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Cultura  |  25 marzo de 2020  |  12:00 AM |  Escrito por: Rubiela Tapazco Arenas

Bitácora de un ansioso en cuarentena

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Por Johan Andrés Rodriguez Lugo.

El día empezó para mí a las siete de la mañana cuando desperté, tenía programada una reunión a las 8:30 a.m. y la Empresa de Energía del Quindío EDEQ había alistado una jornada de pruebas para analizar sus redes y tenían programadas suspensiones en distintos horarios de la mañana. A última hora decidí que lo mejor era ir a la casa de papá, allá no había suspensión por el momento.

​Me arreglé, alisté el tapabocas, un buzo manga larga y el gel antibacterial. Llamé a la Empresa de Taxis de Calarcá y el número 103 llegó a recogerme. El taxista me miró y supuse que sonrió porque su tapabocas se subió un poquito en su cara, abrí la puerta y la silla olía a alcohol, estaba recién limpia. Él tenía guantes de latex blancos, tapabocas, un envase con atomizador que contenía alcohol y que le fue entregado por la empresa. Le pregunté por estos días, me dijo que todo estaba suave, que en la madrugada hubo muchos servicios pero que su día empezaba conmigo, cinco minutos duró mi viaje hasta la casa de papá, Calarcá no es tan grande y yo me mantuve quieto.

Llegué a mi destino, papá estaba sacando a Roco, su perro pastor, me tocó esperar que regresara, estaba en pantaloneta, camiseta y saludando a todo el que se encontrara

​¡Pa, éntrese!

​- Ay, yo me estoy cuidando, entre mejor que ya está su desayuno.

​Entré, alisté mi computador, mi mouse y mis audífonos para atender la reunión que ya iba a empezar, luego de analizarlo mejor, subí a su cuarto y organicé un espacio para estar más cómodo.

​En Twitter la vida inició, en Pereira se estaban presentando disturbios y los videos aparecieron, al lado de un almacén de la cadena Ara había un conglomerado de gente y a lo lejos se veían policías antimotines del ESMAD que llegaban a controlar la situación. En otro video se veía la gente corriendo y maldiciendo la policía.

​El terminal de Armenia estaba a punto de colapsar. Las estaciones de Trasmilenio en Bogotá no daban abasto, el Metro de Medellín estaba en un día normal. A las ocho en punto sonó, en Calarcá, una alarma que duró mucho tiempo, casi el minuto, la cual anunció el último toque de queda para coincidir más tarde con el nacional. Al parecer fue más un timbre para el descanso pues aquí también la gente empezó a salir como si fuera un día normal.

​-¡Pa, éntrese!

​La reunión empezó y la energía se fue. Me quedé quieto, pasmado, sin saber qué hacer. Había perdido toda la planeación, al parecer “el sector” incluía mucho más allá de la casa de papá. El internet también se cayó y yo no tuve más que hacer que activar de mala gana los datos de mi celular y rogar que funcionaran para atender la reunión. Regresé y seguí en la video llamada de la reunión. Estuve casi dos horas hablando y atendiendo.

​- ¡Pa, éntrese!

​Bajé a almorzar, me lavé las manos, me eché gel y me senté. Comí, bebí y subí a seguir trabajando.

​-¡Pa, éntrese!

​El día está terminando, la gente lleva su vida normal y nuevos casos han sido registrados, el simulacro del fin de semana se fue a la basura, con la salida de la gente, el número de contagios aumentará y ya veremos lo que sucederá.

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