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Región  |  26 enero de 2020  |  12:01 AM |  Escrito por: Edición web

Ecos del terremoto del 25 de enero de 1999

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Ecos del terremoto del 25 de enero de 1999

Por Germán Rojas Arias

LUNES 1 DE FEBRERO DE 1999

El trabajo su mejor aliciente

No le importó su propio dolor

El drama vivido por Eduardo Mejía Mejía, párroco de la iglesia La Anunciación del barrio La Unión de Armenia, es para nunca olvidar, ya que el pasado lunes 25 de enero después de haber transcurrido unas cuantas horas del desastre que conmovió a la región, una emisora de la capital dio como hecho la muerte del presbítero.

Todas las gentes del popular sector de la capital del Quindío donde el joven cura hacía su trabajo sacerdotal al enterarse de la muerte del guía espiritual, lo lloraron desconsoladamente.

A la pérdida de un ser querido se unía la muerte del hombre que con cara de muchacho había logrado que una buena parte de los feligreses regresara a la iglesia y ayudaran en la labor social que se adelantaba.

Al llegar la noche del fatídico lunes y ante la carencia de energía eléctrica y el temor de nuevos temblores, la mayoría de los habitantes de los barrios La Unión, 7 de Agosto, La Nueva Libertad, Montevideo y Villa Liliana, decidieron salirse a dormir al frente de sus casas.

Algunos improvisaron sus dormitorios en la cancha de baloncesto de La Unión.

Todos ellos estaban resignados a su suerte, daba la impresión que la tristeza se había apoderado de ese sector de la ciudad.

De pronto en medio de la angustia, algunos niños empezaron a gritar “ahí viene el padre Eduardo, ahí viene el padre Eduardo”, ante esto se pensó que se podría tratar de una ‘aparición’, hasta que alguien se le acercó y vio claramente que era el padre Eduardo y estaba vivo.

El cura recorrió los barrios y contó que en el seminario debido al terremoto había muerto un cura, alguien se equivocó y dijo que el difunto era el padre Eduardo.

Que no había bajado antes a su iglesia, porque estaba ayudando en la recuperación de los cuerpos de María Angélica Mejía Ángel de 68 años su señora madre, de Hernán Mejía Mejía, de 42 años de edad, odontólogo, su hermano más allegado; de Luz Marina Echeverry Mejía, su prima y de Lorenza Mejía Ángel, su tía.

También se buscaba el cuerpo de Lucy, la señora que toda la vida había trabajado en la casa de la familia Mejía Mejía, quien estaba en el apartamento que estos ocupaban en el centro de Armenia en el momento en que se presentó el movimiento de tierra. A pesar de haber perdido a cuatro familiares y una mujer que lo vio crecer, el padre Eduardo Mejía Mejía sigue trabajando sin descanso por el bien de las personas que acuden a su iglesia y que lo acompañan en su dolor.

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