• VIERNES,  27 NOVIEMBRE DE 2020

Cultura  |  02 agosto de 2020  |  12:00 AM |  Escrito por: Robinson Castañeda

Historia de Violonchelo Vagabundo, última odisea

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Escrito por Luis Carlos Vélez. Mayo 17 de 2020.

En este punto don Mario y doña Faty permanecían en silencio, y Deiner dijo: El siguiente es el audio de un Valse criollo:

Y le continúo la historia que hasta ahora parece una odisea para todos. Luego le comentaré sobre otros temas; uno de ellas, sobre mi Grupo Gen´s… Llamé a María Teresa y me dijo que por prevención, y por si algo ocurría en el camino, tenía anotado el número de teléfono de Medellín. Le propuse llamar a Felipe, el hijo de Gustavo, y en efecto, cuando le di mis condolencias manifestó que: “usted es el primer damnificado con la muerte de mi papá, porque él pensaba darle su violonchelo.

Déjeme que pase el duelo, y tranquilo que no lo olvido, porque era la última voluntad de mi papá. No se preocupe. Sí debe saber que hablé con Jorge, mi suegro, pero no estamos de acuerdo con darlo regalado, por una razón, no es por falta de dinero, pero pensamos que a lo regalado le puede pasar lo que nada nos cuesta volvámoslo fiesta, como dicen por ahí.

Y como valoramos lo que nos cuesta, le daremos la mayor parte del costo, y usted puede empezar sus ahorros para pagar el resto, y no se preocupe, lo llamaremos a la menor brevedad”.

En esos días llegó la invitación de participar en Cotrafa con Sombra y Luz, y vimos la oportunidad de fortalecer los vínculos en Medellín. A la comitiva se unió Ricardo Arciniegas, y el acompañamiento se reforzó con tiple, guitarras marcante y puntera. Ese año 1994 Sombra y Luz ganaron el festival de Cotrafa. Nos hospedamos en la misma casa, y no tuvimos que hacerlo en los sitios asignados por la organización.

Don Jorge comentó que “pasara lo que pasara, usted se queda para buscar donde comprar su instrumento. No sé si usted lo ha visto…”. En esa época era difícil encontrarlo porque el mercado era diferente, muy difícil encontrar uno bien bueno, y si era importado valdría mucho más. Tampoco existía el mercado con los chinos, que abaratan los costos.

Ganadores con Sombra y Luz, había un premio para los ganadores. No sé si exista ahora. Había dos premios para las modalidades vocal e instrumental, y otro representado en la grabación de un disco en Discos Fuentes o Victoria, aunque no estoy seguro. Por ahí tengo el disco pero no recuerdo el sello discográfico.

un mes debíamos regresar a Medellín a grabar, y quedamos en que viajaría con Sombra y Luz días antes de la grabación para buscar el violonchelo. En el intermedio me llamó don Jorge para decirme “ya tengo dos ubicados, venga para que escojamos”.

Llegamos a una casa musical. Resultó que el dueño era un músico renombrado de apellido Betancourt, a quien le decían “Monedita”, y muy conocido de don Jorge. Hablaron y resultó que “Monedita” tenía dos hijas que estudiaban violín, tocaban en la Sinfónica de Antioquia, y el hijo quería estudiar chelo, y le compraron el chelo.

Para resumir le digo que al muchacho le gustaba el motociclismo, y murió en un accidente de motos. El señor Betancourt o “Monedita” dijo: “ese instrumento me atormenta mucho aquí en la casa. Necesito venderlo pronto”. Se fijó el precio: novecientos cincuenta mil pesos. Eso fue hace veinticinco años y representaba un costo alto.

Para tomar una referencia recuerdo que tocando toda la noche en una orquesta me ganaba doce mil pesos. Lo primero que hicimos fue probarlo, y debido a baja calidad de las cuerdas no me gustó el sonido, pero si la construcción del chelo. Como no llevé de Armenia unas cuerdas fuimos probar otros dos en otros almacenes, y en uno de ellos propuse a don Jorge comprar las cuerdas y regresar donde “Monedita”.

