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Columnistas  |  23 enero de 2020  |  12:00 AM |  Escrito por: ÁLVARO MEJÍA MEJÍA

¿SER EXITOSOS O FELICES?

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ÁLVARO MEJÍA MEJÍA

En días pasados, un grupo de profesionales me invitó a dictarle una charla a jóvenes emprendedores, que titulaban “el reto de ser exitoso”. Mi respuesta fue: “El problema de estos tiempos es que la gente quiere ser exitosa, pero no feliz”. 

Cuánto daño le ha causado a nuestras sociedades la cultura estadounidense. Consumismo, materialismo, idolatría al dinero, deseos de aparentar opulencia constituyen la materia prima de lo que algunos denominan “el éxito”. 

Nadie puede negar que una parte de la satisfacción, en nuestros tiempos, deviene de obtener ciertos logros, como títulos académicos, buenos trabajos, comodidades, gustos “burgueses”, pero el afán por acumular cosas que no se necesitan, compitiendo con los demás en una carrera absurda por ser “los mejores”, solo lleva al estrés, la ansiedad, la rutina. 

En esa pseudocultura, la moda se presenta como un ideal de las masas. El fetichismo determina nuevas necesidades. No basta estar bien, se requiere estar por encima del vecino. No se logra satisfacción con un buen vehículo, porque hay muchos mejores en el mercado. Si se compra un televisor de pantalla plana, en unos meses no servirá, porque ya existen los de pantalla curva. La publicidad vende la idea de una felicidad basada en poseer bienes materiales y en consumir sin control. Como dice la canción de Villamil: cuánto tienescuánto vales, principio de la actual filosofía.

El lenguaje y la comunicación se vuelven fútiles, frívolos, mediáticos. Lo más grave es que el ser humano queda atrapado en esa nueva mitología, de tal suerte que el no lograr esos estándares materiales lo convierten en un perdedor. De ahí, que la frustración, desesperanza, depresión, desencanto de buena parte de la sociedad actual se deban al fracaso, así sea temporal, en ese propósito de ser “exitosos”.

El ser humano está destruyendo el planeta y continúa insensible mientras, a su alrededor, desaparecen especies, se acaba el agua, se trastorna el clima. No importan las futuras generaciones, lo fundamental es tener cosas y ser triunfadores.

Hemos perdido la capacidad de sorprendernos ante las cosas que consideramos simples, pero que son las más extraordinarias: un amanecer o atardecer, el trinar de los pájaros, un bosque nativo, el color de las flores, el sonido del mar y de los ríos, el viento. La felicidad es una actitud frente a la vida e implica saber disfrutar de lo que nos rodea. No es tener, sino mirar con los ojos del alma. Es servir, ser útiles, amar…

El grupo de emprendedores me vieron salido de la realidad y optaron por no invitarme a su evento. 

Mientras ellos siguen en su competencia por ser “los mejores”, yo cierro los ojos, escucho una sinfonía de Beethoven y contemplo “el sol de los venados”, una tarde de enero del año 2.020.

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