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Columnistas  |  22 mayo de 2020  |  12:00 AM |  Escrito por: Juan David García Ramírez

NO ES EL FIN DE LA GLOBALIZACIÓN, POR FORTUNA

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Juan David García Ramírez

Por Juan David García Ramírez

E-mail: juandgar82@gmail.com

Los detractores de la globalización, un fenómeno que ha sido transversal al desarrollo de la civilización durante milenios, no ocultan su emoción por lo que, según su parecer, sería el ocaso de la misma. Ante las medidas restrictivas de encuentros presenciales, por la emergencia global que causó la rápida propagación del COVID19, las sesiones de teletrabajo, los cursos escolares y universitarios, los más variados foros y webinars (o seminarios a través de la web), no han hecho más que multiplicarse de una manera sorprendente. Lo que se antoja simpático y paradójico, es que intelectuales del talante de Slavoj Zizek, Thomas Piketty, o estrellas famosas de Hollywood y del cine español, como Javier Bardem, han dedicado horas, días y semanas de esta larga temporada de encierro global, a proclamar el fin del Capitalismo y la urgente implementación de reformas estructurales al modelo económico imperante en el mundo, para ellos culpable de todas las desgracias que padece la humanidad. Con largas barbas, despeinados, y llevando atuendos de profesores marxistas invitados a universidades latinoamericanas en el verano europeo, acusan al gran capital de la crisis económica que se ha posado sobre el planeta entero. Eso sí, lo hacen desde cómodas villas y aprovechando las ventajas de estar hiperconectados, ofreciendo entrevistas a canales de televisión y de reconocidos YouTubers.

Advierten a su auditorio que el fin del sistema está cerca, utilizando la Internet, uno de los avances tecnológicos más significativos de la Guerra Fría y que permitieron el salto cuantitativo y cualitativo de Occidente frente a la Cortina de Hierro, o en otras palabras, el triunfo en el plano material del Liberalismo sobre el Socialismo real. Estos respetados intelectuales entran en la misma contradicción de los movimientos antiglobalización, que aparecieron en el decenio de 1990 y fueron creciendo espectacularmente desde 2000: Marchar y protestar contra las fuerzas oscuras del mercado, pero desplazándose a Seattle, Londres o Nueva York, en trenes de alta velocidad y aviones de aerolíneas low cost, contratados por grupos de presión en Craigslist, uno de los mayores portales de contacto y servicios para freelancers.

Mientras Zizek, Gustavo Petro y no pocas luminarias del pop latino, aplauden la prolongación de las limitaciones a las libertades individuales, invitándonos a permanecer largo tiempo en nuestras casas, al tiempo que proponen la agudización del intervencionismo estatal como la gran solución a los problemas que ha ocasionado el virus, hay líderes y organizaciones que están resaltando el poder de la globalización para tender puentes y enfrentar los retos del futuro. Alcaldes de ciudades globales y emergentes alrededor del mundo, en coordinación con universidades, centros de investigación y empresas que promueven la innovación y aceleración del cambio tecnológico, están logrando mejores resultados que la mayoría de gobiernos nacionales, a la hora de controlar y derrotar el Coronavirus, o de apalancar el crecimiento y el desarrollo económico de las áreas urbanas, protagonistas en esta nueva fase de la globalización, de acuerdo con el Foro Económico Mundial en su más reciente publicación (Retos y Oportunidades en el Mundo Post-COVID-19). Una estrecha y eficaz cooperación entre los alcaldes de Los Ángeles, Eric Garcetti, de Medellín, Daniel Quintero, y de Seúl, Park Won-soon, y los sectores productivos al lado de la gente con nuevas ideas, para ésta y otras situaciones críticas que vendrán, parece más prometedora que los cantos de sirena de los globalifóbicos, más enfocados en criticar que en actuar.

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