• MARTES,  27 OCTUBRE DE 2020

Cultura  |  27 septiembre de 2020  |  12:00 AM |  Escrito por: Edición web

XI. NOTAS DE LA PESTE

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LA PORTENTOSA VOZ

Enrique Barros Vélez

Al mediodía unas inesperadas notas de guitarra rompieron el prolongado silencio de la tarde. Un señor bastante maduro interpretaba un conocido bambuco, parado frente al edificio. Era un hombre grueso, con una prominente barriga que le colgaba por encima de la correa. Podría tener unos 80 años y vestía con discreta elegancia: camisa blanca, pantalones de dacrón y zapatos de cuero negro. En su espalda colgaba un incómodo y amplio morral. Su cabello blanco resplandeciente era ensortijado y abundante y en su rostro oscurecido por el sol se destacaban unas gruesas gafas de carey. Su voz era preciosa, fuerte y gruesa. Tan imponente, que ni él ni su guitarra necesitaron de un micrófono para propagar sus bellas melodías. Él y su guitarra conformaban un equipo prodigioso que animaba la calle con sus diestros punteos y su voz profunda y romántica. El hombre tan solo giraba su cuerpo hacia un lado y luego hacia el otro, como un ventilador de piso. Pronto se vio recompensado con una nutrida asistencia en los balcones que, cada tanto, lo aplaudían y le enviaban algunos billetes que le eran entregados en sus propias manos. Entonces no tenía inconveniente en suspender abruptamente sus toques de cuerda, y el canto, para recibirlos y después de agradecerlo en voz alta proseguir en el punto exacto, y con la entonación que llevaba, la interpretación que momentos antes había suspendido. La majestuosidad de su canto era muy oportuna pues, de momento, pudimos olvidar nuestros miedos, nuestros profundos malestares por la pandemia. Nos ayudó a olvidar que en el departamento a principios de septiembre teníamos 1.731 casos positivos, 54 de ellos con desenlace fatal. Y que en el sector sanitario casi un centenar se encuentran infectados. Pero también pudo mostrarnos la realidad de muchas personas que viven en las mismas condiciones de él, ya que la pandemia, además del contagio, también ha causado mucho desempleo, pobreza y hambre. El Programa Mundial de Alimentos estima que en 2019 había 149 millones de personas que sufrían hambrunas críticas y que éstas probablemente se incrementarán a los 270 millones antes de que acabe este año; que el 82% del incremento tendrá su origen en la pandemia. Esto significa que antes de finalizar el año en el planeta podrían morir de hambre entre 6.000 y 12.000 personas al día, a causa de los impactos sociales y económicos de la pandemia. Entonces es probable que el número de muertes diarias por hambre supere a las causadas por la enfermedad.

A diferencia de los otros músicos que han frecuentado el sector durante la pandemia, éste, en los cortos recesos de su presentación, extendía sus brazos, animado, consultando las preferencias de sus oyentes. Conocía todo el repertorio que le fue solicitado. Parecía ser un músico profesional. Además de alegre poseía un don especial para involucrarse con su público. En poco tiempo generó un ambiente de complicidad que muy pocas veces se logra, aun entre vecinos.

Después de esos breves paréntesis proseguía con su presentación, impregnando el ambiente con sus melancólicos aires de romanticismo. Luego, cuando consideró que su presentación había sido suficiente, pues su repertorio fue muy extenso, se acomodó las tiras que sostenían su guitarra, su mochila, se pasó varias veces una peineta por su ensortijada cabellera, dio media vuelta y emprendió una inesperada retirada. Sin agradecer, ni despedirse de su público. Se fue de la misma forma en que había llegado: discreta y sorpresivamente…

Enrique Barros Vélez. Septiembre 7 de 2020.

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