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Cultura  |  08 marzo de 2020  |  12:00 AM |  Escrito por: Edición web

Estanislao Zuleta: La Democracia y los Derechos Humanos

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Por Fabio Giraldo Isaza

A la memoria de Guillermo Perry

“…Los hombres son tan necesariamente locos, que sería

estar loco de alguna otra manera, el no estarlo”

Fiódor Dostoievsky

INTRODUCCIÓN

En el pasado mes de febrero, se realizaron varios eventos conmemorando y recordando los 30 años de la muerte de Estanislao Zuleta y los 85 de su nacimiento. Tuve el agrado de participar en el Foro Homenaje “Zuleta 30 años” organizado por el Grupo de investigación Presidencialismo y Participación de la Universidad Nacional, “International Gramsci Society Capítulo Colombia”, Laboratorio de Innovación Política Somos Ciudadanos y la Revista Pensamiento de Ruptura. El evento se desarrolló en el marco de una serie de actos académicos, políticos y pedagógicos, con motivo de lo que los organizadores denominaron, “el año Estanislao Zuleta”.

A Estanislao, se le recuerda por sus conferencias en varias Universidades y ciudades del país. Gozaba de un estilo ameno y descomplicado con gran riqueza pedagógica producto de su forma de conversación única y singular. Su vida se confundía con una aventura intelectual llena de preguntas y discusiones. Su trayectoria se podía definir como la de una gran pasión por el conocimiento. Fue un referente de la izquierda anti-totalitaria y no dogmática y enemigo declarado de la lucha armada como vehículo para acceder al poder. Era en esencia un filósofo político del liberalismo ilustrado, seguidor a su manera, no solo de varios de los intelectuales de la filosofía de las luces, sino en especial de Kant, Hegel, Marx, Nietzsche y Freud entre otros.

En nuestro medio, su figura para muchos de sus contertulios y amigos, parecía la de un hombre salido de la Grecia clásica, al punto que algunos lo consideraban un “Sócrates Bohemio”. Estanislao solía cautivar a sus auditorios para transmitir su visión del mundo, enfatizando la responsabilidad social de la educación para formar personas amantes de la ciencia, el arte y las libertades democráticas; siempre, por decirlo de alguna manera, fue a contracorriente. Sus ideas de vanguardia se calificaron por el establecimiento como peligrosas. Su visión sobre la democracia y la libertad se podría parodiar con la pregunta que le hicieron a Bertrand Russell cuando lo interrogaron sobre lo que tenía contra el mundo libre y respondió de inmediato: “Que no es libre”.

RELEER A ESTANISLAO ZULETA

Para releer a Estanislao Zuleta es indispensable distinguir las diferentes facetas de su vida personal y de su vida colectiva. La historia de su actividad intelectual, marcada profundamente por sus lecturas de Freud y Marx, Th Mann y Sartre, Kafka y Nietzsche, para señalar a estos autores básicos en su universo cultural, no se puede confundir con la vida de Estanislao Zuleta y a las personas que en un país como Colombia, inspiro, influencio o transformo, positiva o negativamente en su vida personal, intelectual y política.

Hay, como en cualquier personaje que impacta la vida colectiva de su país natal, varios Estanislao Zuleta; mencionemos, como simple referencia ilustrativa los que desearía recordar en esta conmemoración de los 30 años de la muerte de nuestro amigo, el insumiso educador:

El padre y miembro de familia

El personaje singular convertido contradictoriamente en figura de amor y de odio; de idealización y desidealización patológica, donde el “psicoanalizado” se asume como el heredero intelectual predilecto de un síntoma como proyección de deseos inconscientes.

Los amigos en la ciudad y el territorio a los cuales impactó con sus conferencias y actividades: Bogotá, Medellín y Cali, así como en varias ciudades intermedias como Tunja, Popayán, Pasto entre otras.

El insumiso educador de gran influencia en los procesos educativos, repercutiendo en la docencia con sus aportes específicos en la educación y la cultura.

El autodidacta que con su pasión intelectual, desbordo los marcos tradicionales de la vida universitaria, en una producción fundamentalmente oral.

El Dr. Honoris Causa de Psicología por la universidad del Valle, dictándole a su público un discurso para narrar sus dificultades, convertido en catecismo criollo para muchos de sus seguidores y con relativo éxito comercial para sus familiares y promotores.

