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Columnistas  |  17 octubre de 2020  |  12:01 AM |  Escrito por: Jhoan Felipe López Castillo

¡VIVA LA MINGA SOCIAL Y COMUNITARIA DEL SUR OCCIDENTE COLOMBIANO!

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Jhoan Felipe López Castillo

Por Jhoan Felipe López

El grito por la vida y el caminar la palabra de los pueblos indígenas, campesinos, negros, afros, estudiantes, sindicatos, destechados y luchadores/as por los derechos humanos del sur occidente colombiano se escuchó en el Quindío. Este llamamiento a la defensa de la vida, del territorio, a la defensa de la democracia y de la paz, hizo eco en la conciencia, en el corazón y en el cuerpo de todas/os aquellos/as que nos oponemos a la barbarie que ha promovido históricamente el estado colombiano y que está siendo profundizada por el actual gobierno del Centro Democrático.

Dicha resonancia, por supuesto, nos recuerda los efectos devastadores que ha producido la política extractivista, corrupta y criminal del Estado y del Gobierno en nuestro territorio. Así pues, surge la siguiente pregunta: ¿Estaremos a la altura en el Quindío del momento histórico que se nos presenta?

La semilla ya está sembrada, lo hicieron los pueblos Pijaos de este territorio, también lo hizo el movimiento ambiental quindiano y hoy lo sigue haciendo el valeroso llamado de la Minga social y comunitaria del sur occidente que, con toda la contundencia, experiencia y sabiduría, lo declaró el jueves pasado en la plaza de Bolívar. Así pues, germina una nueva etapa que avanza hacia la búsqueda de un nuevo modelo de sociedad y de estado, que teje esperanza y junta rebeldías entre generaciones de jóvenes, adultos, ancianos, niñas y niños.

Sin embargo, habitamos un territorio que al igual que otros en Colombia, son priorizados para la inversión de multinacionales extractivas y de grandes capitales –especialmente monocultivos, centrales hidroeléctricas y turismo- pero olvidadas para los derechos. También, hacemos parte de los territorios en donde se vive la imposición de los armados, la criminal corrupción, la negación de los derechos, el empobrecimiento de las personas y las comunidades. En consecuencia, debemos ser parte de los cambios y aportar nuestros esfuerzos colectivos para lograrlos.

Así pues, y desde las montañas del Cauca, en sus chivas cargadas de fuerza, resistencia, papa guata, dignidad, zanahorias, banderas, cebolla cabezona, sonrisas, tambores, flautas, kenas, bastones de mando, cámaras, remedio, y mucha, pero mucha dignidad, las y los mingueros nos hacen un llamado a la juntanza y nos proponen una lucha por los derechos. ¿Cuáles?

Primero, el derecho a la vida. Ante el contexto de masacres, genocidios, etnocidios, feminicidios, garantías para la vida. Ante la reorganización y control en los territorios por parte de grupos sucesores del paramilitarismo, su reconocimiento y desmonte. Ante la doctrina militar de seguridad basada en el enemigo interno, una reforma hacia una política de seguridad para la paz.

Segundo, el derecho al territorio. Implementación de la Reforma Rural Integral, lucha contra la política extractivista que atenta contra los territorios de las poblaciones locales y una territorialidad -urbana y rural- democrática.

Tercero, el derecho a la democracia. Garantías para la protesta social, para la participación social y política y cumplimiento de los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales. Respeto y no modificación de la consulta previa para comunidades indígenas y afrocolombianas, raizales y palenqueras y reconocimiento al campesinado como sujeto de derechos. Respeto a la movilización social y garantías para la misma. Respeto a las decisiones judiciales por parte de ejecutivo.

Cuarto, el derecho a la paz. Desmilitarización territorial y social, cumplimientos de los acuerdos con las organizaciones sociales, implementación de los Acuerdos de Paz de la Habana, continuidad de los diálogos con el ELN y reconocimiento a los procesos de diálogo humanitario y pactos de paz regionales.

Así las cosas, el debate lo vuelven abrir las comunidades del suroccidente, sin embargo, lo tenemos que secundar en todos los rincones de Colombia. Por ello, amigas/os, compañeros/as, vecinos/as del Quindío, es ahora o ahora, de nosotros depende el cambio.

Por ello y en medio del desespero por la pobreza que se profundiza en nuestras familias, por el desempleo y precarización de la vida que hoy como nunca antes asesina a mujeres y hombres, en medio de las balas que no cesan en nuestros barrios, en medio de los asesinatos, desapariciones, feminicidios, en medio de la más putrefacta corrupción, semillas de dignidad por montones tendremos que germinar.

Los proyectos extractivistas del estado colombiano, su política minero energética, su doctrina militar del enemigo interno, su dictadura civil que hoy se entroniza en el actual gobierno, su régimen paramilitar y fascista que se reorganiza en los territorios y extermina sistemáticamente a los pueblos, caerá. No pasarán.

Y por ello, en el Quindío también somos mingueras y mingueros y trabajaremos y nos organizaremos para que nuestra respuesta esté a la altura de semejante gesta. Nuestra respuesta debe ser la organización, la unidad y la disputa democrática de espacios políticos que nos permitan construir otro territorio posible.

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