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Columnistas  |  28 septiembre de 2020  |  12:00 AM |  Escrito por: Carlos Alberto Agudelo Arcila

PICASSO

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Carlos Alberto Agudelo Arcila

Por: Carlos Alberto Agudelo Arcila

EL TIEMPO se inclina contra la raya de mar se desanuda el paralelo entre el azul y el incoloro altera la mirada del caracol en el infierno de la sal las horas persiguen la lluvia que dos mujeres piensan en la tarde sin fin el chocolate está sin sembrar el frío se desliza por el papel que un analfabeta percibe todo cae en el fondo de la gota un hombre inteligente deja de sudar miles de barcos navegan los marineros bajan van a la taberna hermosas doncellas abren el portal de su libidinosidad incitan a beber desde la expedición botánica hasta el instante en que la octava bomba atómica cayó en el ojo de la ceguera la diversión está a la orden de todos los gustos eunucos desatan el odio del machista al exhibir el cubismo de sus órganos genitales Picasso que llegó con esta invasión pinta en la boca de aquellos seres resentidos el don de la sigilo donde la metamorfosis de un toro en vaca les ordeña la leche de su hombría todo sigue sucediendo de una manera grácil un zancudo eleva anclas se dirige hasta el reino de la sangre pinza su aguijón contra la primera menstruación de ella toma un poco de su azul se convierte en mosco poeta verde como la tarde verde trova de árbol en árbol su nueva vida chupa la savia los tallos raen con el áspero de la noche del día este acontecer endemoniado el sembrado a la vera de las raíces danzan como viento que en luna el transcurrir del hormiguero luego se encarna el silencio en un silencio nunca antes visto más allá de los sucesos se divisa un monasterio la paz esté con vosotros exhala el mutismo al mutismo que se dirige a la plaza de la soledad un hombre solo situado en su centro le dialoga a una piedra que con su cara de piedra escucha la tristeza Dios se apiade de mí escucho solo escucho a nadie observo mientras la bicicleta sin quien la monte pasa a prisa hasta desvanecerse en la niebla más allá de mi destino tres niños pasan colgados del calzado que un hombre transita para su diario vivir el holocausto será hoy a la hora del surco florecido el horno está listo ni un judío ha de morir en su reemplazo tendremos musarañas y unos cuantos millones de seres humanos imposible de reconocer nada puede asombrarnos la justicia espanta Dios espanta el gato que come la brea espanta el perfil del cordero espanta el elemento aún sin fraguar espanta falta uno lo sé no conozco su color si existe ni su textura si la posee ni su forma si se dimensiona ni su aroma si lo tiene ni su sabor si lo emite aseguro que falta lo digo porque lo extraño así no haya sido parte de mí su ausencia lesiona mis sentidos en la península de los misterios saben de él es hermoso me lo comunica la consustancial de su índole su cariz me acomete desde que yo estaba en el ovulo de mi padre me hurgaba el alma cuando él se masturbaba aún no se escucha oscilación alguna Picasso gira sus sentidos a la derecha cuando saca de la uña izquierda el azul que en un descuido se derrama mientras la mujer frente al espejo observa como el viejo guitarrista ciego descuelga del azul la lánguida silueta de su pronta muerte Picasso sangra ¿Por qué a la una? Picasso a diario se desvela ¿Por qué no en un futuro? Picasso Picasso Picasso Picasso Picasso nadie contesta Picasso Picasso Picasso Picasso la puerta cae un aire de barniz asombra la noche a la mujer que llora el autorretrato le proporciona silencio Picasso Picasso Picasso Picasso Picasso Picasso Picasso Llueve Pablo llueve llueve Pablo Pablo llueve llueve La sombra se arrastra se desvanece alguien ríe.

Capítulo de la novela surrealista

MARTES DE NUNCA LLEGAR

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