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Editorial  |  28 mayo de 2020  |  12:00 AM

La desescalada no permite tumbos

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Esta semana se cumplieron dos meses desde que el presidente Iván Duque decretó el aislamiento preventivo obligatorio, a raíz de la expansión del coronavirus por el territorio nacional, decisión que se tomó para minimizar fatales consecuencias que podían y aún pueden poner en riesgo la vida de los colombianos y colapsar todos los sistemas, en especial el de salud.

Pasado este periodo, el que se proyecta irá hasta final de este mes, si se mantiene la decisión del jefe de Estado, se podría indicar que las medidas han tenido un cierto efecto positivo, desde la alarma que se desprendió cuando el pasado 6 de marzo, el Ministerio de Salud y Protección Social confirmó el primer caso de Covid-19 en Colombia, luego de los análisis practicados a una paciente de 19 años proveniente de Milán, Italia.

La cuarentena, que también ha sido aplicada en otros lugares, viene siendo desmontada en un proceso que llaman desescalada, sin embargo es prematuro afirmar cuál será el escenario de ahora en adelante, porque si algo ha demostrado esta pandemia es que los organismos de salud, en cabeza de la Organización Mundial de la Salud, OMS, además de los gobiernos, autoridades sanitarias, la comunidad médica y la ciudadanía en general, no estábamos ni cerca de saber manejar una situación como la enfrentada en estos últimos meses.

Con infortunio se ha visto una proliferación desaforada de informaciones, reales y falsas, así como opiniones, análisis, conceptos y decisiones, que consideramos han sido más nocivas que el mismo virus. En la era de la globalización, de las redes sociales, de las plataformas digitales y de los masivos medios de comunicación, la humanidad se ha visto envuelta en incertidumbre y temor, no por la ausencia de información sino precisamente por la saturación de datos, estadísticas e informes, muchos de ellos sin rigor científico y periodístico.

Han sido varios los sucesos en los cuales, los organismos emiten una comunicación y a las pocas horas se desvirtúa por otro estamento o un profesional. Que la mejor estrategia es el aislamiento, que para contenerlo es obligatorio el uso del tapabocas, que superar el Covid-19 genera inmunidad, que ya se están haciendo pruebas o ya casi está la vacuna, que la tasa de mortalidad es baja, que no hay evidencias de la transmisión solo con tocar superficies, en fin, centenares de apreciaciones que han contribuido a la especulación, el pánico o el menosprecio de los alcances del coronavirus.

Otro ejemplo, la efectividad de la cuarentena. En semanas anteriores, no pocos han sido los reportes de expertos y de epidemiólogos -quienes no se ponen de acuerdo-, y que han aseverado que el confinamiento o cuarentena no era la mejor estrategia y que existían alternativas más efectivas como el distanciamiento social, el lavado de manos y el uso del tapabocas.

A comienzos de mayo, el rector de la universidad del Valle, Édgar Varela, por citar un especialista de estas latitudes, dijo que era una medida medieval, y que ella se tomó debido a que no existía la preparación ni herramientas tecnológicas para enfrentar la pandemia. Igual lo afirmó Johan Giesecke, epidemiólogo de Suecia, que diseñó el plan para contener el virus en su país, quien dijo que no existía evidencia científica para validar las restricciones que tomaron muchas naciones, a la vez que vaticinó que al final todos nos vamos a contagiar, mientras no exista una vacuna. No obstante, Suecia contabiliza 35.088 casos y 4.220 muertes.

Contrario se podría referir a lo experimentado en Estados Unidos, Brasil y México, donde se le restó importancia a la propagación, al no ordenar confinamientos estrictos y se han convertido en focos de la pandemia. USA, de acuerdo con el conteo actualizado de ayer, es el de mayor contagio y muertes en el mundo con 1.734.794 y 101.700 víctimas, y Brasil es segundo con 411.821 casos y 25.598 muertes, por encima de Rusia, Reino Unido, España e Italia, que hace unas semanas sufrieron en mayor medida el golpe fatal del virus.

Por su parte, México ya suma 74.560 contagios y 8.134 fallecimientos, y según los analistas se avizora el pico, situación que ha prendido las alarmas en el país azteca.

Pero lo hecho, hecho está, y ahora el actuar se debe sustentar en los resultados, datos y comportamientos del coronavirus, después de los dos largos meses de aislamiento. Ayer, el último informe de Minsalud en Colombia comunicó de 1.101 nuevos casos y 27 fallecidos, por lo que van en total 24.104 positivos de Covid-19 y 803 muertes. Para el Quindío, las cifras dan cuenta de 107 confirmados y 2 fallecidos.

Esto no es comparable con lo que han padecido otras naciones y el planeta, que contabiliza 5.682.389 y 354.944 defunciones, sin embargo no significa que en Colombia hayamos vencido, porque las próximas semanas desvelarán la verdadera efectividad de las medidas ordenadas por el presidente Duque, y su programa de desescalada para ir reactivando la economía y los diferentes sectores de la sociedad.

Tenemos, por el momento, aceptables cálculos en comparación con otros Estados de la región, entre ellos la segunda mejor cifra, si se permite así afirmarlo, de número de muertos por millón de habitantes, y un buen desempeño en términos de cuánto se va a demorar la duplicación de casos de contagio, lo que favorece la preparación de maniobras para afrontar el pico.

