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Cultura  |  08 abril de 2020  |  12:00 AM |  Escrito por: Edición web

El cristo victorioso de Magall

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Por: Roberto Restrepo Ramírez

Fue Magall el artista de los cristos sufrientes. Lo conocí en la década de los ochenta y su historia me cautivó porque esa alma de origen gitano seguía libre por el mundo sin ataduras. Su transcurrir fue abierto por la vida y la trashumancia era el aspecto normal de su devenir. No hubiera podido concebir su espíritu, deteniéndolo en el tiempo y en el espacio. Porque Magall tenía los genes de la eterna aventura de su universo, como la experimentaron su padre y sus ancestros. El progenitor dejó la marca de su herencia en el Quindío y fue Magall el destinatario de aquella acción de concepción. Nunca le pregunté por ello, aunque en alguna ocasión me comentó que esa semilla de vida, de la que había germinado su humanidad, se había sembrado cuando la fugaz visita de un circo, donde trabajaba su padre, se detuvo algunos días por estas tierras.

Su nombre de pila fue Mario Gallo. Su nombre artístico, Magall, está compuesto por el apócope de su nombre y su apellido. Vivió siempre en Montenegro, donde era conocido ampliamente. Su habilidad artística fue heredada por una de sus hijas, Catalina.

Los cristos de Magall se retuercen y se extienden con patética expresión y son también la marca de la emergencia. Pero el más diferente de todos los que concibió, no reunía ese parámetro. Todo se gestó antes de morir mi padre y Magall supo de su proyecto. El artista recibió la descripción de un cristo viviente que, como lo había pensado él en su ejercicio de médico, debía emerger victorioso de unas manos de partero, porque correspondía todo a un nacimiento de su experiencia vivificante.

Trece manos debían aparecer en el dibujo, los trece hijos que mi padre trajo al mundo en el mismo lecho donde mi madre había recibido la semilla germinadora en acto de amor. Las manos se aferran a la tierra y sus dedos se dirigen en los movimientos que el artista Magall pudo expresar con el dibujo que creó.

Cuando Magall delineó la figura de las manos y del cristo, ya mi padre había fallecido. Como la cristalización de una promesa sagrada, Magall cumplió y nos entregó el boceto. Ello ocurrió en el año 1999, muy conmovido por el terremoto que había destruido el Quindío. Conocíamos los cristos desesperados de su creación artística, cual formación que había recibido del maestro Rodrigo Arenas Betancur, pero este dibujo era totalmente transformador. Su producto respondía fielmente al deseo de mi padre. Era el cristo resucitado, que eleva sus manos al cielo en gesto de victoria sobre la muerte. Al fondo se ven las montañas azules de Filandia.

“Su experiencia al lado del Maestro Rodrigo Arenas le permitió en su taller desarrollar varias técnicas en tamaños no tan monumentales como los del artista antioqueño, pero con clara influencia de esta escuela de artistas que muestran la angustia social en sus trabajos, sufrimientos y dolores manifestados a través del mártir hijo de los esenios” (Carlos Aurelio González, en “Mario Gallo Magall”, Catedra Cultural).

Magall creó, por primera y única vez, un cristo triunfante, diferente al referente del cristo doloroso. En el año 2000, Jubileo de la iglesia católica, el cristo dibujado de Magall tuvo dos respuestas artísticas más. El óleo del maestro Pérez Medina, que se encuentra en el ala derecha del templo de Filandia y la escultura del maestro Bedoya, frente al paisaje esplendoroso del bosque de Bremen, también llamado el “cristo de la paz”.

Se escogió el 2000 para instaurar la escultura, que mira al paisaje espectacular de yarumos blancos, porque era el año del Jubielo, un año santo, considerado por la iglesia católica como un renacimiento espiritual. Este año santo se celebra cada 25 años, o sea el próximo será en 2025.

La oración que acompaña la escultura de Cristo Resucitado, en Filandia, tiene la siguiente leyenda: “Señor, tú que te levantaste victorioso sobre la muerte, sanando con ternura las heridas que te había causado la insensatez humana, ayúdanos a encontrar en esta larga noche de la violencia, el camino que nos conduzca a la reconciliación y a la paz”.

Magall murió hace días, pero sus cristos, los sufrientes, y el victorioso, han quedado en vida artística para recordarnos que sus manos gitanas quisieron dejarnos la marca de una creación, desgarrando la realidad dolorosa del país, pero también transformando el deseo de reconciliación.

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