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Cultura  |  03 abril de 2020  |  12:59 AM |  Escrito por: Edición web

Oda a las radionovelas en tiempos de la peste

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Por Libaniel Marulanda

Y de nuevo la historia con una caricaturesca versión modelo 2020, como debe ser. Cuando transcurría pródigo en sucesos el año 57, una enfermedad llegó por Buenaventura, fulminó un millón de personas en el mundo: Se llamó la gripa Asiática y nos mandó a la cama a los colombianos; no a todos pero sí a un gordo número de muchachos para quienes, entonces, las intensas fiebres en todo caso fueron inferiores al sentimiento de sabernos en libertad vacacional.

Y esos días de forzosa quietud en cama nos permitieron gozarnos la épica vuelta a Colombia en bicicleta, el retiro del que parecía imbatible equipo de Antioquia, así como asistir como testigos ingenuos a la caída de Gurropín, el General Jefe Supremo Rojas Pinilla, caudillo de Colombia por la gracia de la Virgen de Chiquinquirá.

Y de encima, oír las emisiones de la Voz de Antioquia con una radio novela, patrocinada por Coltejer, que nos enseñó, primero, a amar la radio y, ahora, sesenta y tres años luego, a cuestionar el maniqueo y racista contenido de la que fuera uno de nuestros primeros amores radiales: la radionovela del escritor costumbrista Juan José Botero. Bueno, es que los años, si se viven lejos del oscurantismo, también sirven para rectificar algunas querencias antiguas… Pero ese es otro paseo que no viene al cuento, como sí lo es, con todas las luces encendidas al mejor estilo de Brodway, la genial chifladura de Fernando Araujo y un combo de periodistas de El Espectador.

El apelativo de radionovela, como género hertziano, con el oportuno destape realizado en la edición dominical de marzo 29 de 2020 de El Espectador, si acaso no pasó a mejor vida por lo menos fue revaluado (¡y de qué manera!), con otro nombre: ahora es una audionovela que se oye en computadores y celulares. ¡Chau radios, gracias por la labor prestada!

“Yo confieso”, es el título de la irrupción digital de nuevo cuño, cuyo primer capítulo “Hágase tu voluntad” (Ver vínculo) ya comenzó a contagiar los oídos abiertos al mundo del arte a través de las redes.

Siendo Fernando Araujo el progenitor de esta audionovela, lo justo es transcribirlo:

“De una conversación y un almuerzo a medias en un restaurante con sabores exóticos surgió una vaga idea, y de esa vaga idea surgió un texto, y ese texto fue otro texto y luego una hoja y dos, y cinco y cien y 150, y en ese texto, una señora que tenía un hijo con su propio hijo se transformó en otra que escondía los secretos de unas fosas comunes en las que estaban los restos de algunos desaparecidos de los hechos del Palacio de Justicia en noviembre de 1985, y el padre que era su confesor se convirtió en su enemigo y en su utópico amante al mismo tiempo, y de ellos dos se desprendieron nombres y peticiones y juegos en los que se mezclaban personajes de la vida real con otros de ficción que pasaban a ser algunos más, y cuyas historias desembocaron en una radionovela que después pasó a ser audionovela y a titularse Yo confieso”.

El anterior párrafo, de entrada permite dejar claro que estamos ante un hecho fundacional: la audionovela colombiana, a menos que la cuarentena nos haya limitado la visión del actual panorama cultural. Pero, además, no solo es el elemento fundacional: es la ruptura necesaria con los clisés del género precedente: ¿Acaso existe una radionovela colombiana donde exista la exploración de la historia nacional, desde la perspectiva de víctimas y victimarios, en un conflicto al que se le han vertido toneladas de tierra de cementerio?

No es coincidencia que dentro del equipo realizador del nuevo género digital, estén presentes periodistas del primer diario fundado en este país (como Hugo García Editor Político). Don Fidel Cano, un liberal radical, de verdad, como los de antes, estuvo presente en el cuestionamiento público de asuntos tan cruentos e inspiradores de la mejor literatura colombiana, como lo fueron los sucesos recreados por José Eustasio Rivera en La Vorágine o la masacre de las bananeras en las obras de Gabo y de Cepeda Zamudio, entre otros.

Aquí en el Quindío, igual que en la Colombia confinada por el virus de moda, estaremos con los audífonos conectados en los capítulos de “Yo Confieso”, la audionovela.

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