Entre tanto, no hay que desconocer que en menos de dos semanas pasamos de tener cerca de 500 muertes a más de 800 ayer, y eso que se está todavía en etapa de confinamiento. Para analizar: el pasado 12 de mayo, es decir hace 15 días, Minsalud reportó 659 nuevos casos y 14 fallecidos, para un total de 12.272 de Covid-19 y 493 muertes, lo que contrasta con los datos ya relacionados de este 27 de mayo y que revelan 11.832 contagios y 310 pérdidas humanas más, evidenciando un constante crecimiento en los números fatales.

A esto se le debe agregar que el país aún no ha desarrollado una masificación o aumento en los testeos, y que los guarismos no están en tiempo real. La duda crece.

Al observar los registros del Minsalud se desvela que desde el 1 de mayo, los decesos en Colombia por el coronavirus no son menos de 10 en cada informe. El 1 de mayo fueron 21 muertes, el 2, 10; el 3, 16; el 4, 18; el 5, 20; el 6, 19; el 7, 10; el 8, 21; el 9, 17; el 10, 18; el 11, 16; el 12, 14; el 13, 16; el 14, 16; el 15, 21; el 16, 16; el 17, 12; el 18, 18; el 19, 21; el 20, 17; el 21, 22; el 22, 30; el 23, 23; el 24, 22; el 25, 23; el 26, 26, y el 27, 27.

Así las cosas, el 22 de mayo ha sido el de mayor número de muertes con 30 y desde el 21 del mismo mes, es decir hace una semana, los colombianos lamentamos el fallecimiento diario de más de 20 conciudadanos. ¿Son estas estadísticas, intrascendentes?

Más proyecciones anticipan que el 4 de agosto, Colombia tendría 60 muertes diarias, así lo dijo este martes Carissa Etienne, directora de la Organización Panamericana de la Salud, OPS, en rueda de prensa virtual, y en la que también declaró que Latinoamérica es el nuevo epicentro de la pandemia, sobrepasando a Europa y Estados Unidos en el número de confirmaciones por día y pronosticó que los contagios seguirán aumentando en la mayoría de países.

Para esta casa periodística, las vidas son más que un conteo estadístico y por eso lamentamos cada pérdida, empero los datos son útiles para dilucidar la evolución del contagio en nuestro territorio y así ayudar a salvar personas.

Las decisiones de reactivación de sectores desde hace dos semanas atrás, traerán consecuencias si la tarea no se hizo o hace con la rigurosidad exigida. La situación puede agravarse, porque no es un secreto que la flexibilización de la medida de confinamiento ha permitido a su vez la relajación de otros ciudadanos, quienes han salido a las calles sin pertenecer a dichas áreas autorizadas para funcionar.

No se pueden ignorar las recomendaciones de los organismos de salud, del Gobierno, a través del Minsalud y el Instituto Nacional de Salud, INS; de la academia y el sector científico y médico, que conocen la letalidad de un virus, que ha desnudado las falencias en prevención y atención en el mundo.

Colombia, lastimosamente, no posee la capacidad necesaria en camas de Unidad de Cuidados Intensivos, UCI, que de acuerdo con la cartera ministerial es de 6.286, como tampoco de disponibilidad de ventiladores artificiales, indispensables para salvar las vidas a quienes el Covid-19 atacaría con mayor severidad. “Actualmente tenemos un total de 3.647 UCI ocupadas y 2.639 disponibles a nivel nacional. Contamos con el 42% del total de UCI libres para la atención de la Covid-19”, advirtió el ministro Fernando Ruiz.

Es necesario que el protocolo de desescalada se efectúe de manera responsable, estricta y que los ciudadanos se conciencien del autocuidado y el cumplimiento inflexible de las recomendaciones sanitarias y de distanciamiento. Ya se ha visto que en Bogotá las alertas se han elevado, como en Bolívar, Valle del Cauca, Atlántico y Amazonas.

Señor presidente Duque, gobernadores y alcaldes, pasos firmes y seguros se requieren para ordenar oficialmente la desescalada y la reactivación, porque la pandemia no permite dar tumbos. Ya lo alertó la OPS, Latinoamérica está en estado crítico, y en países como Brasil, Chile y Perú se han acelerado drásticamente los contagios, a la vez que se desconoce la situación real de Venezuela, hecho que directamente influirá en el manejo del brote en Colombia. Es inquietante que Perú haya llegado a los 135.905 positivos y 3.983 vidas extintas; Chile a 82.289 y 841, y Ecuador a 38.103 y 3.275, respectivamente.

Sopesar en una balanza la salud y la actividad económica es fundamental, unido a la implementación de campañas para asumir acertadamente este periodo de pospandemia. La cotidianidad ha dado un giro sustancial y se debe convivir con el virus mientras se alcanza una vacuna. Aquí se han relacionado algunos indicativos para tomar una decisión, que puede ser personal e individual, de flexibilizar o no el aislamiento. De cada uno depende que la desescalada no sea el origen de un episodio más lúgubre que el ya vivido.

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