Son muchos los Zuletas posibles. Admiré y creo que es importante seguir haciéndolo, al filósofo político de un país de la periferia del capitalismo, preocupado por la violencia, la profundización de la democracia liberal y la plena vigencia de los derechos humanos. La búsqueda de una concepción positiva de la democracia de la mano de la organización de las Naciones Unidas, no se puede comprender, sin acceder a sus lecturas sobre el pensamiento político de Kant y en especial, donde considera imposible la creación de una sociedad utópica, transparente y no conflictiva, que pueda prescindir del estado liberal y su normatividad jurídica: “el hombre quiere la concordia pero la naturaleza sabe mejor que es lo que conviene a su especie: ella quiere la discordia”.[1]

No nos interesa hablar del hombre, pero si discutir la puerta sin cerrar de la obra de un intelectual condenado a consolidar relaciones vivas de admiración, discusión y crítica, sin caer o pretender que un academicismo extremo, pueda tener el control absoluto de un bien complejo, como es la obra de Estanislao Zuleta. Esta obra con todas sus dificultades, tiene su propia historia. Repasemos rápidamente la obra de Zuleta, antes y después de su muerte. Los Cuadros 1 y 2 sirven para este propósito. Apoyándonos en ellos, realizaremos algunas observaciones tratando de despojarnos de las cadenas y taras universitarias; tratan de liberarnos del cuidado para que nuestra vida tenga un sentido, arropados por títulos de la meritocracia liberal y así evadir “nuestro amor por las cadenas”.

La publicación de Marxismo y psicoanálisis, cubre buena parte de la actividad intelectual de Estanislao Zuleta, la cual se encuentra atravesada de principio a fin por la obra existencial de Jean Paul Sartre. Su trayectoria intelectual no solo es crítica con muchos de los postulados de Marx y de los marxismos, sino lo es, con la obra del filósofo francés, lleno de desmesura, velocidad y contradicción permanente, imposible sin considerarlo como un retrato en movimiento, como es presentado en la monumental biografía de: Annie Cohen Solal. [2]

Como los señala la biógrafa. No intenté erigir estatua alguna en el jardín, sino que había penetrado en una carpa de la que Sartre había sido el dueño trabajado al modo de un cerrajero, como un artesano de las palabras. No se sentía a gusto, como el propio Zuleta, más que en libertad. Sartre, rechazo todos los honores -desde la Legión de Honor al Premio Nobel- para negarse a quedar encarcelado por la institución; en una palabra, por el statu-quo. La montaña mágica, producto de un trabajo laborioso del profesor, crítico literario y poeta, Eduardo Gómez, fue indebidamente publicada en 2003 por la editorial Hombre Nuevo Editores, desconociendo a su editor original y eliminando su presentación.

El siguiente libro de Estanislao, “Sobre la idealización en la vida personal y colectiva -y otro ensayos-” ha sido reeditado en numerosas oportunidades, con el título más comercial “Elogio de la dificultad -y otros ensayos-” omitiendo la edición original y lo más importante y esclarecedor, cayendo en la trampa que el propio Estanislao había advertido en el epígrafe, con el cual se inicia el ensayo que da título a la edición del autor: “Estas son cuestiones tan complejas, cuestiones que en general se prefiere evitar -comprendo también este punto de vista, hasta lo comprendo mejor que el mío- pero a las que yo he dedicado toda mi existencia”: Kafka.

No es nuestro interés realizar un psicoanálisis salvaje, pero si nos anima, observar esta problemática transferencia en los análisis del profesor Zuleta. Muchas de las interpretaciones de su obra, por algunos de sus “pacientes-seguidores”, no se pueden ver al margen de esta patología, producto de una transferencia inconclusa, donde la palabra del maestro, base de sus interpretaciones y opiniones intelectuales, es vivida como una idealización integral, de doble registro, pero haciendo parte del proceso de pensamiento: “En las relaciones personales la única manera de conseguir una relativa continuidad afectiva consiste en reconocer que el anhelo de ser uno y el anhelo de mutua transparencia -siempre presente en el deseo y el amor- es afortunadamente inefectuable, ya que nadie puede ser uno ni siquiera con sigo mismo, ni transparente para sí mismo”.[3]

En el cuadro número 2, hemos presentado rápidamente, Textos póstumos 1990-1992 y reediciones de sus principales libros 1994-2016. Como se puede observar, allí, se repite el mismo patrón que en el libro sobre la montaña mágica por razones similares a las mencionadas atrás. Aquí las patologías, no son con las reflexiones de Estanislao sobre la literatura, sino sobre sus reflexiones en torno al proceso político de la época, consignado en su libro póstumo que titule: Colombia: Democracia, Violencia y Derechos Humanos[4]:

