• MIÉRCOLES,  23 SEPTIEMBRE DE 2020

Columnistas  |  16 septiembre de 2020  |  12:00 AM |  Escrito por: José Jota Domínguez Girlaldo

LA NOTA DE JOTA

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José Jota Domínguez Girlaldo

Jota Domínguez Giraldo

La entrada: “Seguir cuando creas que no puedes más, es lo que te hará diferente a los demás”.

“Ojalá esta rabia no sea una peste”.

Observando las violentas escenas de policías actuando desmedidamente y sin ninguna proporcionalidad contra un ciudadano al que quisieron someter a su voluntad por la fuerza, me hice una serie de reflexiones sobre la situación que vive el país hace ya muchísimos años.

Por todas partes en Colombia está saliendo una frustración; hay una “rabiecita” que todo el mundo quiere sacar como sea, por donde sea, con quien sea y contra quien sea.

Los tratadistas de los hechos sociales nos dicen que “los fenómenos políticos” son aquellas conductas que se presentan cuando las personas actúan dentro de la sociedad a la cual pertenecen, dando como resultado el hecho que finalmente los relaciona. Néstor Bobbio (Duque Daza Javier, revista Sociedad y Economía, U. del Valle), enfatiza “en que para poder comprender una teoría es necesario, ante todo, ubicarla históricamente, colocarla en su tiempo y relacionarla con las condiciones históricas en que esta surgió”.

Allí hay necesidades, satisfacciones, veleidades, mezquindades o progreso. Finalmente el resultado de su actuación es lo que los políticos deben atender para responder con las normas. La política es pues, poder satisfacer o mitigar las necesidades que reflejan o exponen esas diferentes comunidades, cada tiempo.

Son las sociedades las que generan los hechos o fenómenos políticos y la política debe revisarlos, estudiarlos y procesarlos, para que finalmente a través de las normas se tomen las decisiones para el bien común. (Colombia es un estado social de Derecho,…. fundada en el respeto de la dignidad humana, artículo uno (1) Constitucional); es decir, que las normas deben ponerse al servicio del conjunto de la sociedad.

Lamentablemente la politiquería de la cual hoy se nutren muchos colombianos, no ha encontrado por muchos años la manera de minimizar los problemas sociales porque los políticos siguen enmascarando los problemas nacionales para poder seguir vendiendo la idea de que son ellos los que pronto los resolverán. Patrañas. Así es como se garantizan sus reelecciones.

Los congresistas poco o nada hacen por ese pueblo necesitado y los gobernantes actuales y anteriores también esconden o tapan o no saben o ignoran y esas frustraciones son las han provocado otro “fenómeno o hecho político” y es una rabiecita que hoy tienen todos los colombianos.

Según datos de la Policía nacional, las riñas aparecen como el mayor número de conductas contra el código de policía o convivencia.

Y esas riñas se deben a que la mayoría de los ciudadanos de a pie comunes y corrientes, quieren sacarse la rabia de millones de frustraciones de los políticos y gobernantes ya que su salud, su salario, su estudio, su empleo, su techo no han sido atendidos por un sistema donde los beneficiados son los pocos que se adueñaron del poder. Eso es lo que el pueblo necesitado ve y siente.

Y entonces cuando un agente de la autoridad reclama a un ciudadano el cumplimiento de unos deberes, ese ciudadano recuerda que le exigen más obligaciones y recuerda todo lo que le han robado, mentido, incumplido, negado y estalla contra unos civiles vestidos de policía para expresar su inconformidad y rabia.

Estamos en un momento de dificultades.

El policía es un ser humano que muchas veces expone su vida por salvar a personajes, algunos de ellos muy bandidos, mientras él no duerme, no come, desampara a su familia y además está mal remunerado. Ese policía también siente rabia.

No justifico el proceder policial contra un señor indefenso en ese momento, al que según los datos oficiales, murió por golpes de policías. Eso es muy condenable. Se pide condena y cárcel.

Pero el policía como representante de la autoridad está aburrido de aguantar con ese sueldo miserable todas las ofensas y ya no quiere que le griten ni quiere que le pasen por encima. Hoy gana más un vendedor informal y un vigilante de carros.

A todos los policías les pagan mal, sin importar el grado.

El policía raso o patrullero y el de carrera, se ha aguantado más de quince años esperando que las normas en Colombia le hagan un ascenso, para ganarse doscientos mil pesos más. Eso es infame, pero en este país sucede.

Un fallo del Consejo de Estado les permitió pensionarse al cumplir 20 años de aguante en una entidad cuyos jefes, presidente de la república y director nacional de la entidad, solo se ocupan de los generales, mientras los coroneles y suboficiales y rasos salen a comerse los excrementos. Y esa decisión del Consejo de Estado casi desocupa las estaciones de policía porque muchos agentes salieron corriendo para la calle, pues no se van a hacer matar por un sueldo de hambre. Tienen razón. Y lógico, los que se fueron no han sido reemplazados, en los CAI´s quedaron muy pocos agentes sacrificándose también por nada, doblando el turno de quienes renunciaron, ahora descansan menos y trabajan más en un país con más delincuentes y organizados, y los de arriba exigiendo resultados; de lo contrario los sancionan.

Por eso la policía de hoy actúa a veces con rabia, como esta maldita actuación que ya describimos, porque le ordenan mantener un orden público en el que nadie se solidariza con ellos. Súmele la Procuraduría y súmele la investigación disciplinaria de la institución.

Y entonces, ¿qué esperamos?.

Esperamos ver concentraciones públicas de personas dispuestas a darle palos y tirarle piedras a estaciones contra oficiales, suboficiales y policías que el mismo Estado humilla con ese maltrato a la dignidad humana de ellos, quienes son los que finalmente ponen el pecho a la rabia y al desfogue de una multitud que no sabe protestar de otra manera.

No se ven los generales en esas protestas en la primera línea de defensa, como tampoco se les ve pidiendo mejoras salariales para sus subordinados.

Mientras tanto el país nacional tiene rabia.

Ojalá esa rabia no se vuelva otra peste.

La pandemia del coronavirus dicen que puede ser controlada en un año.

La mejor medicina contra la peste de rabia que hace años sufre este país sería la educación, empleo, salarios, salud y seguridad; ese día terminará esta rabia que ataca diariamente y que la policía de Colombia tiene que sufrir y soportar.

Mientras el Estado no le ayude a la sociedad favorablemente, no esperen que sea la policía la que recibiendo piedras, palos y olvidos gubernamentales, salga a evitar las frustraciones que los políticos de profesión, los congresistas y los gobernantes cultivaron en el país hace años y a diario.

Las autoridades para curar esa rabia social, deben ponerse en sintonía con la realidad. No culpen a la policía por eso.

Son los politiqueros de profesión, los congresistas y los gobernantes quienes tienen a los policías y a los ciudadanos frustrados y cargados de rabia.

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