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Editorial  |  23 junio de 2020  |  08:00 PM

Día sin IVA, una irresponsabilidad general

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Expertos, ciudadanía, opinión pública y un sector de los medios de comunicación, entre otros actores de la sociedad, lo advierten: el autocuidado es la única arma que nos salvará de la pandemia del coronavirus, que este fin de semana, exactamente el domingo 21 de junio, llegó a las 111 muertes diarias en Colombia.

Así y mientras se superaba el centenar de fallecidos en 24 horas, el país vivió el segundo puente festivo de junio, acudió en masa al Día sin IVA, una turba apeñuscada en las cadenas de hipermercados, y celebró el día del Padre ‘como Dios manda’ y como si fuera el último, sin acoger las recomendaciones de las autoridades de salud y menos las de un desacreditado presidente, quien ha perdido credibilidad por su falta de congruencia en el manejo de la emergencia sanitaria, pues para la mayoría está más preocupado por controlar las reuniones familiares -que efectivamente generan riesgo-, que por la aglomeración de centenares, casi miles, en las grandes superficies, como sí allí se materializara una ‘inmunidad de rebaño’ y se conjurara el peligro de multiplicar el contagio.

Desconcierto han causado las acciones del jefe de Estado, así haya senadores y grupos de gobierno que defiendan sus medidas, no obstante las cifras lo contradicen y desvelan que avanzamos a pasos agigantados a un escenario funesto para el segundo semestre de 2020 y lejos estamos de consolidar lo que tanto ‘cacarea’, con tono de especialista epidemiólogo, el mandatario nacional: el aplanamiento de la curva.

Es particular que el presidente Duque en sus intervenciones diarias comience con los datos de recuperados y las pruebas realizadas, dejando en segundo o tercer plano el aumento de contagios y las vidas perdidas por el Covid-19. ¿Es esto una muestra de lo poco que le importa la salud y vida de los colombianos? ¿No es prioridad para él la vida, o es una estrategia para mostrar que supuestamente sí ha hecho bien la tarea?

Cuando el Ejecutivo ordenó el confinamiento a finales de marzo, las noticias registraban el avance exponencial y los muertos diarios en Europa, particularmente en España e Italia, donde se reportaban en promedio 600 decesos cada 24 horas, hecho que causó conmoción mundial y motivó a varios gobiernos del planeta a optar por la cuarentena para tratar de aplanar la curva y para que sus naciones, especialmente sus sistemas de salud, se prepararan para el pico de la pandemia.

Esos también fueron los argumentos estructurales del mandatario de los colombianos para decretar el aislamiento obligatorio, ante el temor creciente de los ciudadanos de contraer el virus que era evidente, debido a los análisis de expertos, la Organización Mundial de la Salud, OMS, y de los medios que advertían de la letalidad del Covid-19.

Fue por ello, que el señor Duque asumió su rol de salvaguarda, al prometer gestiones inmediatas para adquirir ventiladores, adecuar más Unidades de Cuidados Intensivos, UCI; emitir decretos de emergencia sanitaria, social y económica, y ordenar un sinnúmero de medidas para, según él, minimizar el impacto, aplanar la curva, no saturar el sistema de salud y salvar vidas. Eso era lo que la gente quería escuchar, ¿pero en verdad sí fue, desde el comienzo de esta emergencia, su propósito o quizás manejó diplomáticamente la situación? ¿Ha sido completamente honesto con los colombianos sobre los reales efectos del Covid-19 en la vida de las personas, y ha sido transparente en su prioridad: salud o economía? ¿Son inevitables las muertes y por eso hay que esforzarse es en mitigar las pérdidas económicas?

A pesar de los rimbombantes anuncios del jefe de Estado y su seguridad al expresarlos, tristemente ayer se manifestó un síntoma del incumplimiento de las metas trazadas al inicio del aislamiento, porque se comunicó que Bogotá llegó al 68,6% de ocupación de sus camas UCI. La capital de la República es la zona más afectada y como en otras del país ya aflora la declaración de alerta roja por la carencia de espacios para atender a los pacientes más críticos.

Sumado a eso, los rifirrafes entre la alcaldesa bogotana Claudia López y el gobierno nacional agudizan la coyuntura, debido a que los compromisos se han dilatado, y si no se ha cumplido con la capital, menos con las demás regiones que, paralelo a las voces bogotanas, elevan llamados para que arriben los equipos, personal y elementos que permitan la adecuación de más UCI.

Como espuma crecen los contagios y las muertes diarias, superando los estimativos de la Organización Panamericana de la Salud, OPS, que a finales de mayo anticipó que el 4 de agosto, Colombia tendría 60 muertes diarias, pronóstico que se adelantó dos meses, pues fue el 6 de junio cuando se arribó a esta cifra, para nada esperanzadora. Aún esperamos, los colombianos, que la curva se aplane, sin ver asomarse el tan anunciado pico.

¿Entonces qué es lo que ha pasado o está pasando con el manejo de la pandemia desde presidencia? ¿En dónde quedó el loable propósito, el vehemente discurso del presidente y su obligación, como mandatario de proteger la integridad de sus gobernados?

Para empezar, el confinamiento fue ordenado por él, en primera instancia, del 25 de marzo al 13 de abril, y se ha ido prorrogando, no con las mismas condiciones, sino que se ha ido flexibilizando, debido a las presiones de sectores económicos que argumentaron quiebras y hecatombes sociales de consecuencias apocalípticas, si no se permitían sus operaciones de manera inmediata. Es decir que, no es cierto que llevemos tres meses de cuarentena, pues el país solo tuvo 19 días de un aislamiento obligatorio riguroso, porque desde mediados de abril se han dado concesiones sistemáticas a quienes lanzan SOS, entre ellos los gremios de la construcción, la manufactura, industria, comercio, centros comerciales, mientras que a otros sectores como las iglesias y salas de culto, los escenarios culturales, deportivos y sociales, los sitios de entretenimiento y demás, se les señala de peligrosos focos de contagio.