La discusión critica que hemos establecido, no pone en duda la importante labor de familiares y amigos por recuperar muchas conferencias dispersas de Estanislao, sin las cuales, seguramente no estaríamos celebrando en la universidad el Foro Homenaje “Zuleta 30 años”. Y lo más importante, muchos colombianos, no podrían conocer la palabra dicha de Estanislao Zuleta, de circulación gratuita en la colección “libro al viento”[5] donde se presenta a Estanislao como una de las figuras más interesantes del pensamiento colombiano al margen o por fuera de las relaciones conflictivas con la academia. En efecto, Estanislao Zuleta busco durante su vida la creación de un paideia democrática, como proceso de vida orientado hacia la autonomía individual y colectiva.

Una lectura moderna y al margen de estas discusiones psicoanalíticas, la presenta, una de las visiones menos patológicas del pensamiento de Zuleta. Nos referimos, al texto del actual rector de la Universidad de los Andes. Este, como ministro de salud del Estado colombiano, presentó a nuestro personaje, como un Demócrata Liberal en su libro, “Alguien tiene que llevar la contraria”[6]. No es este el lugar, para controvertir al rector de la universidad, que en una continuidad con la visión de Estanislao, nos propone en su último libro, la necesidad de volver a la ética y con ella, reelaborar la búsqueda fundamental del filósofo político de la estética de la libertad. Alejandro Gaviria, en una continuidad lógica con su estilo y en una preocupación con las principales enseñanzas filosóficas y estéticas del amigo de su padre, titulo su último libro “Siquiera tenemos las palabras”.[7]

He dedicado este ensayo a Guillermo Perry. No solo como un acto de amistad con el amigo recién fallecido. Con Guillermo, me unieron muchos encuentros, en especial, cuando buscamos un modelo alternativo para la sociedad colombiana. Nuevamente, el rector de la Universidad de los Andes, nos recuerda la importancia de este amigo, en busca de la paz y la democracia: “mientras leía el manuscrito de este libro inusual -una mezcla de testimonio, análisis e historia económica-, por esas conexiones extrañas de la memoria, recordé un fragmento de la extraordinaria novela de Phillip Roth Pastoral Americana[8].

Por esas cosas de la vida, escribiendo sobre Estanislao, recordé unos de los fragmentos póstumos de Federico Nietzsche, que en algún momento leímos: “los grandes pensadores de la época trágica no reflexionan sobre otros fenómenos que aquellos que el arte igualmente considera”[9]. Por ello, hoy al recordar la partida de Zuleta, podemos traer a cuento una de sus más caras enseñanzas: no es el arte, ni el amor, ni la amistad, quien se va. Nos vamos los mortales: “Nos queda el arte para no perecer ante la verdad”-Nietzsche-.

ZULETA: ACTOR CRÍTICO DE LA REALIDAD SOCIAL

Durante su corta existencia -murió cuando solo tenía 55 años- hizo de la palabra y la conversación una constante, hasta el punto que conversar con él, era asistir a un dialogo con la historia de la filosofía, de la literatura, del país y de varios de sus lugares, culturas y habitantes. Era un paisa formado a la antigua, precozmente culto y muy preocupado por la filosofía política de su tiempo. Fue uno de los intelectuales más influyentes de su generación en el mundo universitario, admirado y rechazado por profesores y “autoridades académicas”. Observador de la realidad y en cierta forma actor de acontecimientos importantes al final de su vida, con su participación activa en los gobiernos del presidente Belisario Betancur y Virgilio Barco.

Pensaba no solamente en política. Tenía grandes disertaciones sobre la amistad y el amor, las cuales siempre acompañaba con comentarios sobre Marx, Nietzsche y especialmente Freud. El ser humano era esencialmente un animal simbólico que no solamente sabe que está vivo, sino esencialmente un ser que sabe que va morir. La temporalidad es la base de la conciencia de la finitud y esta, no se ve solo como un acontecimiento exterior y posterior a la vida, sino, como lo enseñaba otro de sus grandes maestros, Martin Heidegger: la muerte es esencial e interior a la vida.