Cambiamos las cuerdas y el sonido mejoró bastante. Se hizo la promesa de venta; don Jorge entregó un cheque por ochocientos mil pesos, y prometí que regresaría en corto tiempo de Armenia, a cancelar el resto.

Esta es otra versión de Yagé, dijo Deiner:

Cuando regresé a Medellín por el chelo, tanto don Jorge como “Monedita”, me pusieron una condición que considera excelente: “si un día quiere salir del instrumento trate de ayudar a alguien con su venta, a un estudiante apasionado; lo puede regalar, pero no por deshacerse del chelo. Si lo vende que sea para comprar otro mejor”.

En efecto, llegó el día en que requería uno mejor para trabajar mis composiciones, y para mejorar el sonido en mis presentaciones. Más adelante, en el proceso musical que inicié en Salento supe que uno de mis alumnos era introvertido, silencioso, y que por esto sus compañeros lo rechazaban todo el tiempo.

Por otros, que sus padres se encargaban del reciclaje en Salento. Cuando llegó el día de que escogieran el instrumento que estudiarían, el joven escogió el chelo, y manifesté mi gusto por enseñarle. Ninguno de sus compañeros daba una moneda por su progreso musical, y se llevaron la sorpresa porque demostró tal capacidad de aprendizaje, que llegó a tocar en el CEPA, pero con instrumentos de la fundación.

Llegó el momento en que para aprovechar la importación a Colombia de instrumentos, compré otro chelo mejor, por un precio igual al pagado en Medellín, y recordando la promesa a mis benefactores, en una ceremonia especial le regalé el chelo a mi alumno. Organicé con él duetos para chelo, y cuando terminamos el concierto le dije: “Bueno, el chelo que tocó ahora rato, queda para usted”. El joven lloró agradecido.

Después la fundación se clausuró. El joven viajó a prestar servicio militar, y me impresionó cuando empezó a enviar sus fotos con fusiles, porque no creía que pudiera llegar a eso, sin embargo yo me decía “bueno, acaba el servicio militar, y seguro retoma, aunque pienso que gracias a su buena memoria, que descubrí en sus comentarios sobre las visitas a varios museos, donde relataba pasajes y recordaba fechas históricas, es seguro que termine como historiador”.

Una noche, en mi casa, recibí el mensaje de un amigo que vivía en Salento: “Deiner, ¿usted sabe que están vendiendo su chelo? La persona a quien usted le regaló el chelo lo está regalando por doscientos mil pesos”.

Incrédulo hice que repitiera el valor y cuando mi amigo reafirmo lo dicho, le dije:

“Entonces voy a subir a comprárselo. No tengo problema en pagar ese precio, pero que no lo vaya a regalar por esa plata. El día que decidí subir a Salento lo busqué por todos los rincones, y no lo encontré. Volví otros días, hasta que encontré a un señor tocando el chelo en calle.

Desde lejos observé mi antiguo chelo, y a pesar de que cada músico conoce sus instrumentos, para asegurarme, recordé que ese chelo tiene pintada por detrás, como aerografía, la silueta de unos senos y un trasero, que desde lejos da la impresión de una mujer desnuda”.

Me acerqué, lo reconocí, y contrariando mi intención de comprarlo, me alegré mucho que el instrumento que me acompañó tantos años, fuera la fuente de ingresos de don Fabio Guarín, el maestro que usted encontró en Filandia. Que obtuviera el sustento trabajando con mi chelo me alivio porque entendí que estaba en buenas manos; además, después de verlo ejecutar el instrumento, sus cuidados con él, porque lo mantiene bien lustrado, y adivinar su pasión, renuncié a mi propósito.

Además el maestro Guarín lo obtuvo con su dinero, y como mi alumno no sabía mi promesa de no venderlo, igual el chelo en sus manos hubiera terminado abandonado en un zarzo, encima de un armario, rajado, o convertido en leña para un fogón. Después supe que mi alumno lo vendió a la fuerza y con dolor, porque en su casa le reprochaban que el instrumento estorbara aquí o allá.

