia adornan igual número de templos católicos en Brescia: capilla del barrio Pinti en Cagnaghe de Sarezzo, capilla del Santo Sacramento y capilla de Santa María de la Victoria. Allí también, en una cripta familiar, se destaca un relieve suyo de grandes dimensiones. Estas obras destacan un Antonio Valencia maduro, en una producción comprendida entre 1969 y 1973.

A los 20 años, después de beber el espíritu de libertad de su natal Circasia, el maestro Antonio Valencia ingresa a la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional en Bogotá, donde se gradúa en 1949, mucho después de participar en el Primer Salón de Arte Moderno en Colombia en 1947 y en la Bienal de Arte de Venecia en 1948. Cuando recibió el título ya su fama recorría las galerías internacionales.

Su locura estética no lo devuelve al Quindío. Lo lanza a los azules y blancos paisajes de la Guajira, desde donde pinta las obras que le permiten volver a la Bienal de Venecia y a la Primera Bienal de Arte Hispanoamericano en Madrid, España. En 1952, con apenas 29 años de edad, gana el primer premio de pintura en el Salón Nacional de Arte Moderno de Bogotá, y recibe una beca para estudiar en la Real Academia de San Fernando de Madrid, a donde se va a vivir para quedarse en Europa Occidental parte de su vida, donde hizo grandes amigos en las artes plásticas y las letras.

Al concluir sus estudios en la Real Academia, obtiene -en 1955- el Primer Puesto en la III Bienal de Pintura Hispanoamericana de Barcelona, premio compartido con Alejandro Obregón, Cecilia Porras y Francisco Cárdenas.

Fue parte del denominado Grupo Picasso, que unió a pintores latinoamericanos en una exposición itinerante denominada Picaso y el Arte Contemporáneo que se inició en Ginebra y pasó por las provincias españolas de Santander, Granada, Córdoba, siguió en Lisboa y luego se trasladó a México.

En 1957, el famoso Ateneo de Madrid colgó en sus salas una exposición individual del maestro Antonio Valencia, lo que realzó su ya ganada gloria como pintor en Europa. Dos años más tarde obtiene un premio en la III Exhibición Bienal de Arte Mediterráneo en la legendaria ciudad de Alejandría en Egipto.

Sus exposiciones se pasean por América Latina y tienen gran eco en el Museo de Arte de Sao Paulo, Brasil, donde gana el premio de adquisición.

En 1963 empieza a estudiar técnica antigual del vitral en cemento en el Staedel-Kunst-Institut de Frankfurt, Alemania. Allí deja su huella con un vitral moderno en un templo religioso. Participa en la Exposición Internacional de Vitral en Lyon, Francia, donde deslumbra en esta nueva técnica. En 1966 obtiene el premio de la Comisión General de la Cultura de Frankfurt por su relieve abstracto denominado: Schnel-ligkeit. Allí en Alemania es contratado para realizar un mural en mármol en una importante casa de campo privada en Baviera.

Después de pasar casi tres décadas en Europa, regresa a Colombia en la mitad de los años setenta y trabaja en varias obras, entre las que se destacan: mural en mosaico y retal de mármol de la gobernación del Huila y el relieve en cemento en el altar mayor de la catedral de Armenia. En 1977 regresa a Brescia donde tiene su estudio particular y trabaja en una retrospectiva de su obra artística para la famosa Galería San Michele.

De regreso a Colombia, en 1986, se instala definitivamente en su casa de campo en Filandia, donde piensa sus dos últimos murales: Epopeya del Quindío en la gobernación de este departamento y Historia del Café, en el Parque Nacional de la Cultura Cafetera, en Montenegro.

No podemos acuñar la frase de que su muerte deja un hondo vacío. El maestro Valencia que se fue para siempre en 1998, deja una enseñanza enorme, un lleno de estética y espíritu que lo convierte en el pionero de las artes plásticas del Quindío.

Por Miguel Ángel Rojas Arias

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