Pero en su universo cultural tenía un lugar central el padre del psicoanálisis. Para él, Freud era el creador de una nueva mirada sobre el ser humano. De la mano del psicoanálisis sabía que hay dos niveles de sentido; el manifiesto y el latente. Todo lapsus, olvido, inhibición, síntoma, sueño, tiene un sentido, pero este sentido, no es solo consiente, es esencialmente inconsciente. Le interesaban no solamente los problemas de la literatura y el psicoanálisis, era un apasionado por los asuntos políticos y sociales de su época.

Era un rebelde, un insumiso libre pensador. Compartía muchas ideas con los filósofos que defendían la igualdad de derechos políticos, sexuales, étnicos, culturales etc, de hombres y mujeres; consideraba como Freud, que el miedo a la sexualidad era una especie de superstición cristiana heredada de unos de los más importantes políticos de la humanidad: Pablo de Tarso.

Proponía no solamente la libertad de conciencia y la libertad de prensa, sino la educación sexual y una sociedad con mayor igualdad y con respeto a las diferencias. El amor libre y la lucha contra las estrecheces religiosas marcaron su horizonte cultural. De la inmortalidad, el libre albedrío y de la existencia de Dios, no había razón para creer en ninguna de ellas. Como Borges y Freud, podría pensar que la religión era una de las ramas más sofisticadas de la literatura fantástica.

No tenía a Jorge Luis Borges entre sus poetas preferidos, pero sus búsquedas intelectuales coincidían plenamente con el artista. Los historiales clínicos, tan pegados a la vida cotidiana, aparentemente no deberían guardar en principio ninguna relación con la literatura, pero cuando se lee a Freud se advierte porque este recibió en su patria natal, el premio Goethe de literatura, llegando a ser postulado por Thomas Mann para recibir el premio Nobel. Los historiales clínicos de Freud, son más piezas de arte y literatura que piezas de material científico; por ello, es posible preguntar de la mano del escritor Juan José Millás, si el objeto de la literatura y el psicoanálisis, no será el mismo.[10]

En Freud, la pregunta no es solo por las causas sino por el sentido: la psique humana no es un mecanismo racional bien lubricado que se pueda reproducir como una maquinaria. No es un vehículo de motor, ni un reloj bien sincronizado: El inconsciente, nuestra capacidad de crear símbolos y dejarnos esclavizar por ellos, es la esencia de la psique humana. Esta, se encuentra en la base no solamente de la literatura sino de los abusos de la historia y de los grandes males de nuestro tiempo.

Para combatir esta tendencia generalizada del mundo moderno, la educación no se puede hacer al margen de una lectura de los clásicos y de una relación de seducción y amor por el conocimiento. Como sostiene Borges, la lectura de los clásicos no es la lectura de personas admirables. Hay muchos escritores, poetas y filósofos que no fueron otra cosa que personas admirables. No modificaron el curso de la historia, llena de puntos de inflexión y de eclipses políticos, económicos y sociales.

La lectura de los clásicos no es para eliminar lo imposible, la incertidumbre. Sirve para caminar a través de la realidad donde no hay luz sin oscuridad, ni oscuridad sin luz. Un hombre unidimensional mantiene una ética de comerciante carente de preocupaciones filosóficas y estéticas, sordo para los grandes problemas de la humanidad, el universo, el tiempo y su flujo: “no hay una sola imagen. No hay una sola hermosa palabra, con la excepción de testigo, que no sea una abstracción. Estas páginas buscan, no sin incertidumbre, una vía media”[11]

La lectura de los clásicos del pensamiento como el de las obras maestras de arte, era el objeto central de este maestro de maestros. Un clásico para Zuleta era un sobreviviente de la época en que vivió. La representa y la resume. Don Quijote significaba para él, la literatura en castellano del siglo XVII. Tenía muy poco que ver con los libros que se leían en su tiempo, al igual que le aconteció al contemporáneo de Cervantes, William Shakespeare. Para Zuleta, como ocurría con sus lecturas literarias de Goethe, Th Mann, R Musil y F. Kafka entre otros, moldeaban, remezclaban y transformaban esos textos preexistentes, hasta convertirlos en obras maestras. Todos a su manera, incluidas las lecturas de este insumiso intelectual, eran maestros de esa forma afilada de la inteligencia que llamaban ironía.