En definitiva el instrumento vivió du odisea: pasó de las manos de quien quiso tocarlo pero murió en un accidente sin lograrlo; pasó a las mías; luego a las de mi alumno, y por último a las manos precisas del maestro Fabio Guarín, que por un tiempo ganó su pan en Cartago, Salento, Filandia, y creo que continúa sus odiseas en Bogotá, en las calle de La Candelaria.

Una hora después de terminada la historia, Deiner se ofreció a llevar al caminante de regreso a Armenia, quien pidió llevar el cd para escucharlo durante el camino. Antes de llegar al viaducto que une a Dosquebradas con Pereira, Deiner puso a funcionar el pasa-cintas, y dijo:

Mientras llegamos y a manera de coda fuera de contexto, y para cumplir lo prometido, le comento que así como el chelo, el maestro Fabio Guarín, el estudiante, y yo, vivimos distintas odiseas, igual se puede decir sobre la cultura.

El apoyo que recibe siempre ha sido marginal, porque los dirigentes políticos no creen que la cultura sea una fuente importante de ingresos para la región, sino que la toman más como un gasto, que una inversión social. Ahora que tenemos tiempo, y para variar el menú de la charla, y relajarnos un poco, espere le destaco del Grupo Ónix a Fernando Silva, llamado el “Ovejo” por sus amigos, uno de los bajistas y contrabajistas más reconocido por los grupos musicales de Cali, como los Niches.

Diego Fernando Arias, pianista integrante de grupos salseros internacionales como La misma gente. Vino varias veces a Armenia como pianista al Zaguán de las guitarras, y a conformar el grupo Los del zaguán. Diego Fernando fue muy importante en el Grupo Affecto. De éste grupo, que era un ensamble vocal instrumental, recuerdo a John Jairo Duque y su esposa, Patricia Naranjo; el barítono Federico Santoyo, Gloria Estela Gonzáles, Roberto Arias, Olga Lucía Ramos.

Ganaron en el Mono Núñez, y el Festival Bandola, de Sevilla. Grabaron un cd en Medellín, donde incluyeron canciones del maestro Luis Moreno y de otros compositores. En Armenia hablamos de un apoyo a la cultura, a las presentaciones artísticas, pero no es ningún apoyo. A un ingeniero no se le apoya cuando se contrata para la construcción de un andén, que es desarrollo social.

El desarrollo de la cultura tiene que ver con la salud mental, con el desarrollo de las potencialidades de los seres humanos. Si los gobernantes continúan con esa óptica pobre, los resultados de su gestión serán pobres. Aquí no invierten lo necesario para que la cultura no continúe divorciada del turismo.

El turismo se fortalecerá cuando dejen de pensar que el paisaje es suficiente para atraer turistas, porque el paisaje acaba por agotarlos, y terminan por decir: ¿qué vamos a ver al Quindío? ¿¡Los mismos paisajes, el Parque del café y sus cabalgatas, la misma montaña rusa!? ¿Panaca y sus acróbatas montados en los animales? Vendrán dos veces, y pare de contar.

El turismo quindiano será potencia cuando lo asocien a una oferta cultural seria que incluya diferentes manifestaciones artísticas importantes. Si usted visita Argentina escuchará tangos en los teatros, si pasea por las calles encontrará ofertas musicales u obras teatrales. Si en Méjico quisiera conocer el sitio de reunión de los mariachis, terminará en la plaza Garibaldi escuchando mariachis.

En Barcelona, España, querrá ver un espectáculo de flamenco. En el Quindío la oferta es el Show del café, en Parque del café, y nada más. Los otros escenarios son de rumba, licor, y desafueros, espectáculos que no representan la riqueza cultural de nuestra región.

Deiner desaceleró la marcha para preguntar:

¿Usted cree que la odisea acabará, y “mi chelo” llegará algún día a su destino?

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