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Región  |  04 octubre de 2020  |  12:00 AM |  Escrito por: Edición web

Anotaciones del diario de Humboldt en su paso por el camino del Quindío, en octubre de 1801

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Por Álvaro Hernando Camargo

Con motivo de la conmemoración en el presente mes de octubre de los 219 años del paso de Humboldt por el camino del Quindío, es preciso referir algunos aspectos descritos en sus anotaciones de su diario donde relata este suceso.

Humboldt decía que más adverso eran los preparativos que el viaje. La predisposición de los españoles y criollos de convertir los aspectos más habituales en algo extraordinario y monstruoso, y el interés de describir el camino como excesivamente largo y peligroso, situación presentada en interminables consejos, tales como dejarse cargar, montar en las mulas, llevar carpa para acampar, cargar hojas de bijao para el rancho, porque la carpa mojada pesa mucho, etc.

Actos ceremoniales de los arrieros que empacaban y re empacaban las petacas (así llaman las maletas americanas de viaje, una especie de caja de cuero) varias veces para verificar que las 2 que se cargaban sobre el lomo de las acémilas poseyeran igual peso.

Consideraba esta situación como un ceremonial inoficioso, y anota que se aprendía más fácilmente a bailar bolero, hablar groseramente, que pasar el Quindío. Referencia intrascendente para Humboldt que estaba acostumbrado a caminar en un día de 6-9 leguas a pie, vadeando ríos y permaneciendo meses en las selvas, por lo que entendió que el viaje no tenía nada de sorprendente como se lo ilustraron.

Descripción de puntos en el camino

Para este caso, describe puntos del camino en las laderas oriental y occidental de la cordillera de los Andes del Quindío, registra Humboldt las rancherías, tambos y/o puntos, tales como: La Palmilla, Buenavista, Moral, quebradas Azufral y Aguas Calientes, Toche, Cruces (donde se erigió una plancha de micacita, muy curiosa y bonita, orientada de oeste a este como recuerdo de que allí celebró misa el arzobispo de Popayán), gallegos, Boquía y Portachuelo.

Describe el camino como una galería cónica y profunda, donde el equipaje rozaba con las paredes. La profundidad de esas angosturas las calculó de 20-30 pies, delineado en un terreno de serpenteantes vueltas. Las paredes estaban cubiertas de musgo que le sirvieron para agarrarse cuando se camina por los pequeños tabiques, lo cuales quedaban entre los camellones formados por el paso de los animales. Caminando por estas formaciones, se tambalea a derecha e izquierda y había que apoyarse en los barrancos. Camellones que describe de un pie de ancho y siempre 12-14 pies de profundidad, llenos de lodo negro, separados por diques de 2 pulgadas de espesor:, y cuando el pie no daba con el dique y causa de las fuertes lluvias (como ocurrió en los últimos días en el Quindío), el dique se inundaba y se confundía un hueco con el otro, y si fallaba, al colocar el pie, se llenaba el calzado con agua, y algo más grave, el peligro de quebrarse el pie al caer a estas fosas.

En el punto de Portachuelo (Filandia), refiere su marcha por pantanos y lagunetas, puntualmente como si se pasara en un corral lleno de estiércol. Un lodo negro y liquido en el boscaje de guaduas casi siempre es d 2 pies de profundad y peligroso por las púas del Arundo Bambos (descripción de Bambusa vulgaris fue realizada por Linneo), y de la espinosa Vaginae Deciduae, los que lastimaron sus pies. Igual, refiere con admiración el modo de paso de los cargueros por este punto, quienes pasaban esos pantanos de guadua muy habilidosamente, sobre delgados juncos sin resbalarse.

Cuando el camino se tornaba más difícil a causa de los incesantes aguaceros, en vez de mulas se utilizan bueyes, a los que se entrenaba desde su juventud para que cargaran; en el lodo aguantaban más que las mulas. Si no podían pasar ni siquiera los bueyes, se utilizaban sólo cargueros. Los hombres conseguían ser más hábiles y resistentes en estos caminos.

Reseña el intenso tránsito por el camino del Quindío

Contrario a muchas descripciones al respecto, describe un intenso tráfico en la cordillera. A cada momento se encontró con mulas, bueyes, silleros, comerciantes de Popayán, Buga, e incluso de Pasto, que viajaban a Honda, Mompós y Santa Fe, a comprar ropa (así llamaban a toda clase de telas para la confección de vestidos). Para este transporte, muchas veces se necesitaban hasta sesenta cargueros, También cuenta el trasporte del tabaco y sal a la provincia de Popayán.

Humboldt pasó el Quindío acompañado de 5 cargueros para instrumentos de precisión; barómetro, higrómetro, y 12 bueyes y mulas. Para el camino los peones tienen una carpa de lienzo, de tal manera que formaban en el bosque una especie de campamento. En la selva se encuentra casi cada 2 – 3 horas lugares desprovistos de árboles, abiertos a hachazos, los que se llamaban rancherías o contaderos.

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