Los clásicos, como lo recomendaba Zuleta a sus contertulios, se deberían leer como Nietzsche, de una lenta digestión, descartando como de pasada lo más firme y antiguamente establecido: “Hay que aprender a escuchar la factura musical de este pensamiento, la manera alusiva y enigmática de anunciar un tema que solo encontrará más adelante toda amplitud y la necesidad de sus conexiones”[12]. Leer es trabajar y saber detenerse en un punto largamente. Toda lectura “objetiva”, neutral o “inocente” era en realidad una interpretación, generalmente al servicio de la ideología dominante[13].

La lectura de los clásicos del arte y la filosofía, eran esenciales para abordar y confrontar los diferentes periodos filosóficos, históricos y estéticos que se abren con el devenir del tiempo. Estanislao fue un hombre de su tiempo dedicado a la búsqueda de nuevas respuestas a nuevas preguntas. Vivió la crisis teórica del Marxismo y de su proyecto revolucionario, sin sucumbir a él. Rechazaba la pretensión del Marxismo de erigirse como ciencia de la realidad social, y buscaba sin cesar una concepción plurilineal de la historia. Esta, transcurre por distintas vías, alejada del determinismo económico y de una teología preestablecida con un espacio-tiempo discontinuo y abierto a lo contingente. Toda historia, incluida la historia de cualquier sociedad y de sus formas políticas, tiene su propia historia.

La filosofía y la literatura es la materia prima de la vida. El arte es un proceso de ingestión omnívora que devora la vida y la convierte en arte. Devora el tiempo y el espacio, volviendo a las palabras; a las palabras anteriores al lenguaje, a través de las lenguas que moldean nuestros cerebros. Los clásicos como el Quijote y Macbeth siguen conversando a través del tiempo, sus aventuras y dolores de la España Isabelina y de ese dolor político que hace emerger de la nada, una nueva realidad, Inglaterra. El arte es como las Meninas de Velázquez, un cuadro dentro del cuadro o como el cine clásico, una película dentro de otra película, son casi sueños, con los que compartimos sin saberlo muchas de las pesadillas de la realidad. Un clásico, enseñaba Zuleta, es un texto que pone en jaque todas las ideologías, incluidas las que aún no existen.

Al final de su vida, fue testigo de grandes acontecimientos nacionales y extranjeros. Discutía largamente sobre la suerte del país y la importancia que para él tenía ese acontecimiento único y de gran alcance político: la desintegración de la Unión Soviética y la deriva emancipatoria que significo el fin del Totalitarismo Soviético. Sin caer en la ingenuidad de que la ideología hubiera muerto, era consciente de que los medios, la economía planificada, sucumbía, abriendo la posibilidad de la construcción de sociedades más democráticas.

Para muchos de sus seguidores y amigos, su influencia fue básica. No solo repetían sus charlas, heredaban sus gestos y muchos no podían pensar sin él, hasta el punto que para algunos, pese a todas las evidencias de la filosofía política que defendía Zuleta, Kant, Spinoza, etc, este, para ellos, era un Marxista y no un intelectual inclasificable. Para Estanislao, la literatura y la filosofía establecían una relación pedagógica con posibilidad de creación, no solamente a nivel personal sino con capacidad de participar activamente en la vida política del país.

Su visión antropológica-filosófica, tenía un fuerte contenido ético y estético, imposible de comprender sin su amor por la literatura y el arte. Su interpretación de Kafka, por ejemplo, no era la simple descripción de una burocracia ciega y totalitaria que domina a un pueblo indefenso. En “el castillo” se entra en un laberinto, donde los caminos se parecen a un territorio habitado por seres humanos producto de un complejo proceso histórico, donde la enigmática sinergia de una multitud de factores no se encuentran al margen del individuo y la sociedad: la sociedad es la gente y es la gente quien ha creado la sociedad.

En la vida del mundo de hoy, la política no hay quien la entienda. Que falta nos hace el pensamiento crítico de Estanislao Zuleta. Para él, la democracia no era un valor de cambio, era un ideal, un proceso, que aunque irrealizable en su totalidad, era un horizonte para la acción y la vida en sociedad. Ella, era el lugar donde se ejercía el respeto a las diferencias, garantizando “el derecho a tener derechos” como se encuentra consagrado en la constitución y las leyes.

Liberarnos de la heteronomía de la construcción de procesos sociales por las vías revolucionarias convencionales, es una tarea pendiente para la izquierda democrática del país. Es urgente crear un programa político donde las distintas fuerzas logren un mínimo de identidad programática, siguiendo las lecciones filosófico-políticas, cambiando las formas de pensar: “no cambiar al Zar por Lenin y su dictadura de partido único, perteneciendo al rebaño en el poder, sino dejar de ser oveja.

