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Editorial  |  25 mayo de 2020  |  01:35 PM

¿Qué ruede el balón en el Eje?

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Existe ansiedad e impaciencia no solo entre las directivas, sino en los mismos hinchas, periodistas y patrocinadores del autoproclamado ‘deporte rey’, que ululan al unísono las desgracias, casi apocalípticas, por la parálisis y la no reactivación inmediata de las ligas, torneos y competencias del balompié. Ese ulular de las desgracias, especialmente por parte de los dueños de los equipos y las federaciones, se expresa en catastróficas consecuencias solo comparadas a una quiebra con características de hecatombe.

No desconocemos la relevancia del deporte, en toda su magnitud, para la sociedad y el desarrollo humano, y en estas líneas editoriales se ha reclamado más inversión en aspectos de dignidad como el social, educativo, cultural, recreativo y deportivo, equilibrado con obras de infraestructura, sin embargo en este momento la mesura y sapiencia deben regir las decisiones de los líderes y gobernantes.

Infortunado que este tema, el regreso de las competencias del fútbol profesional en Colombia se haya convertido en una discusión que enfrente al ministro del Deporte, Ernesto Lucena, con el senador Álvaro Uribe Vélez, integrante de la bancada de gobierno, solo por el ‘tira y afloje’ de cuándo retomar las disputas del torneo, siendo lo realmente importante garantizar la integridad de todas las personas y no el populismo de unas pocas.

Lamentable que el presidente de la Dimayor, Jorge Enrique Vélez, cuestionado por gran parte de la crítica deportiva y por el país, el mismo que respondió desatinadamente al Gobierno Nacional que si quería fútbol en televisión abierta, ¿a dónde le enviaba la factura?, sea el que haya solicitado a finales de marzo pasado, la cooperación del presidente Iván Duque para establecer políticas y en ese sentido mitigar la grave situación del balompié, debido a la declaratoria de emergencia sanitaria por el Covid 19, hecho que no solo ha lesionado el fútbol, sino a todos los deportes, los sectores productivos y cada ámbito de la sociedad actual, señor Vélez, así usted no lo pueda o no lo quiera comprender.

Es él, fiel a los estatutos de la mayor rectora del fútbol mundial, la Fifa, que claramente expresa en su numeral “19, independencia de las federaciones miembro y sus órganos: 1. Todas las federaciones miembro administrarán sus asuntos de forma independiente y sin la injerencia de terceros”; o a lo manifestado por el entonces presidente de la Conmebol, Nicolás Leoz, en febrero de 2012, cuando dijo que había tenido problemas con algunos países de Suramérica, porque sus gobiernos se habían inmiscuido en cuestiones que son eminentemente deportivas.

¿No es privado el negocio del fútbol? Pues sí, y así lo recalcó Vélez en emisión del Canal RCN del 22 de abril de 2020, ‘Presidente de la Dimayor: La gente cree que el fútbol colombiano es público’, en el que enfatizó: “La gente cree que el fútbol es público… Esto es una empresa privada y como empresa privada, para poderse sostener, debe tener unos ingresos”, como también lo han argumentado algunos presidentes y dueños de equipos profesionales, que a pesar de las determinaciones de tribunales y jueces no han querido entregar o pagar los derechos que una vez le fueron cedidos ingenuamente por entidades públicas como son los municipios y departamentos.

Cuesta creer que una disciplina como el fútbol y todo su andamiaje estén al borde del colapso con solo unas semanas de restricciones, cuando no han sido pocas las informaciones en las que se ufanan de las multimillonarias transacciones que se tasan por pases, jugadores, derechos deportivos y de transmisión, publicidad y realización de eventos. ¿Será que la industria futbolera no quiere asumir sus obligaciones de ‘negocio privado’ para soportar unos meses de receso y salvar la vida de muchos y se ‘victimiza’ como si viviera del ‘día a día’, como sobrevive la clase trabajadora, esa a la que el señor Vélez ahora le pide ayuda, luego de que con arrogancia le impusiera un canal Premium al decir a comienzos de año: “Al hincha le quedan dos alternativas, ¿o ir a los estadios o pagar por ver?”.

Pero más allá de este debate, es incuestionable la importancia del balompié en la dinámica social y económica de las naciones, ejemplo es que de él viven cerca de 50.000 familias en el país, de acuerdo con datos del mismo presidente de la Dimayor, y por eso hay que buscar las salidas, todas ellas fieles a un único propósito: preservar la salud y vida de los integrantes del sector y de la sociedad en general. Bien lo dijeron al comienzo de los periodos de confinamiento David Beckham, exfutbolista inglés: "En estos momentos, el deporte queda en segundo plano" y el ministro Lucena: “El fútbol no es la prioridad”, enfatizando de que primero es la vida.