Lo que ha pasado en el presente junio, mes que día a día supera los récord, es el reflejo de las gabelas dadas desde el comienzo de la cuarentena por el gobierno Duque a sectores que, entre otras variables, han tenido la autorización para que sus trabajadores acudan a sus sitios de trabajo, han hecho uso de los medios masivos de transporte, y podrían no haber cumplido estrictamente con los protocolos de bioseguridad, fenómeno que se agrava por la indisciplina social propia de los colombianos, la insensatez de muchos que no cumplieron con el aislamiento y a un aspecto más preocupante: que los ciudadanos le perdieron el temor a la letalidad del virus, una amenaza que subestiman así haya causado, hasta este lunes, la muerte de 2.310 colombianos y más de 470.000 decesos en el mundo.

Reiterativos son los casos en los que se viola la cuarentena, tal vez como un reto al destino o al mismo coronavirus, sin siquiera entender que no se ha alcanzado el pico y menos el descenso de los casos positivos y los fallecimientos.

Incomprensible que a diferencia de países como España e Italia, en donde la desescalada se inició paulatinamente, una vez se mostró un descenso en los reportes, en Colombia, el jefe de Estado haya procedido desde finales de abril a flexibilizar el confinamiento, ignorando irresponsablemente que la curva va en ascenso constante y las UCI se llenan de pacientes con el virus. Claramente, esta decisión va en contravía de la línea de salvaguardar vidas y se ajusta más a que Duque antepone la economía a la salud.

No hay duda que los colombianos hemos subestimado la potencial letalidad del virus, empezando por el presidente, quien mientras en sus intervenciones dice que “no hay que bajar la guardia”, por otro lado concede alegremente permisos que suavizan las medidas, habilita Días sin IVA, promueve masivas congregaciones de personas en hipermercados, e incumple su deber de fortalecer el sistema de salud, el que requiere con urgencia de más ventiladores, más UCI y la protección física, laboral y financiera de los trabajadores y profesionales de la salud.

La indisciplina social y la falta de conciencia de los colombianos no solo fue este puente festivo sino que viene desde la terquedad de no respetar el aislamiento en Semana Santa, el día de la Madre, los puentes festivos, los fines de semana y la insensatez de no acatar recomendaciones tan sencillas como el lavado de manos, el uso correcto del tapabocas y el distanciamiento social.

Alarma que Jaime Ordóñez, epidemiólogo e investigador, haya expresado a Noticias Caracol que las cifras de contagios y muertes, parecen no tener un tope. “Es preocupante la tendencia del mes de junio y es que ya hay un aumento importante. La velocidad de transmisión del virus viene claramente aumentando”, dijo en la nota titulada ‘Lo que pasó el viernes, lo vamos a ver en las cifras de coronavirus de 15 días’.

Aunque el presidente Duque, parece intencionalmente omitir cifras, lo cierto es que hay datos que obligan a no ser indiferentes y el panorama para los próximos meses se oscurece. El Tiempo, el 20 de junio, informó en la noticia ‘Covid-19 ya llegó a media Colombia y otros datos muy preocupantes’, que el virus ya está en 567 de los 1.102 municipios del país, que la mortalidad general en Colombia por cada millón de habitantes se ubicó el viernes pasado en 38,7, muy por encima de lo registrado, por ejemplo el 30 de abril cuando fue de 5,8; que un niño de 9 años en Cartagena fue la primera víctima mortal en el grupo de 5 a 10 años, que ya superamos los 2.000 muertos, y en solo 4 días se pasó de 1.950 fallecimientos, el 18 de junio, a los 2.310, de ayer; que se ha aumentado el porcentaje de positividad, pues el pasado jueves se reportaron 3.171 casos nuevos a partir de 15.391 pruebas realizadas, lo que indica un porcentaje de positividad de 20,6%, el más alto hasta ahora en la pandemia, y que se superaron los 60.000 contagios, entre otros reportes para nada alentadores, máxime si aún faltan cuantificar las consecuencias de las flexibilizaciones de junio, de los pasados fines de semanas con lunes festivo, del Día sin IVA, y lo futuro: otro puente festivo y dos Días sin IVA más, porque hasta el momento no han sido reconsiderados por el señor presidente.

Duque, su viceministro de Salud y el Instituto Nacional de Salud, INS, en informe enviado a la Corte Constitucional anticiparon que al 31 de diciembre de 2020 se podrían contabilizar 41.622 fallecimientos por Covid-19 en Colombia, por lo que ante tan funesto panorama, y la hasta ahora incongruencia del presidente de dar prioridad a otros aspectos y no a la vida, lo que nos salvaría es indudablemente el autocuidado, ese que no ha sido la vocación de los colombianos. El lavado periódico de manos, no el que hace el presidente Duque en cada intervención; el uso correcto de tapabocas y el distanciamiento social, unidos a una decisión de mantener el aislamiento si no es prioritaria nuestra presencia en sitios públicos, laborales o sociales, son las principales estrategias personales para proteger la vida, porque no hace falta una orden presidencial para ser sensatos y asumir la responsabilidad de salvaguardar la salud y existencia propia y la de nuestros familiares, amigos y vecinos.

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