Una filosofía del amor y la amistad, defendiendo la filosofía política ilustrada y la literatura clásica, como lo hacía Zuleta en el país, se encuentra muy bien plateada en la conversación póstuma del recientemente fallecido, George Steiner: “…Quizá la amistad sea más valiosa que el amor. Sostengo esta tesis porque la amistad no tiene nada del egoísmo del deseo carnal. La amistad, la auténtica amistad, se basa en un principio de Montaigne, en un intento de explicar su relación con Étienne de la Boétie, que condensó en una frase bellísima: “Porque era él; porque era yo”[14].

Bibliografía

Borges, Jorge Luis, La cifra, alianza editorial, Madrid, 1981, Pág. 12

Cohen- Solal, Annie; Sartre –Una biografía-, Emece Editores, Buenos aires,1990

Freud, Sigmund, Relatos clínicos, Ediciones Siruela, Madrid, pág. 12

Gaviria, Alejandro, Alguien tiene que llevar la contraria, Ariel, Bogotá, 2016

Gaviria, Alejandro, Si quiera tenemos las palabras, Ariel, Bogotá, 2019

Nietzsche Federico, Fragmentos póstumos, Abada Editores, Madrid, 2004 pág. 31

Perry Guillermo, Decidí Contarlo, Prologo, Alejandro Gaviria “Los técnicos y lo público: recuento de una pasión”, Debate, Bogotá, 2019, pág. 11

Zuleta Estanislao. (1985). Sobre la idealización en la vida personal y colectiva y otros ensayos. Bogotá: Procultura. Pag 32

Zuleta Estanislao. (1985). Sobre la idealización en la vida personal y colectiva y otros ensayos. Bogotá: Procultura. Pag 82

Zuleta Estanislao; Colombia: Violencia, democracia y derechos humanos, Ediciones Altamir, Bogotá, 1991 Pág. 30

Zuleta, Estanislao, SHAKESPEARE -Una indagación sobre el poder- IDEARTES, Bogotá, 2018

Ver: https://elpais.com/cultura/2020/02/04/actualidad/1580845337_200341.html

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[1] Zuleta Estanislao; Colombia: Violencia, democracia y derechos humanos, Ediciones Altamir, Bogotá, 1991 Pág. 30

[2] Cohen- Solal, Annie; Sartre –Una biografía-, Emece Editores, Buenos aires,1990

[3] Zuleta Estanislao. (1985). Sobre la idealización en la vida personal y colectiva y otros ensayos. Bogotá: Procultura. Pag 32

[4] Este libro ha tenido numerosas publicaciones. Cuando la familia entró en discusiones con la editorial Altamir, las nuevas versiones aparecieron con un nuevo editor y nuevamente como ocurrió con la Montaña Mágica, la presentación que realice desapareció de todas la versiones; seguramente en este caso, por las diferencias políticas, que mi interpretación sobre la Filosofía política de Estanislao, causaba a muchos de sus seguidores y amigos.

[5] Zuleta, Estanislao, SHAKESPEARE -Una indagación sobre el poder- IDEARTES, 2018

[6] Gaviria, Alejandro, Alguien tiene que llevar la contraria, Ariel, Bogotá, 2016

[7] Gaviria, Alejandro, Si quiera tenemos las palabras, Ariel, Bogotá, 2019

[8] Perry Guillermo, Decidí Contarlo, Prologo, Alejandro Gaviria “Los técnicos y lo público: recuento de una pasión”, Debate, Bogotá, 2019, pág. 11

[9] Nietzsche Federico, Fragmentos póstumos, Abada Editores, Madrid, 2004 pág. 31

[10] Freud, Sigmund, Relatos clínicos, Ediciones Siruela, Madrid, pág. 12

[11] Borges, Jorge Luis, La cifra, alianza editorial, Madrid, 1981, Pág. 12

[12] Zuleta Estanislao. (1985). Sobre la idealización en la vida personal y colectiva y otros ensayos. Bogotá: Procultura. Pag 82

[13] Zuleta Estanislao. (1985). Sobre la idealización en la vida personal y colectiva y otros ensayos. Bogotá: Procultura. Pag 84-85

[14] Ver: https://elpais.com/cultura/2020/02/04/actualidad/1580845337_200341.html

TEXTO TOMADO DE REVISTA SUR

https://www.sur.org.co/estanislao-zuleta-la-democracia-y-los-derechos-humanos/

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