Sin embargo, al analizar las posibles soluciones a la crisis se destaca que la semana anterior surgió una audaz e inédita propuesta promovida por los tres alcaldes de las capitales del Eje Cafetero: Manizales, Pereira y Armenia. La iniciativa es que una vez se autorice el reinicio de las competencias por parte del presidente Duque, el fútbol colombiano se concentre en esta zona del país, con el fin de desarrollar las fechas faltantes y reducir los largos desplazamientos de los equipos por toda la nación para minimizar los riesgos de expansión del coronavirus.

En la reunión con la Dimayor, los mandatarios Carlos Marín, Carlos Maya y José Manuel Ríos se comprometieron a entregar este martes o miércoles el plan final para traer la ‘pecosa’ a puerta cerrada. En el papel están las virtudes de la región, como son su infraestructura hotelera, que podría albergar a los clubes profesionales en las tres ciudades repartidos en tres grupos, además de la proximidad entre ellas y la excelente infraestructura vial, lo que reduciría el tiempo y distancias, minimizando los peligros de contagio.

Es innegable que el Eje Cafetero posee los mejores escenarios, tres excelentes estadios como son el Palogrande, el Hernán Ramírez Villegas y el Centenario, sedes que han recibido desde torneos nacionales hasta mundiales como la Copa América de 2001, el Mundial Juvenil 2011 y el último evento, el Preolímpico efectuado en enero y febrero de 2020. A eso se le suma que cuenta con más de 20 canchas alternas, con las medidas oficiales para adelantar los entrenamientos.

Con relación a la logística existe la experiencia ya certificada y los cotejos futbolísticos se disputarían a doble jornada como en el Preolímpico, engranando todo a una red de atención y hospitalaria, que estaría disponible para cualquier eventualidad.

Y son más los atributos de la sede del Eje Cafetero para asumir la responsabilidad de la liga, pero bien se debe dejar claro que solo es el Gobierno Nacional, a través del presidente Duque, sus ministerios de Salud y Deporte, y el Instituto Nacional de Salud, INS, el que debe ordenar y autorizar el reinicio de las competiciones. No son los senadores ni los dueños de los equipos, ni los periodistas alineados a un canal interesado, ni los futbolistas y menos el presidente de la Dimayor, los que deciden cuándo retornan los torneos de la A y B, así en sus estatutos la Fifa subraye que no permite injerencia de terceros. Por si no se han dado cuenta, se está en un escenario de pandemia y también hay que propender por salvaguardar la supervivencia de los protagonistas del espectáculo: los jugadores.

Es seductora la propuesta del Eje Cafetero, pero se espera ante todo, que esté sustentada por un interés común y no por improvisaciones particulares, con visos de afán de protagonismo, señores alcaldes Marín, Maya y Ríos. Hay que exigir y brindar los más estrictos controles y testeos a todo el colectivo, si se opta por la iniciativa cafetera, para eliminar cualquier posibilidad de convertirnos en el foco de un rebrote o del pico de la pandemia, situación que amenazaría la salud y la vida de los habitantes de esta zona. No hay que olvidar que hasta el domingo 24 de mayo Caldas tenía 127 casos y 5 muertes; Risaralda 241 y 8 fallecidos, y Quindío 88 y 2 decesos.

Es comprensible que si se autoriza el regreso, los clubes deben proporcionar todas las garantías para que sus delegados, cuerpo técnico y jugadores estén en excelente estado de salud, por tanto la interacción en los cotejos no tendría porqué representar un riesgo de transmisión del virus.

La gente del Eje Cafetero, particularmente los sectores que se verán más favorecidos con esta iniciativa, no se pueden dejar obnubilar con la idea de tener a los equipos profesionales, todos convocados en estas latitudes. Se exhorta a los alcaldes y sus administraciones, a los clubes, a los medios de comunicación y a las directivas del balompié nacional, ser ecuánimes, prudentes y sensatos, porque un desliz nos dejaría a todos ‘fuera de lugar’. Esto no es un ‘juego’ regido por caprichos individuales, es una decisión que obliga a analizar y estructurar cada detalle minuciosamente, para no errar en su ejecución, lo que sería fatal.

Escuchar a los organismos de salud, sanitarios y las organizaciones médicas, es ineludible, sin estos daríamos pasos en falso. No se está en contra del fútbol ni de su reactivación, solo se reclama sensatez.

Y señor Vélez, hay que cuidar sus palabras en las declaraciones, si bien defiende su gremio no es menos cierto que el fútbol no lo es todo, en cambio, la vida sí es de todos. Recuerde, sin público en las gradas y frente al televisor, ahí sí sería ‘su’ hecatombe. Proteja a sus jugadores y demás representados, no menosprecie más a los hinchas y los simpatizantes, mientras erradica los desacertados mensajes que ha enviado como cabeza de un deporte como el fútbol, que tiene la obligación de ser capaz, colaborativo y solidario. Solo con juicio, seriedad y competencia, podría volver a rodar el balón del fútbol colombiano en el Eje Cafetero.

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